Mítico Verne será analizado en la Habana

Fuente*

El mítico escritor francés de ciencia ficción Julio Verne (1828-1905) cruzará el Atlántico hasta La Habana, la primera ciudad latinoamericana que acogerá, del 28 al 30 de junio, un evento internacional donde se reunirán expertos y entusiastas de la obra verniana, procedentes de unos ocho países.

"Los viajes extraordinarios de Julio Verne" será el tema principal del II Congreso Internacional Verniano, dedicado al autor, el segundo más traducido de la historia después de Agatha Christie, señala un comunicado remitido a Efe por la Sociedad Hispánica Jules Verne, organizadora del evento.

La Casa Víctor Hugo, en La Habana Vieja, será la sede de la cita, que incluye conferencias magistrales, debates sobre la vida y la obra del escritor y la proyección de películas basadas en su obra, entre las que resaltan "De la Tierra a Luna" (1902) y "Viaje a través de lo imposible" (1904), de George Méliès.

También se presentarán novedades editoriales como "La corriente del Golfo", un libro "olvidado" de Juan Manuel Planas, apodado "el Verne cubano" y del que verá la luz una edición conmemorativa casi 100 años después de su primera publicación.

Los asistentes al congreso podrán comprar además "El marqués de los Tilos y otros cuentos", un volumen de relatos de Verne inéditos hasta el momento en Cuba y traducidos del francés al español por Ariel Pérez Rodríguez, presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne.

El foro cuenta con el respaldo del Instituto Cubano del Libro, las embajadas de Francia y España en Cuba, la Alianza Francesa, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe, entre otras instituciones.

Verne, considerado el iniciador de las novelas de ciencia ficción, escribió obras de viajes y expuso a fines del siglo XIX, regiones ignotas para Europa.

LA INFLUENCIA DE JULIO VERNE

Jules Gabriel Verne, conocido en los países hispanohablantes como Julio Verne (Nantes, 8 de febrero de 1828 - Amiens, 24 de marzo de 1905), fue un escritor, poeta y dramaturgo francés célebre por sus novelas de aventuras y por su profunda influencia en el género literario de la ciencia ficción. Es uno de los escritores más importantes de Francia y de toda Europa gracias a la evidente influencia de sus libros en la literatura vanguardista y el surrealismo. Novelas como "De la Tierra a la Luna" y "20 mil leguas de viaje submarino", anticiparon el futuro.

*Recuperado de: http://www.lostiempos.com/actualidad/cultura/20170621/mitico-verne-sera-analizado-habana

Ana Triveño presenta su libro Literarte

Ana Triveño presenta "Literarte"

Lecturas, Los Tiempos*
  

La joven escritora Ana Triveño lanza su octavo libro para el deleite de su ya extenso público lector. Esta vez se trata de un libro de cuentos que titula “Literarte”.
Triveño respondió algunas preguntas para Los Tiempos sobre su nueva obra y proyectos futuros.

¿Cómo comenzó este proyecto?
—Es la octava producción, es mi primer libro de cuentos; algunos escritos en colegio, otros este mismo año. El nexo que los une es la opción por los finales inesperados; tengo un par que son fantásticos, pero igualmente tienen ese giro al final en que se da la incógnita.

¿Hay un propósito o hilo conductor?
—Este libro es más que todo mi inquietud de comunicarme. Además, el año pasado no publiqué, entonces también ha sido como una llamada para decir que sigo aquí.
Por otro lado, como vengo trabajando con mi tercer libro de la trilogía “Devorador de almas” que se publicará a finales de este año, este libro de cuentos es como un adelanto.

¿Hay una trama específica que haga el conjunto?
—Más que todo, aparte de los finales inesperados, me interesa mucho explorar el lado secreto de las personas. Hay cuentos de esquizofrénicos por ejemplo, de lesbianas, de asesinos, entre otros, desde ese punto de vista oscuro; pero también está el otro lado. 
Porque si bien la literatura puede llevarte a lugares oscuros y rincones locos, siempre te tiene que traer de nuevo a la luz; entonces también tiene historias que más bien inspiran a dar lo mejor de sí mismos, a perseguir nuestros sueños y el amor que es lo más importante.
Con base en todo eso es que he sacado este conjunto de cuentos y con ellos intento hacer eso, ese viaje desde la oscuridad a la luz.

