Neoindigenismo y literatura fantástica en "Vuelo hacia el infinito" de Iván Prado Sejas

 



Ivan Prado Sejas, nacido en Tarata (Cochabamba-Bolivia) posee un estilo literario neoindigenista, dicha corriente tiene sus inicios en los años 50 y en la época actual está cobrando cada vez más fuerza. El neoindigenismo nace a raíz de cambios en las estructuras de poder entre las clases dominantes. Esto se extiende al campo de la narrativa mostrando un intento por superar la caracterización externa del indio para comprenderlo desde su realidad, su conocimiento y su cultura.

Sin embargo, Prado, va más allá, mostrándonos el neoindigenismo dentro de un universo de ciencia ficción. Género especulativo que desarrolla hechos imaginarios y en el que la acción puede ser muy variada; desde viajes interestelares, hasta civilizaciones alienígenas.

Por lo que uno de los atractivos fundamentales de “Vuelo hacia el infinito” es el encuentro del indígena con situaciones repletas de misterio que nos hablan de la existencia de la vida extraterrestre.

El autor nos da una visión de lo cotidiano envuelta en la ficción y nos hace cuestionarnos la posibilidad de que hayamos pasado por alto situaciones en las que probablemente hayamos experimentado contacto con la vida extraterrestre. Sobre todo, teniendo en cuenta los amplios valles de Cochabamba que son protagonistas del libro.  

“Vuelo hacia el infinito” está compuesto por once cuentos, entre largos y cortos. El autor agrega notas al pie de página, para aclarar algunas situaciones al lector o en su caso ampliar algún aspecto de la historia. Cabe mencionar que en la obra hay frases y palabras que están en el idioma quechua y que para una siguiente edición sería bueno agregar la traducción en notas al pie de página, para aquellas personas que no hablan ese idioma originario.

Lo que diferencia a este libro de otros es el lenguaje provinciano que, sin duda, logra que el lector sienta que está en aquel espacio geográfico alejado de las grandes ciudades. Esto hace que la historia sea amena y sientas que estás teniendo una conversación con tu compadre o tu comadre, un domingo por la tarde, acompañado de un chicharrón y unas cuantas tutumas de chicha.

En el cuento “Borges en Tarata”, Prado nos muestra su habilidad para el manejo de la picardía y el erotismo criollo. En “Llegaron los Katari Uma” nos envuelve con una historia llena de tensión y misterio por la llegada de los reptilianos a Tarata. En “Del paraíso lo que no se dijo”, Prado desarrolla la historia de Killa e Inti, mostrándonos una asombrosa similitud con uno de los relatos más conocidos de la biblia: “Adán y Eva”; lo que nos hace pensar en la existencia de universos paralelos.   

También cabe mencionar al cuento “Moneta” en el que Prado nos lleva a reflexionar sobre los orígenes del dinero y cómo este despierta una ambición sin límites en la que incluso puedes llegar a traicionar a tu propia sangre.

“Vuelo hacia el infinito”, es una novela que puede ser disfrutada por jóvenes y adultos, debido a su lenguaje ágil claro y su combinación de lo cotidiano y lo fantástico. La recomendaría a lectores afines a la ciencia ficción, el realismo mágico, el romance, el misterio y, por qué no, el humor. Este libro, sin duda, entrega ese abanico de posibilidades al público adulto-juvenil ávido de nuevas lecturas.

 

Graciela D. Ortuño L.

Escritora boliviana

VUELO HACIA EL INFINITO de Iván Prado Sejas

 

                                                                                             

      


Gonzalo Montero Lara

Escritor            

 

Iván Prado Sejas* escritor oriundo de los valles mesotérmicos de la ciudad colonial de Tarata (Cochabamba-Bolivia). Con el plus personal de ser psicólogo de profesión, docente universitario y músico, esta última virtud integrada a su persona como gran parte del colectivo de su tierra natal de músicos y compositores célebres. Ha producido cuentos, novelas y poesía, sobre todo en el ámbito de la literatura fantástica. Entre sus novelas destacadas se tiene El Crepúsculo en la Noche de los Tiempos, Samay Pata y Hananpacha. Ha publicado cuentos en revistas y blogs, y su penúltimo libro de cuentos es Los Sueños del Padre, con relatos fantásticos neoindigenistas.

