La ciencia ficción de Doris Lessing




 Desde luego, pasará mucho tiempo antes de que alguien pueda afirmar con la serenidad y el aplomo de George Eliot que "el arte debe ser real y concreto o ideal y ecléctico. Ambos son buenos y auténticos a su modo, pero mis historias pertenecen a la primera clase". ¿Qué es real?, ¿concreto?, ¿ideal?, ¿ecléctico?, empiezan a preguntarse nuestros autores de medio pelo. ¿Qué es el arte? Sea lo que sea el arte, no lo es la novela seria de nuestra época, cuya textura tanto se asemeja a ese entumecimiento en el que se encuentra entrampado Satanás en el centro del círculo interior del infierno.

Aunque Doris Lessing tiene más en común con George Eliot que con cualquier novelista serio contemporáneo, no siempre está por encima de la solemnidad, entendida como lo opuesto a la mera seriedad. [...] Por otro lado, es una moralista a la antigua usanza, lo que significa que tiende a tomarse muy en serio lo cotidiano. Me da la impresión de que su ámbito es el de la investigación en profundidad -y no en un tono superficial- de la relación auténticamente moral. Digo "me da la impresión" porque he entrado en contacto con la obra de Doris Lessing tarde. Empecé a leerla con Memorias de una superviviente , y ahora, con Shikasta , la he seguido hasta el género de la ciencia ficción, donde está haciéndose un hueco propio en algún punto entre John Milton y L. Roy Hubbard.
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Lessing nos cuenta que, en un principio, tenía la intención de elaborar un único volumen a partir de ciertos temas del Antiguo Testamento [...], pero que ahora se ha embarcado en una serie de fábulas sobre dominaciones y poderes interplanetarios. "Tengo la sensación de que se me ha dado libertad para ser tan experimental y tan tradicional como me plazca." No estoy seguro de a qué se refiere con "experimental" y "tradicional". Como mucho, la prosa de Lessing es sólida, lenta y un poco desmañada. [...]

[...] Al igual que la espléndida Memorias de una superviviente , Shikasta es el resultado de una imaginación formidable. Lessing es capaz de inventar cosas que parecen reales, y en eso estriba la capacidad narrativa, pero la escritura seria ha ejercido influencia suficiente sobre ella como para que tenga necesidad de disculparse. "En la actualidad, es habitual decir que los novelistas de todo el mundo están transgrediendo los límites de la novela realista porque lo que vemos en derredor es cada día más descabellado, más fantástico, increíble. [ ] La antigua novela ´realista también se está viendo transformada debido a la influencia de ese género que responde a la imprecisa definición de ficción espacial." En realidad, yo no he apreciado ningún indicio palpable de esta influencia, e imagino que ella tampoco, pero no es insólito que un escritor vea el desvío que ha tomado como una autopista en la que de pronto todo el mundo ha reparado y que no tardará en estar atestada [...].

Si este libro tiene algún precursor reciente, este es Kart Vonnegut, hijo. Lessing se ha deshecho en elogios con él: "Vonnegut denota una moral a la antigua usanza [ ], ha reducido al absurdo las pequeñas categorías, las afectadas divisiones entre literatura «real» y el resto, porque es cómico y triste a un tiempo, porque su dolorosa seriedad nunca es solemne.[...]"

Lessing padece una influencia mayor, si cabe, del Antiguo Testamento. "Tenemos por costumbre dejar de lado el Antiguo Testamento porque Jehová, o Yavé, no piensa ni se comporta como un asistente social." Adiós a la idea de Jesucristo como artífice de buenas obras y científico definitivo. Lessing no anda del todo descaminada, pues las espeluznantes historias del furioso Dios del Antigua Testamento constituyen un telón de fondo para la "buena nueva" de Jesús, las "recitaciones" de Mahoma, el sentido de la ética judía; estas sangrientas historias conservan un extraordinario poder mítico, que Milton fue el último en manifestar en toda su intensidad.

En cierto sentido, la obra de Lessing, Shikasta , es en mayor medida un retorno al espíritu (que no, por desgracia, al lenguaje) de Milton que al del Génesis. Pero Lessing lo hace todavía mejor que Milton, o peor. Milton era dualista. Lucifer refulge como el hijo de la mañana, y la divinidad también refulge. Su enfrentamiento es aterrador. Aunque Lessing baraja opuestos, tiende hacia el unitarismo. Está imbuida del espíritu de los sufíes, y si hay algo que me ponga más nervioso que un seguidor de Jung, es un sufí. Lessing está convencida de que es posible "«ponerse en la onda» de una mente superior, o mente arquetípica, o inconsciente, o como quiera uno llamarlo, y que eso explica una gran cantidad de improbabilidades y «coincidencias»". No hay duda de que Lessing se pone en onda; y desde luego Shikasta está llena de improbabilidades y "coincidencias". En otro texto ("In the World, Not of It"), Lessing ha expresado su admiración por un tal Idries Shah, un hacendoso proveedor contemporáneo de sufismo (de la palabra árabe suf , que significa "lana" el disfraz de los ascetas).