—¿Cuántos libros?
—Comencé con “La luna de Apolo” en el 2009, “Cazador de sombras” en 2010, “La muerte quiere morir” en el 2012, “Sibelle para Benjamín”  en el 2013; el 2014 hice mi tesis; el 2015 publiqué “Canciones del corazón mojado” que es la primera parte de mi trilogía “Devorador de almas”; y el 2016 hice “Recuerdos del corazón perdido”, que es la segunda parte de la trilogía. 
La tercera parte que estoy preparando ya tiene público en expectativa, lo que más me costó es encajar las dos partes, pues esta saga no transcurre después  de la otra, sino que transcurren al mismo tiempo pero en diferentes perspectivas; pero las dos historias ocurren en un mismo tiempo y espacio.

*Fuente: http://www.lostiempos.com/actualidad/cultura/20170604/ana-triveno-presenta-literarte

"El primer peruano en el espacio" de Daniel Salvo






Reseña de Libro: El Primer Peruano en el Espacio de Daniel Salvo
Tanya Tynjala*
El cuento “El Primer Peruano en el Espacio” es un clásico de la ciencia ficción peruana. Hace ya mucho tiempo que circula en forma de e-book y ha sido incluido en el Apex Book of World SF 2, editado por Lavie Tidhar. Ediciones Altazor lo ha publicado en papel, junto con otros cuentos de este talentoso escritor y difusor de la ciencia ficción peruana.

En este libro encontramos temas recurrentes de la ciencia ficción, pero enfocados desde la perspectiva latinoamericana, siendo así innovador. Por otro lado realiza muchas referencias a las culturas prehispánicas, pero no en concordancia con esas corrientes “New Age”, que insisten en el carácter extraterrestre de dichas culturas. En ese aspecto Daniel hace un trabajo muy cercano al que J.H. Rosni Âiné realizó con la prehistoria, es decir reelaborar mitos y así dar a entender la existencia de una tecnología perdida para el presente. Esto se aprecia claramente en el último cuento llamado “Quipucamayoc”, en donde el personaje principal para vengar a su pueblo de la tiranía del imperio Inca, se vuelve experto en quipus (sistema mnemotécnico mediante cuerdas de lana o algodón y nudos de uno o varios colores desarrollado por las civilizaciones andinas), para así poder contaminar el mensaje de los mismos y hacer caer el sistema de contabilidad del imperio, en otras palabras nos encontramos ante uno de los primeros Hakers de la historia. Curiosamente el antropólogo Gary Urton de la Universidad de Harvard, ha comparado los quipus incas como sistema contable con el código ASCI de las computadoras. Es decir que Daniel en vez de apelar al manido estereotipo del origen extraterrestre de las culturas precolombinas, nos plantea algo mucho más interesante y verosímil: ¿Y qué tal si simplemente ellos conocían una tecnología que nosotros ya no somos capaces de entender? ¿O es que somos pueblos tan tontos que la única explicación posible ante un avance científico por parte de nuestros antepasados es el de fuera?

Interesante es notar también que el primer cuento, que da nombre al libro, empieza en el futuro y el último nos regresa a la tierra durante el imperio incaico y entre ellos encontramos cuentos que muchas veces entrelazan la ciencia ficción con el terror y, como dice el comentario en la contratapa, en donde los monstruos también se llaman racismo, corrupción y decadencia. El mensaje político de los textos es bastante obvio, sin ser panfletario. Como todo escritor que se respeta, Daniel Salvo confía en la inteligencia de sus lectores para sacar sus propias conclusiones.

En muchas historias hay una relación macro/micro interesante, que hace reflexionar al ponerse literalmente en la piel del otro. Es lo que sucede con la primera historia, en donde el racismo cobra matices interestelares que de alguna forma son un espejo a la actitud paternalista de países autodenominados “desarrollados” frente a “culturas inferiores”. Al remplazar al grupo de poder con extraterrestres e imitar el discurso “culturizador” y protector se aprecia mejor lo absurdo de la situación.

Esta situación absurda se aprecia también en el cuento “El Arca”, en donde gente rica propone a otros menos afortunados la gran oportunidad de salvarse de una hecatombe mundial. Poco importa que esa oportunidad signifique casi la esclavitud, los ricos presentan la propuesta como un gran favor realizado por generosidad.