Como corolario de su variada actividad de Prado Sejas, está la producción de su última publicación,  Vuelo hacia el infinito, en coedición con el grupo editorial Kipus, el fatídico año del 2020, obra que contiene 11 cuentos con características cada vez más maduras y singulares de su propuesta neo-indigenista, que al margen de la recurrencia obsesiva de los temas  de ciencia ficción tradicional que constituye una preocupación universal, ésta temática es fundamentalmente de carácter social, con rasgos de muchos cuentos que muestran el rostro cultural indígena del valle o del altiplano, como es el caso de los cuentos: Aparición de Manko Khapaj, Del paraíso lo que no se dijo y ¿Llegaron los Katari Uma?, contextualizados en las culturas y ámbitos andinos, con notorios guiños a los temas de la inteligencia artificial, el origen extraterrestre de la humanidad y la ufología en general, de la cual es un ávido estudioso.

De igual manera, la picardía de los habitantes de la región valluna, es captada en creaciones contemporáneas donde se mezcla el fantasma de Borges y grises pilotos de ovnis, con las costumbres rurales que terminan fundidos a  los encantos de las lugareñas  y los efectos de la chicha de maíz. Así son los cuentos  de Borges en Tarata y El caso “Ruswil”: la verdad.

El resto de los cuentos son historias traslapadas a futuros distópicos que ponen en tela de juicio las características explotadoras de los sistemas socioeconómicos (futuros derivados del actual) generadores de asimetrías sociales disfrazando al capitalismo salvaje y a los regímenes totalitarios de toda índole, los cuales,  intuimos, persistirán en la línea del tiempo al margen de los milagros tecnológicos que puedan surgir hacia adelante. A este grupo de historias interpeladoras, pertenecen los trabajos: Búsqueda perfecta, Más allá de la Gran Muralla, donde los protagonistas descubren que viven en una especie de matrix mental sumidos en la ignorancia, sin saber realmente las condiciones reales de su precaria existencia.  Galaxia tuya Mía o nuestra, relata con humor y fina ironía los “business” a nivel galáctico. La inquietante historia de La Moneta, Es o Fue, es una fantasía materializada en un símbolo económico de  cruda realidad. Mi existencia, cuando el dinero se personaliza y relata su transformación en el verdadero espíritu del hombre contemporáneo y  el cuento Incertidumbre, es una mezcla onírica de las actividades  de un empresario de la burguesía minera con el mito del Tío de la mina (señor del inframundo), vivo y vigente en la actualidad.


*Perfil del autor: 

Iván Prado ha tenido una producción literaria desde el 1998 a la fecha, apenas interrumpida por la acertada gestión administrativa y académica, cuando tomó el timón del directorio del PEN Cochabamba y luego el PEN Bolivia; organizaciones destinadas en estatutos a la defensa de escritores perseguidos por razones ideológicas, políticas y de otra naturaleza. Su producción literaria incluye los poemarios  Arawi valluno (2010) y Mujer eterna (2011), para luego dar un golpe de timón a sus letras, y embarcarse a navegar  por los océanos de la narrativa fantástica y la ciencia ficción, género y subgénero literarios de las cuales fue uno de los mayores impulsores históricos del país, donde produjo varios títulos; entre las novelas Amazonas, poder y gloria (2005), El crepúsculo en la noche de los tiempos (2008), Samay Pata, al rescate de los selenitas (2013), Hananpacha, en busca de la libertad (2014). Cuentos del mismo género y subgéneros: Los sueños del padre (2016) y Cuentos en 2 minutos (2009). En coautoría fue antologador de la I Antología del cuento maravilloso en Bolivia (2013), Las remotas edades. I Antología de Ciencia Ficción boliviana (2014) y I Antología de literatura Fantástica Neoindigenista. Y otras obras no directamente relacionadas con la literatura fantástica.

Prado, fue impulsor para la fundación de la Sociedad de Escritores de Narrativa Fantástica, Ciencia Ficción y Terror, Supernova, el 30 de marzo de 2005, donde catapultó la producción de 3 antologías, las dos últimas de alcance internacional y se publicó cinco números de la revista Multiverso, la única de este género en Bolivia. Organizó, con el reducido equipo de escritores del género, 2 encuentros internacionales de narrativa fantástica y ciencia ficción en Cochabamba.