A Idries Shah se le ha descrito en las páginas de la New York Review of Books como el autor de obras repletas de "constantes equivocaciones, traducciones chapuceras e imprecisas, e incluso faltas ortográficas en nombres y palabras orientales. Bajo la apariencia de erudición, se nos pide que aceptemos un embrollo de perogrulladas, impertinencias y charlatanerías". Lessing admira a Idries Shah [...] y utiliza con pleno convencimiento citas de La exploración dérmica , obra en la que éste reproduce pasajes de Los relojes cósmicos , de M. Gauquelin. "Ese asombroso paralelismo con la insistencia sufí en la capacidad relativamente superior que presenta la comunicación sutil a la hora de afectar al hombre, se aprecia en la obra científica que demuestra cómo todos los organismos vivos, incluido el hombre, se muestran ´increíblemente sensibles a ondas de energía extraordinariamente débiles, cuando influencias más robustas quedan excluidas ." En esta última cita dentro de una cita estriba el tema de Shikasta .

Lessing cae en la presunción de que una civilización galáctica bondadosa y sumamente avanzada, que radica en Canopus, está enviando ondas armoniosas aquí y allá, al estilo del Dios de Milton antes de que Lucifer se hartase. Canopus vive en armonía con otro imperio galáctico denominado Sirius. Hace mucho, mucho tiempo [...], ambos libraron una Gran Guerra, pero ahora reina la serenidad entre ambas galaxias. En este caso, no se me ocurre ningún paralelismo con el Antiguo Testamento. ¿Representa Canopus el cielo frente al caos de Sirius? Sea como fuere, el malvado planeta Shammat en el imperio galáctico de Puttiora resulta ser nuestro viejo amigo Lucifer o Satán o el Señor de las Moscas, y el planeta Shikasta (que somos nosotros) es el campo de batalla entre las vibraciones armoniosas de Canopus y las vibraciones malignas de Shammat, que bombardean constantemente nuestro planeta. Al final, Lucifer es arrojado entre aullidos a ese lugar donde prefiere reinar, y todo es paz y armonía entre los hijos de Dios. Lessing carece de negatividad. Allí donde el Lucifer de Milton es digno de admiración, el Shammat de Lessing es un travestido cuyos agentes planetarios parecen un cruce entre el monstruo de Tolkien y sir Lew Grade. [...]

Al igual que el arcángel san Miguel, Johor viaja a través del tiempo de Shikasta. Las primeras ciudades del planeta se construyeron de tal forma que los transmisores de Canopus pudieran enviar ondas de energía benigna; como resultado de ello, la población local (preparada por amables gigantes) era dichosa y retozona. "Canopus podía proveer a Shikasta de un aire fértil y vigoroso, que mantenía a todos sanos y a salvo y, ante todo, les hacía amarse los unos a los otros. [ ] Este suministro de aire de primera calidad tenía un nombre. Se llamaba SDSC -la sustancia del sentimiento común-[...]". Pero el suministro de SDSC se acaba. Las ciudades de llanuras quedan destruidas. Se propaga la Enfermedad Degenerativa y la raza sufre de "grandiosidad y ostentación", breve esperanza de vida y mal carácter. La Enfermedad Degenerativa es para Lessing el equivalente al pecado original que propició la caída del hombre cuando Eva mordió la manzana.

El paseo de Johor por la historia de la humanidad da pie a algunos buenos ratos. Se esfuerza denodadamente por contener la influencia maligna de Shammat, y la autora no solo nos lleva hasta el presente, sino más allá: los chinos no tardarán en ocupar Europa. Lessing es una maestra del estilo escatológico, y Memorias de una superviviente es una obra maestra de este género. Si bien allí donde el primer libro se centraba en un Londres muy real en un estado terminal perfectamente verosímil, Shikasta no alcanza nunca un grado aceptable de verosimilitud. [...]