Por otro lado un cuento que expresa bien la relación macro/micro es “El día que pasaron las naves”, en donde curiosamente la llegada de las naves no afecta para nada la vida de ese país, preocupado más bien por evitar un fraude electoral. Y eso me hizo pensar en cuánto afectará en realidad una elección a un nativo de la Amazonía. Supongo que nada, que él seguirá con su vida igual que siempre, sin pensar en qué lado de la frontera se encuentra pescando para su familia. Y es que en todos los niveles se comete el error de querer pensar por el otro. Es la soberbia que nos causa pertenecer a la civilización. En “Clase de Historia” los intelectuales de ese mundo hipertecnificado se convierten en marginales, dispuestos a todo por sobrevivir. En “La rueda del progreso”, poco importa al personaje principal si el supuesto progreso esconde la más terrible opresión. Sin embargo en “El agua”, el personaje principal, gracias a su hijo, comprende que quizá la solución para escapar de una espantosa realidad postapocalíptica no radica en esperar a un supuesto salvador externo, sino en confiar en nuestras capacidades y no olvidar nuestros conocimientos pasados. Así pues civilizado es quien sabe adaptarse a su entorno y sacarle partido y no quien pertenece al grupo de poder.

Otros dos cuentos que nos cuestiona profundamente el significado de la civilización son El refugio, en donde la utopía se transforma en una terrible decepción con matices racistas y La máscara del fin del mundo, la que inclusive nos plantea la posibilidad de no ser la inteligencia superior en la tierra. Este cuento nos presenta además un homenaje a Edgar Allan Poe.

El homenaje a escritores claves para Daniel Salvo es otra característica de este libro. Así pues “La máscara del fin del mundo” hace referencia directa a Poe, “El nombre no es lo importante” a Isaac Asimov, “Necronomicrón Peruvianis” a José Adolph y evidentemente a H.P. Lovecraft. Hay varios otros cuentos que hacen referencia, algunas veces inclusive directa, a Lovecraft hasta el punto de poder hablar de un universo lovecratiano en la obra de Daniel Salvo. Caen en esta categoría los cuentos: “El horror en la cueva”, “El profundo”, “La bestia olvidada por el tiempo”, “La hija del mar” y “La raza perdida”. Todos ellos parecieran salidos de las mejores pesadillas de Lovecraft. Sin embargo el primero nombrado (Necronomicrón Peruvianis) sobresale del grupo pues se trata además de un cuento con una buena dosis de humor. Y es que si bien la mayoría de los cuentos en este libro dejan una desagradable sensación de angustia luego de leerlos, no impide que algunos nos hagan más bien sonreír, aunque en ciertos casos es la sonrisa malévola de quien disfruta de la desgracia ajena. En “El Arca”, la absurda buena voluntad del rico se ve reforzada por una técnica cómica clásica como es la repetición. Y es que la oferta de salvar la vida se extiende también a los miembros de la familia aunque por motivos de espacio, ésta se limite a no más de tres persona, frase que se repite constantemente durante el cuento, provocando una sonrisa cada vez. En el cuento de viaje temporal “El escritor más famoso del mundo”, un hombre es asediado por sus futuros seguidores, hasta en lugares que él cree privados. “En la donación”, se critica veladamente la burocracia latinoamericana que es capaz de arreglar cualquier situación extraña con tal de poder embolsillarse donaciones hasta del mismo diablo (y esto dicho literalmente). Y en “El amante de Irene” y “La poción”, Daniel Salvo nos explica la diferencia entre sexo y género de formas tragicómicas.

Es sin embargo “Necromicrón Peruvianis” quien no solo sobresale por sus homenajes y bien utilizadas referencias, sino también por sus propuestas innovadoras. Cuando los escritores del Nouveau Roman trataron de convertir al narrador y a la obra en otros personajes más, solo lograron hacer novelas sin pies ni cabeza y soberanamente aburridas. Sin embargo Daniel Salvo no solo se convierte en personaje de su historia, sino que logra hacer que el libro entre también en ella.
 

Este es un libro que recomiendo calurosamente, les aseguro que no se arrepentirán. Daniel Salvo prueba que para ser un buen escritor hay que leer mucho y por otro lado demuestra que los años de experiencia cuentan.