Biobibliografia del autor:



REVISTA MULTIVERSO 5

 
Vuelve con todo la Revista Multiverso, en su número 5. Participan escritores de renombre como Ramón Rocha Monroy, Gonzalo Montero Lara, César Verduguez Gómez, Anita Triveño, Miguel Sequeiros y Celso Montaño. Se publica un relato de narrativa fantástica de la reconocida escritora Adela Zamudio. Igualmente, Ramiro Obando, escritor novel, presenta un relato fantástico neoindigenista. Y finalmente, Dennis Morales presenta un poema dedicado al astronauta.
En la tapa está un diseño espectacular de Ramiro Ortega.

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https://issuu.com/supernovarevistamultiverso/docs/revista_multiverso_nro_5

EL HUMOR NEGRO EN PRIMER CORTOMETRAJE DE RENE ORTUÑO




COMENTARIO DE MIGUEL LUNDIN PEREDO:

"Rene Ortuño nos vuelve a sorprender nuevamente con su mirada de halcon en el mundo del cine boliviano contando una historia de terror que rescata tradiciones perdidas o olvidadas por el boom de la tecnologia;en su primer cortometraje llamado "Zombie Minero" nos lleva a un mundo donde el trabajo menospreciado de las minas se fusionan con la imagen universal de los zombies,logrando una gran historia que no pierde su climax".

Kori-Marka: una curiosa novela de ciencia ficción de los años treinta



Freddy Zarate*
La visión futurista de una sociedad utópica o distópica es un tema que ha perseguido insistentemente a filósofos, novelistas y ensayistas de todas las épocas y contextos. Se puede mencionar por ejemplo, la República de Platón; la Utopía de Tomás Moro; Una utopía moderna de H. G. Wells; Nosotros de Evgueni Zamiátin; Un mundo feliz de Aldous Huxley; 1984 de George Orwell, entre otros. Este género narrativo también fue cultivado en Bolivia, tal es el caso del escritor Julio Aquiles Munguía Escalante (1907-1983), quien después de ausentarse por varios años en Estados Unidos y Europa retornó a la ciudad de La Paz en de la década del treinta. A la postre, publicó la curiosa novela intitulada Kori-Marka, que lleva el sugestivo subtítulo La novela de Tiawanaku (Imprenta Artística, La Paz, 1936).

El relato tiene como protagonista principal a Chuqui-Wayna (joven de oro), quien sale de su comunidad denominada Kori-Marka (ciudad de oro) para dirigirse a la población de Tiwanaku, en donde logra conseguir un puesto de trabajo como ayudante de excavación. Terminada la faena arqueológica, Chuqui-Wayna ruega acompañar a la comitiva que debe retornar a la ciudad de Nueva York con todos los objetos hallados.

Tras varios años de residencia en Norteamérica, Chuqui-Wayna empezó a rememorar las palabras de su viejo amigo Wari (sabio de su comunidad) acerca de los fabulosos tesoros escondidos por los incas; estos recuerdos de infancia hacen que retroceda unos diez mil años, logrando visualizar la ciudad de Tiwanaku en todo su esplendor. Tras una apurada meditación decide retornar a Bolivia para emprender la búsqueda de la soñada fortuna. La expedición fue financiada por un comerciante estadounidense llamado Albert Pickwood; se empezó la expedición con un alto grado de incertidumbre que fue bautizada con el nombre The Kori-Marka Exploration Company. Después de una extensa búsqueda empezaron a llegar al campamento las primeras muestras de láminas y estatuillas de oro. Al ingresar en la profundidad de una grieta descubrieron el anhelado templo de oro en donde el metal precioso reverberaba entre el moho y el lodo. Los seis intensos meses de búsqueda dieron ganancias exorbitantes que ascendían a trescientos millones de dólares en oro, de los cuales correspondía a Chuqui-Wayna cien millones y una pequeña cantidad al Estado boliviano. Al retornar a Norteamérica, la prensa neoyorquina le otorgó los calificativos de “Rey del Oro” y “el último descendiente de los incas”. Este reconocimiento le significó que las academias, las instituciones científicas, los círculos intelectuales y las universidades le otorgaran plácidamente títulos honoríficos, “sin haber visto un solo libro ni por el forro, era doctor honoris causa”.

