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Mostrando entradas de abril, 2010

El globo, los ovnis y los extraterrestres

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H arry Marcus nos comenta que en los años sesenta, en la ciudad de Cochabamba, aparecieron unos objetos luminosos en el cielo nocturno, y estos fueron confundidos con Ovnis. Marcus nos dice que: "Adjunto EL GLOBO, un cuento ambientado en Cochabamba, donde he intercalado lo fantástico con lo real. Los diálogos son ficticios, pero el hecho en sí es una parte de mi biografía de hace 48 años. No sé si alguna vez has oído hablar de los "platillos voladores en Cochabamba". Ocurre que junto con mis primos, hermanos y un grupo de amigos, empezamos a realizar diversos experimentos aerostáticos, hasta que el 17 de septiembre de 1962 aparece en "EL MUNDO" de los lunes el titular "¿Platillo volador en Cochabamba? Al ver las descripciones que venían en los artículos, nos dimos cuenta de que se referían a nuestros aerostatos nocturnos. Como no teníamos intención de asustar a  nadie, y para evitar mayor alarma, fui a la redacción a fin de aclarar el asunto. Pronto acudie...

LA INVASION DE LOS SERES SALIDOS DE LA NO EXISTENCIA, de Rolando Albornoz

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“La invasion de los seres salidos de la no existencia” (2010), de Rolando Albornoz, es un relato fantástico-surrealista que trata de la aparición de seres de la dimensión que el autor llama de “no existencia” y que plasman su vida en objetos y sujetos en el plano de la “existencia”. Esta invasión provoca en el mundo concreto la efervescencia de sentimientos y pensamientos encontrados de humanos que viven entre la “oscuridad” y la “luz”. Los seres de la "no existencia" rompen la lógica cotidiana de los seres humanos, desestructurando su forma de ver la propia existencia. Percibo que con ese mundo fantástico y surrealista emergente, Rolando Albornoz pretende mostrar la relatividad de la existencia temporal y atemporal. REFERENCIA Albornoz Rolando (2010). La invasión de los seres salidos de la no existencia . La Paz: Editorial Una Llama en el Infierno.

La segunda piel

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Algunos amigos, después de su muerte, concluyeron que estaba loco. ¡Qué apresurados! ¡Juzgar de esa manera a una persona que apenas se conoce! Me admira cómo gente con tanta información y supuesta capacidad para interpretar los hechos ha podido llegar a esa definición en forma tan ligera. Me parece estar observando su mirada inteligente, siempre atenta a todo lo que se mencionaba. Curiosamente lo recuerdo en silencio, mientras bebía con premura uno tras otro sus infaltables vasos de agua natural que él mismo se proveía desde una de sus alforjas de compras. Daba la impresión de cierto sufrimiento que yo atribuía a su soledad, y en las contadas oportunidades en que pudimos conversar Antonio Toro se me reveló hombre de una gran imaginación. Sus ensoñaciones estaban dirigidas hacia el futuro como si quisiera escudriñar con un ojo adicional las cosas que se sucederán al paso de los años. No se vaya a creer que Antonio haya sido un escritor. No lo era, acaso porque no le quedaba tiempo en ca...

Ilium/Olympus

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Dan Simmons fue profesor de colegio y sus libros tienen algo de aquello que los grandes profesores son capaces: hacernos interesar por los temas que tocan, desear ir por nuestra propia cuenta a descubrir más y a profundizar aquello que nos ha mostrado. Su libro Hyperión hacía eso con Keats y Chaucer, su novela Terror lo lograba con la conquista del polo norte y del paso del Noroeste y ahora su obra Illium/Olympus lo logra nuevamente. La formula se parece un tanto a la de Hyperión, aunque aquí esto no es una queja. Tomar un par de referencias literarias y estrellarlas con fuerza con un corpus de ciencia ficción que las devore y asimile resultando una obra completamente diferente. Después de eso sólo son necesarios unos cuantos personajes atractivos, una trama rebuscada y global y unas cuantas ideas más extraídas de otros tantos teóricos, filósofos y escritores. La narración puede dividirse en tres historias que terminarán uniéndose en la segunda parte (Olympus). D...

Una vergüenza

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C uando llegó la Muerte, el hombre se puso de todos los colores para finalmente quedarse pálido. No me lleve, no me lleve, por favor, gemía arrodillado a los pies de su cama, llorando o bien tenaz y quedo como un niño, o bien de forma teatral como una plañidera, dando sacudidas de pecho y tosiendo entre las plegarias y el llanto. La Muerte se cuidó de tocar al hombre, haciendo durar –un minuto más, un minuto menos, qué importa si la lista es larga y agotadora, pensó– el placer, insospechadamente poderoso, que le producía aquella inesperada victoria sobre la raza humana. Por supuesto, había conocido cobardes, pero cobardes dóciles, que se quedaban de piedra apenas su funesta sombra se alargaba sobre ellos. También había conocido moribundos teatrales, pero siempre resignados, que soltaban sentencias a último minuto como profunda aceptación de su destino. Así, se quedaba siempre con un regusto amargo, un vacío entre los huesos cada vez más desportillados, una sensación de frío que parecía...