PS. Querido Daniel, si tu versión del Necronomicrón no tiene sello K’oppi Ra Ikt, quizá una secta llamada K’Rehati Vet’K O’mmhons te pueda ayudar.

*Fuente: http://amazingstoriesmag.com/2015/01/resena-de-libro-el-primer-peruano-en-el-espacio-de-daniel-salvo/

LA GUERRA DEL PAPEL, de Calatayud, con elementos de ciencia ficción

La Guerra del Papel de Oswaldo Calatayud, ganadora de un premio nacional de literatura en 2015, se proyecta en un ámbito ciberpunk y de distopía, lo que resalta el desarrollo de la ciencia ficción en Bolivia con una literatura que no sólo es de entretenimiento sino que provoca efectos psicoemocionales en el lector como sugiere Ricardo Bajo en su análisis. El libro fue editado por la Editorial 3600.


Cartas que Abril nunca respondió

Por: Ricardo Bajo

Corre el año 2036 y los periódicos han dejado de existir. La (decisiva) batalla del papel ha terminado con todo: libros, revistas, poemas… Los gacetilleros han anunciado un silencio hasta las últimas consecuencias que nos hará menos personas. La nostalgia por el grito será. El Gobierno ha cedido ante las potentes organizaciones ecologistas, y no hay segunda parte en este partido perdido. Los solitarios son multitud y los potenciales suicidas han regresado para ser millones. Reina una paz de robots que destroza los tímpanos. Los pelotones de gente esquivan las miradas (uno de los efectos desastrosos de los vetustos e idiotizantes “smartphones”). La ciudad está tomada por lisiados, obesos y autómatas. Es el futuro insalubre y distópico, lo llaman la era del “post-progress” que llegó tras la post-verdad. Es La guerra del papel: facsímiles de funebrero y cuerpos del futuro de Oswaldo Calatayud, y cinco personas (los miembros del jurado se llaman Martín, Gio, Magela, Mauricio y Marcelo) han dejado por escrito que es la ganadora del Premio Nacional de Novela 2016.

No leemos para estar más cerca de lo que somos, sino de lo que deberíamos (no) ser, dice en una columna el escritor pucelano Gustavo Martín Garzo. Lo he leído ayer en un periódico de papel, pastiche exótico en estos tiempos virales, artilugio que no será. Los escritores jóvenes deberían hacer algo nuevo, no por la novedad, sino porque su imaginación es (o debería ser) fértil y libertaria. Los libros sobre futuros negros están muy vistos, a menos que se escriba sobre ellos de un modo que sea nuevo. Y Calatayud lo hace: recortes de periódicos lejanos, textos mecanografiados, tachaduras, diarios, cartas secretas… No leemos para buscar lo que ya existe, leemos para no ser lo que estamos condenados a ser. Por donde quiera que vaya, Calatayud llevará consigo esta novela.

K es un viejito achacoso de 60 años; exdeportista de élite, ahora es un discapacitado y escribe epístolas a una compañera de armas, Abril Almenpena, que nunca contesta. El silencio nunca miente. Padece una enfermedad rara llamada “tílger”, que afecta a la mutación de los órganos vitales. La guerra del papel es una historia de amor con un testigo: el “nuncio” que lee labios y lleva cartas que Abril nunca contesta. Es un “futu-folletín” rosa casi oscuro, inventado para acallar los dolores misteriosos del cuerpo presente, cicatrizado y vaciado. Dicen que una persona mutilada pierde (partes) de su alma, y en 2036 todo el mundo está así: triste, solitario y final. Es una historia de soledad, páramo y muerte. Abril no responde ni una palabra y K hace velorio de su propio cuerpo. Es un escritor, como Calatayud, de ésos que espera con cuerpo ausente en las noches hambrientas (cuando escribe); no es de ésos que aguarda con velas y vino la ligereza de las musas en las madrugadas sedientas. “El cuerpo es un hematoma del alma tras el golpe de la vida”, escribe K y Abril nunca contesta. Quizás no existe. Quizás es una ficción y K (como Calatayud) sobrevive gracias a ella (y a su mentira). Por doquiera que vaya, el novelista llevará a rastras su obra.
Calatayud redacta sobre su cuarta piel que no duele, que rechaza la muerte. ¿Escribe para alguien o para todos? El ganador del último Premio Nacional tiene una extensa obra i-nédita sin publicar. Pero ahora ha entrado en el lugar mercante de las letras vanidosas donde la trata de ficciones es irreversible, donde los traficantes sin escrúpulos subastarán su post-silencio. Un libro puede dañar o persuadir. La guerra del papel causa ambos efectos: te hace daño pues sabes que la soledad no es una distancia, es un lugar abolido sin tiempo ni espacio. Y te persuade: quien no tiene tiempo para escribir, no saca tiempo para leer. Es una historia de “cosmoagonías” y otras bajezas melancólicas de personajes que rinden tributo a la ausencia.
Cuando recién nos vuelva la palabra al cuerpo, recién podremos decirnos muertos. Abril nunca responde. No existe. K ha callado en siete silencios y ya no hay periódicos en las calles para contarlo.