En este punto de la novela, el escritor Julio Aquiles Munguía hace un corte para dar un salto futurista: “Es el año de 1950. Han transcurrido quince años desde el encumbramiento de Chuqui-Wayna”. El autor avizora los cambios drásticos que sufriría la ciudad de Nueva York en corto tiempo: “Es una ciudad estupenda que la de tres lustros atrás (…). De todos los rincones del orbe llegan caravanas de peregrinos ávidos de conocer sus fantásticos adelantos (…). Es la ciudad maravillosa, la campeona ante la cual se inclina el mundo”. En ese tiempo se vislumbra un hacinamiento de altísimos cuerpos prismáticos moteados que llegan a la increíble altura de doscientos pisos sobre el nivel de la tierra y cuyas cúspides agudas se desvanecen entre las nubes; estas figuras darían una mirada fantasmagórica de la ciudad, en cuyos precipicios artificiales se esparciría la humanidad cual insignificantes hormigas.

A decir de Julio Aquiles Munguía, la arquitectura de esa época estaría encarnada en cada edificio que sobrepasaría toda fantasía: “Se eleva hacia el cielo en forma escalonada o piramidal, son verdaderas ciudadelas poliédricas donde viven miles de habitantes que no tienen la necesidad de salir sus límites porque disponen de todas las comodidades”. Estas ciudadelas tendrían plataformas de aterrizaje en donde se encuentran los aéreo-vehículos. Con respecto al tráfico aéreo, el autor señala que esta se encontraría reglamentada y controlada por torres en forma de conos invertidos que llevarían sirenas potentes con diferentes sonidos cuyo fin estaría enfocado en regular el tráfico aéreo con matemática exactitud. Esto se ve reflejado –escribe Munguía– en la vida cotidiana que se ha reducido al aire: “Hasta las calles y las avenidas son aéreas, que están conformadas por elevados puentes que cruzan las vías públicas y traspasan los edificios, formando una enmarañada red por donde transitan millones de peatones”. A pesar de esta locura por el dominio aéreo, las arterias de la superficie terrestre no desmerecerían la intensidad del nutrido tráfico que las caracteriza. Los vehículos más utilizados en esta esfera urbana serían los tranvías verticales y los automotrices subterráneos que atravesando túneles, puentes y calles aéreas llevarían cargamentos de masas humanas de un lado a otro de la descomunal ciudad con una velocidad asombrosa.

La modernidad futurista que vislumbra Munguía esta encarnada por los enormes rascacielos, pero sobresale la Universal Station, que es “un hermosísimo y gigantesco palacio ultramoderno de forma cilíndrica, en cuyos contornos más elevados se enroscan varias pistas superpuestas de aterrizaje donde descienden los aéro-vehículos que llegan de todos los rincones del planeta”. En las plantas bajas y los subterráneos de la Universal Station saldrían y llegarían centenares de trenes cada cinco minutos, estos serían arrastrados por velocísimas y bruñidas locomotoras que tendrían la forma de dirigibles y proyectiles que diariamente lograrían transportar millones de personas; esta explosión demográfica, en palabras de Munguía sería “un verdadero hormiguero humano”.

Otro aspecto llamativo que concibe Julio Aquiles Munguía se encuentra en la abolición de la Ley seca, esta disposición legal dio como resultado un creciente libertinaje en grado superlativo: “En los teatros, en los cabarets, en las danzas, en la indumentaria femenina, se redujo a túnicas multicolores de finísimas sedas transparentes, ceñidas sobre los cuerpos completamente desnudos, dejando percibir sus cuerpos atractivos”. Los hombres vestirían trajes bordados cuya ropa interior sería bastante corta y ajustada mostrando una fornida perfección de sus atléticos miembros. Este aspecto sería el principal incentivo visual para las mujeres de esa avanzada época.

La estética corporal del hombre moderno “está en alza, la belleza espiritual por los suelos”, dice Munguía. Los bailes estarían encarnados por la extravagancia y sensualidad: “Uno de los más inofensivos es el Dog’s Trot, en donde imitan el acoplamiento de los canes”. Curiosamente, en la actualidad este tipo de baile se hizo popular dentro de la juventud, que lleva el nombre del “perreo”, que llega hacer una imitación de los movimientos del coito en la postura del perro.

El escritor Julio Aquiles Munguía tras esta descripción de los avances tecnológicos, pone en escena a Mr. Andino Gold desembarcando en la Universal Station en una de las naves aéreas transcontinentales; este potentado y celebérrimo personaje no es otro que Chuqui-Wayna, cuyo nombre fue sajonizado desde que obtuvo la categoría de “Rey del Oro”. La ostentosa vida llena de riqueza y fama llegó a saturar el espíritu de Mr. Andino, la cual planificó una descabellada idea que consistía en construir una ciudad parecida a Kori-Marka. Para este cometido, contrató arquitectos y artistas que llevaron a cabo una de las más sonadas excentricidades en la ciudad de Nueva York. Al cabo de un año, concluyeron la monumental obra denominada la Golden City o la Ciudad de Oro, que es pintada por el autor como una gigantesca metrópoli caracterizada por su suntuosidad; cuya finalidad radicaría en promover la exhibición del placer en todas sus manifestaciones. Para lo cual, Mr. Andino ideó realizar la “Feria del Placer”, en donde se revelaría al mundo todo lo que el hombre y la mujer inventaron para deleitarse sexualmente. Enseguida, Mr. Andino convocó al primer Concurso Mundial de Belleza y esparció a los cuatro vientos la noticia de la inauguración de la Golden City y la “Feria Mundial del Placer”.

El autor narra algunos pormenores de la noche del inició de la Feria del Placer: “Se encendieron millares de reflectores y luces multicolores (…), se escuchaba un ruido ensordecedor que se confundía con el murmullo de los millones de espectadores diseminados alrededor de la Golden City”.

Una vez abiertos todos los pabellones o templos –llama la atención dice el autor– el Templo Venus que en la puerta de ingreso se encuentra custodiada por dos eunucos: “En su interior se exhibe una valiosísima colección de reproducciones en mármol blanco de todas las Venus. Se encuentran allí la afrodita de Milo, de Médici (…). Junto a cada estatua se hallan mujeres bellísimas y perfectas con sus níveos cuerpos desnudos (…). La estancia respira excitantes y deleitosos perfumes. Una música célica incita a adorar la belleza con un misticismo pagano”. El autor describe distintos templos, todos cargados de lujuria y placer, tanto así que “el visitante que ingrese sale atiborradísimo de sabiduría erótica”. También se encuentra el extravagante templo dedicado al culto de Satanás, “donde se llevan a cabo saturnales, aquelarres, misas negras, otras tantas ceremonias en honor a los demonios”. Los excesos de la carne descritos por Julio Aquiles Munguía, son calificados como la “demonélica ciudad donde se halla condensada toda la vida moderna, con su séquito de ciencias, artes y política, y todo cuanto significa avance, inteligencia y músculo”.

En el epilogo de la novela, Munguía nos muestra un desenlace apocalíptico a consecuencia de la apropiación del tesoro maldito de Kori-Marka: “La Golden City arde… Semeja un infierno dirigido por Astarté, Belial y Asmodeo”. La destrucción de la ciudad neoyorkina sería producto de unas bombas que hundirían los altísimos edificios como si se tratara de torres de papel. La gente que momentos antes se divertía en la “Feria del Placer” lanza gritos espantosos y corre aterrorizada.

El escritor Julio Aquiles Munguía con la novela Kori-Marka logró fusionar una fabulación entre una utopía y una distopía. Alcanzando en su narración una cohesión entre la reconstrucción histórica-mítica de Tiwanaku; llegando a concebir una visión futurista en donde el ser humano alcanzaría increíbles logros tecnológicos pero con un final espeluznante: Munguía, adelantándose a su época, llegó augurar los adelantos tecnológicos y la degradación moral de una futura sociedad de los años cincuenta, en este punto, le faltó al autor una mirada más amplia al siglo XX. Pero, no hay duda de que esta narración es peculiar en las letras bolivianas por la temática abordada. En la actualidad, el libro y el autor merecen una relectura o redescubrimiento –en tiempos en que la ciencia y tecnología avanzan a pasos agigantados– en donde muchos pasajes de la novela Kori-Marka no son nada exóticas para la actual generación del siglo XXI.
Literato
*Fuente: http://www.opinion.com.bo/opinion/suplemento.php?a=2019&md=0310&id=16109&s=3

Hugo Murillo Benich: Precursor de la Ciencia Ficción en Bolivia


"Hugo Murillo Benich, escritor orureño, es precursor de la literatura fantástica boliviana, con obras que se destacan en el ámbito de la literatura nacional."

En El Diario se destaca su presencia como escritor, poeta y artista:


ING. HUGO MURILLO BENICH
Quispe Herrera Rubén, Nuevos Horizontes, El Diario

Ing. Hugo Murillo Benich nació en Oruro, Bolivia, en 1941, sus estudios primarios y secundarios lo desarrolló en su tierra natal, y sus estudios superiores en la Universidad Técnica de Oruro, en la Facultad Nacional de Ingeniería Carrera de Minas y Metalurgía; es también escritor, pintor, reductivo, poeta y maestro. Además de enseñar matemáticas en la Universidad Mayor de “San Andrés” en La Paz y en la Universidad Técnica de Oruro, también realiza exhibiciones personales y colectivas.