Fuente: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Cartas-Abril-respondio_0_2639736006.html

DENNIS MORALES, EL CRONONAUTA Y LOS INMORTALES





Autor: Gonzalo Montero Lara*
Los homínidos temblorosos espían escondidos al fondo de sus cavernas a una extraña pareja de seres humanos que descienden risueños  de un ingenio volador, para pasear alrededor,  tomados de la mano, para luego amarse con fuegos  vesánicos  en la tibias arenas de la playa de un mar azul esmeralda, contemplando en el rellano el plenilunio, para luego simplemente desaparecer ante la mirada azorada de los homínidos quienes dejaran un testimonio del este pintado en las rocas  de su morada.

La inmortalidad y los viajes en el tiempo son aparentes mitos que han quitado el sueño a gran parte de la humanidad y por supuesto, a una legión de científicos, religiosos escritores, quienes han tratado de descorrer el misterioso velo escondido detrás de la muerte. Es probable que ya se haya resuelto el problema en otros tiempos y espacios. Existen comunicaciones que relatan que de cuando en cuando nos visitan seres de otro tiempo, seres que resisten los mundanos efectos del tiempo. Muchos escritores de ciencia ficción han buscado mecanismos y argumentos para explicar esta posibilidad y es así que Dennis Morales Iriarte enfrenta esta paradoja, planteando una solución en sintonía con su formación científica: La inmortalidad es ororgada al sujeto infectado por un rotavirus que trastorna los códigos genéticos de la muerte programada y mejora las cualidades de la especie. Evento ocasionado,  por un “accidente” de laboratorio, como algunos sostienen que ocurrió cuando el rotavirus del VIH aislado de los monos verdes africanos , “escapó” de control de un laboratorio de experimentación de los gringos. Sugestivo hecho en estos tiempos de cólera y auge de las armas biológicas que usan con frenesí los señores de las guerras. 

Es así como Dennis Morales mira el mito: como una enfermedad trasmisible. Afección que pone al descubierto la coexistencia con seres que poseen estas condiciones y viven a nuestra sombra; algunos habitantes de las sombras signadas por la oscuridad y otras de signo contrario son seres de la luz. Como no hay puntada sin nudo, esta enfermedad es deseada  por muchos, quienes  entregarían su alma al diablo por contaminarse con este microbio de la larga vida. A ellos es bueno comunicarles que nada es gratuito en esta existencia, y que pasar a militar las filas de los inmortales y transformarse en  estos habitantes del mundo paralelo que tienen mejorados sus sensores humanos y  su inteligencia, tienen en función a sus capacidades, la posibilidad de abrir portales inter-dimensionales para viajar por el tiempo y quedar enmarañados en insólitas  paradojas de tiempo y espacio, con una línea de base inconmovible que son las emociones humanas que no varian en estos personajes con el paso del tiempo. Todo esto narrado por el   autor,  en esta  extraordinaria construcción literaria. Novela que podría ser en efecto, un documento transferido de otras dimensiones, escrita en nuestro código lingüístico que  el autor de esta fantástica transferencia titula El Ciclo de Nosferatu, obra que nos deja la vívida sensación de la posibilidad posible hecha realidad y  la precariedad  de la vida convertida en un espejismo deletéreo de la propia vida; de un tiempo circular que posibilita el trágico reencuentro con nosotros mismos, al reinicio de un nuevo ciclo de existencia.  