Aporte Intelectual: Dibuja y escribe caricaturas, que publica en el periódico “Le Soir” en Bél-gica y produce ilustraciones para el periódico L’Aurore de France. En 1990, su cuento “Paraíso, OVNI y Extraterrestres en los Andes”, ganó el Premio de Historia Franz Tamayo. El libro reúne cuatro historias que demuestran la gran capacidad creativa del autor en la literatura de ciencia ficción y fantasía. En 1991, Hugo Murillo Benich ganó otro premio con una historia de ciencia ficción. En 1992, “The Rule of Wallallu” gana el premio como mejor historia para el periódico “Presence”. El propio autor señala que en la escena literaria mundial carece de autores que se ocupan de este género, a medio camino entre el surrealismo y la fantasía, y afirma que: “Si después de unas pocas pinceladas tengo un desorden emocional, entonces tomo mi pluma y escribo”. Es considerado uno de los precursores de la literatura fantástica boliviana con relatos que se introducen de forma espléndida en la ciencia ficción y la narrativa fantástica. Es uno de los pocos autores del siglo pasado que ha publicado sus cuentos en diferentes medios (libros, periódicos, revistas, antologías, etc.) rompiendo esquemas tradicionales, yendo contra la corriente literaria de la época, donde se daba más importancia a los relatos realistas, con contenidos costumbristas, sociales, políticos e históricos. Ha sido prolífico en su producción, sobre todo para la época en la cual la literatura fantástica tenía poca acogida entre los escritores nacionales. Ha publicado los libros de cuentos: Paraíso (1990) y OVNIS y Extraterrestres en los Andes (1991). El Imperio de Wallallu fue publicado en la Antología del Cuento Moderno y fue ga-nador del Concurso Nacional de Cuento de Presencia Literaria; Chaucer en los Andes, publicado en el Anua-rio UNPE 98; El Supraespacio, en Presencia Literaria, ganador del Premio Literario de Ciencia Ficción (1995); El Homúnculo publicado en Presencia Literaria. Su libro de cuentos, Paraíso, ganó el Premio Franz Tamayo en 1988.

En su relato CHAU-CER EN LOS ANDES, Hugo Murillo se imagina un diálogo del personaje con un “gringo” que habla de moléculas que se im-plantan en las personas, y que dan supuestamente un respaldo científico a la reencarnación. Al finalizar el relato, aparece la duda existencial sobre la existencia del gringo. En las conversaciones de Chaucer en los Andes aparece el spanglish como una característica de los diálogos estructurados. En el IMPERIO DEL WALLALLU, Hugo Murillo también genera un diálogo existencial en un mundo onírico, donde lo común es la vivencia de una pesadilla horrenda que parece no terminar nunca. Existe una crisis existencial donde aparecen el “bien” y “mal”, reflejados en un diálogo espurio entre el consciente y el subconsciente. Aparece un imperio de palabras donde emerge una lucha de creencias entre la mentalidad española e indígena, en un lugar o tiempo, allá y entonces, en la época de la conquista.

Otro cuento fantástico y maravilloso de Murillo es EL HOMUNCULO, editado en el periódico Presencia, y el mismo muestra la capacidad imaginativa surrealista del autor. El relato es una historia sobre la creación del hombre y su lugar en el Universo. En su libro de cuentos OVNIS Y EXTRATERRESTRES EN LOS ANDES, usa su imaginación para crear historias de ciencia ficción donde los protagonistas principales son alienígenos y contactados. En LAS ESFERAS DEL CERRO SAN ESTEBAN aparecen unas esferas inteligentes, y dos campesinos son objeto de estudio por inteligencias extraterrenas. Ocurre una desaparición de uno de los personajes, quien aparece después de un tiempo prolongado; la pérdida de la cordura y un implante cerebral es el resultado. Por la forma, cómo Murillo relata la historia, la misma parece verosímil ante los ojos del lector. En el relato AVISTAMIENTO EN EL DESFILADERO DE LAS ANIMAS, a ritmo de reportaje, la historia gira sobre el aparecimiento de un OVNI en torno a un tren detenido por desperfectos desconocidos. Son varias las personas que ven la nave alienígena y la describen conforme llega el estímulo a sus ojos, pero también se entremezclan visiones imaginarias.

Un destacado orureño, que oportó mucho a la literatura y a la cultura de nuestra región, quien fue catedrático y Jefe del Departamento de Matemáticas de la F.N.I. - U.T.O., Obtuvo el primer premio del XVIII Concurso Municipal de Cuento Franz Tamayo en 1988, Premio otorgado por Exile Kulturkoordination de Duisburg, Alemania, en el concurso Interna-cional de Caricaturas contra él ¿Racismo? Pre-mio Municipal 1995 Santa Cruz de la Sierra. Premio único en la categoría de cuento de ciencia ficción otorgado por Presencia con su relato “El Supraespacio”en 1995. Un bloque de aulas de F.N.I. lleva su nombre. El Gobierno Autónomo Municipal de Oruro le otorgó la Con-decoración por Servicios Destacados en el año de 1998. Recibió el premio “Orgullo Orureño “otorgado por la Universidad Privada de Oruro y la Fundación “Sebastián Pagador”. Hugo Murillo Benich es uno de los precursores más relevantes de la ciencia ficción y la narrativa fantástica en Bolivia.

Uno de sus poemas: Sensaciones. Todos estamos solos en la noche /todos estamos solos en el día. /Todo el tiempo estamos caminando /Por entre las inmóviles estatuas/de extraños personajes. /Todo el tiempo/estamos conversando/con nosotros mismos, /riendo y gimiendo /para nuestros adentros. /Y no solo eso, /sino que además /todos nos estamos muriendo /dentro de un solitario mausoleo /Geométrica. /Bloque negro, tú fuiste el principio /de la eternidad /que se levanta /solitaria y fuerte bajo un arco /de soles amarillos. /Bloque negro, /tú eres ciertamente/la misma eternidad, /aquel vacío/que está en el centro de un disco /de soles amarillos. /Bloque negro, /tú fuiste lo que eres /y eres lo que serás: /un estallido de so-les amarillos /Yo he vivido siempre en el resalto/de una inmensa pared /que se extiende /hasta el infinito, /sin cambiar, /sin encontrar principio ni final. /Presumo que en algún lugar lejano, /hacia abajo /o en las alturas /hay otro re-borde /donde otro persona /se imagina exactamente /lo mismo que yo.
 