Dennis Morales Iriarte, biólogo, músico y escritor de ciencia ficción, entrelaza estas y otras habilidades depuradas en el alambique de una fecunda imaginación y cultivadas en una sólida formación académica,  pone ante nosotros sentidos su nuevo libro  El ciclo de Nosferatu, escrito hace 15 años según refiere, en los albores de su fecunda actividad como escritor de este género. Hiperactividad literaria, que ha logrado lanzarlo al hiperespacio de este género con  varias obras publicadas. La primera de estas; Venus Reluciente (2012), luego, Nova (2013) La Senda del Kharisiri, Adela Zamudio y la Guerra del Pacífico (2014) y Waka Kaka (2015). Ha compilado  los dos primeros volúmenes  de la Antología de Narrativa de Fantástica y Ciencia Ficción del Grupo “Supernova”, del cual en integrante y fundador. Aparece en la I Antología de Ciencia Ficción Boliviana. Las Remotas Edades,  II  Antología Virtual de Cuento, poesía y Dramaturgia. Muchos volúmenes yacen en animación suspendida en su laboratorio de papalbras, esperando su tiempo. En su actividad terrícola, pertenece también al PEN-Bolivia filial Cochabamba, es trombonista de la “Orquesta Filarmónica de Cochabamba” y la afamada  banda de “D Jazz  Big Band”. Le damos otra  bienvenida a esta dimensión humana a este caro hermano espacial y le deseamos mayores éxitos en sus futuros vuelos en el tiempo y el espacio.

*Escritor, poeta, antologador, miembro de SUPERNOVA y ESUM

Liliana Colanzi. Nuestro mundo muerto y apuntes para un perfil


Liliana Colanzi. Nuestro mundo muerto y apuntes para un perfil

Por: Martín Zelaya Sánchez*
“Tengo familiares que aseguran poder comunicarse con seres de otros mundos. Uno de ellos cuenta que lo abdujeron los extraterrestres en su infancia cuando paseaba al lado del río, otro ha visto naves espaciales descender en la selva amazónica”.
Así empezó Liliana Colanzi, hace ya varios meses, a responder un cuestionario orientado a conocerla como escritora, a indagar sobre sus motivaciones y búsquedas.
“Yo nunca he tenido contacto con platos voladores -continuó-, pero concibo la escritura como un portal hacia lo desconocido. Cuando una escribe convoca ciertas energías, y eso que está en el aire por lo general acude a tu llamado. Así que hay que tener coraje para recibir aquello que se conjura. Hay que ser paciente, porque descubrir su verdadera forma puede tomar meses o años”.
Muertos que vuelven o que nunca se fueron, videntes que se contactan con extraterrestres, sobrenaturales y ubicuas “presencias”, terroríficos caníbales sueltos. Los cuentos de Nuestro mundo muerto, su nuevo libro de cuentos que acaba de aparecer con El Cuervo, son -a tono con lo que decía entonces- un festejo de lo irreal en la realidad. (Esta es ya una entrevista actual):
– ¿Por qué tantos de tus relatos tienen presencia de fenómenos sobrenaturales? ¿Algo te lleva, te llama a escribir con estos temas… o es algo que simplemente se da?
Lo sobrenatural nos interroga acerca de la muerte, que es hacia donde nos dirigimos, y pone de manifiesto lo poco que sabemos acerca de las cuestiones fundamentales de nuestro paso por la Tierra: de dónde venimos y por qué estamos acá, qué pasa cuando morimos y cuál es la naturaleza de lo divino y de lo maligno. Me interesa también la figura del fantasma como una señal de aquello que no ha sido resuelto y que vuelve a perseguirnos y a inquietarnos.
– Por otro lado, veo un “trasfondo social”: damas de la alta sociedad cruceña, sagas de familias ricas y de terratenientes, indígenas explotados. Detecto que hay ciertas historias que quieres enunciar (¿denunciar?) adrede…
Más que una denuncia, es una respuesta al relato del mestizaje feliz que existe en Santa Cruz, a ese mito del indígena seducido por la música barroca y la bondad católica de los misioneros españoles, y que es una manera conveniente de blanquear una historia de abuso y explotación.
Muchas antiguas (y no tan antiguas) fortunas cruceñas provienen de la apropiación de tierras y del trabajo esclavo de indígenas y campesinos, lo cual no es novedoso ni aquí ni en el resto de Latinoamérica; lo particular del caso cruceño es que se utiliza la utopía de las misiones jesuíticas para no hablar de la parte sucia de nuestro modelo de progreso. En todo caso estos no son los temas de mis cuentos, pero sí su marco, el telón de fondo.