Ciencia Ficcion y Narrativa Fantástica en Chuquisaca




Narrativa chuquisaqueña en el 2018
Alex Salinas*

El año que termina nos ha dejado pocos pero gratos momentos de lectura. Asistimos a la reedición de Huesos y Cenizas de Máximo Pacheco (1961). Originalmente publicada el año 2004, aparece ahora bajo el título de Los dos entierros de Eleuteria Aymas (Editorial Mama Huaco), lastimosamente también con un glosario estigmatizador (a la manera del temprano siglo XX) para dar cuenta de la otredad, del lenguaje áspero de sus páginas.
Asimismo, hemos leído los cuentos de Rosario Barahona Michel (1974) aparecidos en sendas antologías: Mar Fantasma (Editorial Kipus), una selección de cuentos de los más importantes narradores paraguayos y bolivianos de la actualidad; y Carne de mi carne (Editorial Plural), que reúne un número de historias inspiradas en la obra de Mary Shelley (1797-1851), la célebre creadora de Frankenstein.
Posteriormente, como contribución propia a la narrativa chuquisaqueña de este año, hemos presentado Beat (Editorial Traetormentas), una novela de aprendizaje que, en clave de humor, recrea la aventura musical de unos personajes adolescentes en la ciudad de Sucre de los años 60.
Poco después, llegó a nuestras manos Seres sin sombra, el libro de cuentos de Eliana Soza (1979), potosina que vive y crea en nuestra ciudad. En sus historias, Sosa desarrolla personajes truculentos, caricaturas tragicómicas del amor, deformes en sus sentimientos, en su regresión a la histeria o la locura, al id desenfrenado o a la pesadilla en la vigilia, ya sea como víctimas o victimarios. En la obra de Soza, la única puerta de salida a una relación tormentosa es casi siempre rápida, sorpresiva y sangrienta.
Finalmente, cerramos el año con el fino libro de cuentos de Fabricio Callapa-Ramírez (1987), El fin de los días que conocimos (Editorial Pasanaku). Son siete cuentos en donde Callampa-Ramírez despliega un gran dominio técnico del género, experimentando, exitosamente, con distintas estructuras y una variedad de narradores. Éstos, anodinos en su mayoría, liberan sus obsesiones o sus fantasmas, ante el arribo de un evento o personaje que cambia el rumbo de sus vidas, tal y como hasta entonces la conocen.
No es nada nuevo. La mayoría de las obras son publicadas contra viento y marea, lejos del interés y los mercados de las editoriales importantes del país, de sus circuitos de distribución. De ahí también su valor, la constatación de la convicción de sus autores por hacer de la escritura una forma de estar en el mundo, porque a pesar de todo, por medio de la letra y la palabra, seguimos construyendo esta ciudad.
Fabricio Callapa
“Retrato de Ciudad con Calavera en la Mano” de Máximo Pacheco Balanza. Una obra intermedia entre la terrible y brutal “Huesos y cenizas” (Los dos entierros de Eleuteria Aymas) y el realismo mítico de “La noche como un ala”. A través de brevísimos capítulos conoceremos la historia de un médico y su paciente. Un hombre heredero de la decadencia y la abulia de Sucre, y una mujer campesina que, por necesidades económicas, migra a la ciudad y sufre un accidente. Estas vidas, junto a la historia de la ciudad de Sucre, se van hilando hacia un final insospechado y maravilloso.
“Kristina y los Profetas” de Rafael García Rosquellas. Una obra que podría considerarse como precursora de la ciencia ficción, no sólo en Sucre, sino en toda Bolivia. Publicada póstumamente el año 2002 por Fundación Cultural La Plata, pese a que su autor falleciera en los 70’s, nos cuenta la historia del descubrimiento de una civilización de intraterrestres que intervinieron de forma crucial y sutil en la historia de la humanidad. ¿Es posible hacer ciencia ficción en Bolivia? La oleada de nuevos autores y obras lo afirman, pero en aquellos años una obra como tal de seguro fue completamente impensada.
De las obras que aparecieron este año: “Beat” de Alex Salinas, una novela cuya narración oscila entre la memoria de la adolescencia, la explosión musical de grupos como The Beatles en Sucre y los finales de los 60’s y comienzos de los 70’s, años que no fueron muy tratados en la narrativa local. Con bastante mimo al lenguaje y una narración entera, sin capítulos, la cual creo que desafía a los lectores a concluirla de un solo tirón. Y también “Seres sin sombra” de Eliana Soza, un libro de cuentos que a partir de situaciones cotidianas trama historias de terror y miedo con las que muchos podrían sentirse identificados.
Oscar Díaz Arnau
Alex Salinas y Chellis Glendinning, con traducción de Pedro Albornoz Camacho, presentaron este año sendas novelas cortas que me cautivaron por su vigorosidad y también por su agudeza, sin que esto signifique pomposidad o artificio literario.
Ambas están marcadas por una narrativa vital, con apreciables destellos de calidad retórica que el buen lector sabrá agradecer por sus atildadas descripciones e imágenes sutiles, igual de amenas como emotivas, en prosas que se dejan leer de un solo tirón.
Salinas, el sucrense, juega con la música de su “Beat” y, de fondo, con la temática de la identidad y la pertenencia.
Glendinning, la estadounidense afincada en Sucre, bajo la apariencia de una trama policial, narra una historia al filo de la realidad, muy próxima a lo esotérico.
Los dos, en el marco de propuestas serias que cualifican la novelística chuquisaqueña, invitan a un viaje hacia las profundidades del ser.
“Hay instantes en la duermevela donde todo el tiempo confluye, los días que han sido, los que están por venir”, escribe Salinas.
“Hay algo acerca de todo lo que existe o se supone que existe en el plano material que no puede expresarse en palabras. Es como si el objeto en cuestión irradiaba la textura de su historia como dedos atravesando la bruma de los tiempos y, sin embargo, al mismo tiempo se proyectan hacia el futuro para hacerse incluso más hermoso”, Glendinning.
Las suyas son dos novelas encantadoras y, pese a todo, nada pretenciosas. Con el cable a tierra como hilo conductor: lo sucrense, en “Beat” (Traetormentas), y lo boliviano, en “Objetos” (3600), convergen en la cultura universal referenciada, y esto da cuenta de dos autores que han vivido.
Fuente: http://correodelsur.com/punoyletra/20181217_narrativa-chuquisaquena-en-el-2018.html