———
La narradora cruceña tiene 35 años pero aparenta varios menos. Menuda, de rasgos finos y definidos, de mirada pícara y contundente y de hablar pausado, tímido pero solvente y provocador.
No me precio de ser su amigo cercano (aún), pero sí, quizás, algo más que un conocido con quien se cruzó en al menos media docena de eventos literarios en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz. Me reconoce no solo por ser quien de cuando en cuando le inoportuna con preguntas y solicitudes de artículos (es el karma que tenemos los periodistas culturales con los escritores), y es desde esta circunstancia que emprendo este intento de acercamiento a Liliana Colanzi (que no perfil, ni mucho menos) y a su obra narrativa (que no una crítica literaria, ni mucho menos). Todo a propósito de su visita a la FIL La Paz en la que presentó su nuevo libro, y también a partir de un collage de opiniones y reflexiones que la propia escritora compartió en diferentes entrevistas -casi todas online- que me concedió en los últimos años, y de un brevísimo cuestionario que me respondió hace pocos días.

“Algunas personas dicen escribir cuentos en los descansos entre una novela y otra, o a manera de ‘soltar la mano’. A mí no me sucede. Cada uno de los cuentos de La ola (Montacerdos, 2014) me tomó varios meses de asimilar experiencias difíciles”.
Y sí, al leer y asimilar este libro -tras Vacaciones permanentes (El Cuervo, 2010)- se percibe de inmediato la intensidad en forma y fondo. Es decir, un trabajo duro y riguroso con el lenguaje, los planos narrativos y la construcción de tramas y personajes, que no puede salir de la noche a la mañana, por un lado; y, por otro, una impronta de misticismo, un original toque personal en los temas, en las historias seleccionadas, que navegan entre lo real y lo sobrenatural: muertos entre vivos, poderes extrasensoriales, seres de otros mundos, destinos predeterminados. Esta es también la atmósfera de Nuestro mundo muerto, que acaba de presentar El Cuervo, y que tiene cuatro relatos de La Ola y cuatro nuevos.
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– Tienes tres libros publicados, (¿que en realidad son dos y medio…no?) pero que muy bien podrían ser una sola colección con unidad y coherencia.
En realidad tengo dos volúmenes de cuentos (Vacaciones permanentes y Nuestro mundo muerto) y una antología, La Ola, que tiene una selección de cuentos de ambos libros, pero que salió dos años antes de Nuestro mundo muerto y por eso causa un poco de confusión.
Creo que los mundos de ambos libros son diferentes: Vacaciones permanentes es más tradicional, urbano y tiene un aire generacional (aunque no sé muy bien qué quiero decir con esto último), mientras que Nuestro mundo muerto se acerca más a la literatura de género y a algunos experimentos con las formas, y tiene búsquedas diferentes.
– ¿Hallaste tu voz literaria definitiva, más allá de que seguramente las cosas que quieras contar cambien con el paso del tiempo?
En todo caso, mi desafío es volver a dinamitar lo que he hecho hasta ahora para poder seguir explorando y haciendo cosas distintas.
——–
Si esencialmente somos la suma de nuestras experiencias, ya sabemos de qué vertientes bebió la autora en su infancia y que caminos sigue en la actualidad.
“Algo que no he contado antes es que rezo antes de escribir… rezo para olvidarme de mí, para poder sintonizar, aunque sea por un segundo, la música de las altas esferas”, comentaba en alguna de las viejas entrevistas.
Fue una vez publicado su primer libro que Colanzi se dio a conocer al grueso de los lectores como una más que prometedora escritora boliviana, latinoamericana, pero ya antes, sus inéditos tuvieron una amplia circulación entre escritores y editores. Con el “segundo” confirmó con creces las expectativas, y es por eso que se entiende la enorme atención que rodea la aparición de este “tercero”.
El éxito es claro y no hizo más que consolidarse en los últimos cinco años en los que, a la par de cursar su doctorado en literatura comparada en la Universidad de Cornell (EEUU), fue invitada a innumerables foros, encuentros, ferias y coloquios en América Latina y Europa, y, finalmente, recibió un importantísimo y augurador reconocimiento: el Premio Aura Estrada de Literatura, que le otorgaron en México en reconocimiento y estímulo a su aún breve pero fulgurante obra, en general y, en específico, a dos cuentos que ahora componen su nuevo libro: Chaco y Caníbal.
¿Qué tiene la obra de Liliana para merecer y cumplir tanta expectativa? Sebastián Antezana, otro de los destacados narradores bolivianos de su generación, sostuvo: “Colanzi es, por ahora, ante todo una escritora de cuentos. Así, es creadora de historias y personajes sólidos y bien tratados, nacidos de una compleja tradición estética, literaria y visual, en la que el papel de las imágenes es tan importante como el de cierta musicalidad que se traduce en momentos de intensa pasión por el lenguaje y crea una lógica interna que quizás no vale tanto por su situación física -la descripción de lugares- como por su naturaleza emocional, su cercanía a una cadencia que es en realidad un estado de ánimo generalizado”.
Un escritor es lo que lee. Sí, es un lugar común, lo sé, pero no por ello menos cierto. No debería ser necesario repetir los autores de cabecera de Liliana, pero lo haremos: en cada entrevista que da los enumera, nombres más, nombres menos: “Mis influencias de siempre son Fogwill, Casas, Saenz y Bolaño”; También viene bien repasar una reflexión suya sobre el libro y la lectura: “Como buen dinosaurio del siglo pasado, aprendí a leer en el libro tradicional y esa circunstancia marcó mi experiencia de lectura. Pero no tengo ninguna nostalgia por la época anterior a internet en la que los libros viajaban de manera lentísima o simplemente no viajaban (…) Cuando era chica era muy prolija con mis libros; ahora no tengo ningún problema con marcarlos, subrayarlos, escribir cosas en los márgenes. Entro a los libros como ladrona, buscando qué saquear”.
Finalmente, si de conocer un poco a Liliana escritora se trata, es fundamental intentar aproximarse antes a Liliana persona, boliviana, treintañera en los actuales contextos y coyunturas en que se desenvuelve… en este caso, como una literata migrante en EEUU. Esto fue lo que comentaba el año pasado cuando participó en una mesa de literatura y migración, también en el marco de la FIL La Paz:
“No tuve conciencia plena de lo que significaba ser boliviana o latinoamericana hasta que dejé el país. Vivir fuera de Bolivia me ayudó a volcar la mirada sobre actitudes y creencias que estaban en el aire mientras yo crecía y que nadie cuestionaba (el racismo, el clasismo, el machismo) y mirarlas con extrañeza, pero también con gran curiosidad”.
“En cierta forma, Vacaciones permanentes es un ajuste de cuentas con esa Bolivia en la que me crié y de la que me alejé en más de un sentido, y no es casual que solo haya podido escribir esos cuentos desde la distancia, y en un estado de oscilación constante entre el odio y el amor”.
“En los últimos años me he visto regresando seguido a Bolivia, no solo físicamente sino a través de la ficción, tal vez intentando entender de dónde vengo. Por el lado paterno soy descendiente de inmigrantes campesinos italianos, por el lado materno provengo de una familia beniana numerosa. Ahí, de fondo, estaba latiendo siempre lo rural: la voluntad de dejar el campo y la pobreza pero también la conciencia (y la amenaza) de llevarlos siempre a cuestas. Me interesa volver a esa tensión y ver qué es lo que se esconde ahí, llegar hasta aquello que reprimimos y dejar que hable”.
Si de terminar de trazar este esbozo de perfil se trata, ahí están muchas claves: la fuerte presencia de lo familiar, de lo rural, y del ida y vuelta de los escenarios y temas bolivianos, se explica claramente en su historia personal, sus intereses y opciones y su devenir de ya casi una década fuera de Bolivia.
Liliana Colanzi avanza, sorprende y gusta cada vez más (no hay que perderse Caníbal ni Chaco del nuevo libro) tras dos libros -o dos y medio-… recién. Adelanta que a fin de año retomará su primera novela, así que todo es cuestión de tiempo.
 
*Fuente: http://letrasietebolivia.blogspot.com/2016/09/entrevista_13.html