La afinidad de Lessing con el Antiguo Testamento, en combinación con la cualidad difusa del sufismo de nueva hornada, la ha acabado metiendo en un barullo filosófico. Sin la noción del libre albedrío, la humanidad no tiene interés en absoluto; desde luego, sin el libre albedrío no puede haber literatura. Ver al Lucifer de Milton derrocar con toda serenidad la inteligencia dominante de su creador es todo un espectáculo, pero en la obra de Lessing no ocurre nada por el estilo. Desde el momento de la creación, los shikastanos de Lessing están programados por fuerzas externas, unas veces benignas, otras malignas. Se muestran pasivos por completo. No hay ningún Prometeo; no hay siquiera una Eva. El hecho de que, en el transcurso de un libro largo, Lessing no se las haya arreglado para crear un personaje con el más mínimo interés no es tanto la secuela de un fracaso de su considerable arte cuanto un indicio de que ha rendido su mente a la SDSC, o a los sufíes ataviados con túnicas de lana, o al Dios Celoso.

A todas luces, cabe abogar a favor de la predeterminación, o la predestinación, o del glorioso B. F. Skinner, alabado sea. La propia Lessing bien podría argüir que el aparentemente inexorable código del ADN es una forma de programación genética que cabría equiparar a la intervención de Canopus, y que, en cualquier caso, nuestras insignificantes vidas son otros tantos tropismos intercambiables que responden a estímulos externos. En mi opinión, el caso humano es más interesante que todo eso. El hecho de que ninguna religión haya ofrecido una razón satisfactoria para el existencia del mal ha mantenido a los seres humanos en vilo durante los breves respiros que se nos permiten entre las sucesivas eras de fe, con las que siempre se puede contar para crear ese estado común que tanto parece intrigar a Lessing y a sus colegas ataviados con túnicas de lana, una condición que tan certeramente describe el siniestro dicho latino E pluribus unum .

En el fondo, Shikasta no es una fábula de la voluntad humana frente a un dios que ha agraviado al buscador del fuego, sino un cuento de hadas acerca de fuerzas extraterrestres buenas y malas que disfrutan de un morboso placer al manipular a una humanidad parecida a un hormiguero. Por supuesto, Doris Lessing no es la primera que se inclina hacia esta "religión". De hecho, tiene un competidor de talla en un profeta vivo cuya poderosa mente ha concebido una raza de tetianos que antaño vivieron entre nosotros; ellos también desbordaban SDSC; después, se fueron. Pero no todo está perdido. El profeta vivo nos ha contado su historia. En un principio, escribió una novela de ciencia ficción y la gente de mal talante se mofó de él. Pero no se vino abajo. Tenía la convicción de que en su mano estaba salvarnos, devolvernos la sabiduría de los tetianos, "librarnos" de toda maldad. Así que creó un segundo libro sagrado, Diabética: el poder del pensamiento sobre le cuerpo. Hoy en día es el único propietario del Iglesia de la Cientología. Doris Lessing haría bien en abandonar a Idries Shah, con su túnica de lana, para unirse al señor L. Ron Hubbard, que ya ha recorrido, triunfante, el sendero que holla la autora.

Este texto ha sido tomado de la flamante edición de Ensayos (1952-2001), publicada por Edhas
Por Gore Vidal




Fuente: La Nación

LOS AUTORES FANTÁSTICOS VEN MÁS ALLÁ


Notimex, El Diario, NTR.
 
La escritora argentina María Kodama (1937), presidente de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, impartió la conferencia magistral Narrativa fantástica, dentro de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, en el Paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

En su ponencia, la viuda de Jorge Luis Borges (1899-1986) explicó que la literatura fantástica abarca la obra de aquellos autores que tienen la posibilidad de ver más allá de su tiempo y dejan caer como semillas lo que piensan. “Siglos después, éstas son hechas realidad, aunque en su época fueron consideradas delirio y locura”.

Sostuvo que Los primeros hombres en la luna, del escritor británico H. G. Wells, o Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, contienen lo que en la época en que se escribieron se consideraba un delirio. “Los escritores pudieron ver más allá, cualidad que no cualquier autor la tiene”, dijo.

Destacó que la literatura y el arte mantuvieron vivo eso que la humanidad fue perdiendo sin sentirlo: contacto con el misterio, lo fantástico y lo sobrenatural. “(Tzvetan) Todorov consideraba que la literatura fantástica constituye un género cuyas reglas es posible determinar”.

El personaje que percibe el acontecimiento debe optar por una de dos opciones: o bien es una ilusión de los sentidos y producto de la imaginación y las leyes del mundo continúan siendo lo que son; o bien, si el acontecimiento se produjo realmente, es parte integrante de la realidad y está regida por leyes que son desconocidas.

Así, dijo, el diablo puede ser una ilusión, un ser imaginario o bien existe realmente, como las demás seres, con la diferencia de que rara vez se le encuentra. Lo fantástico ocupa esa incertidumbre. En el momento de la elección se deja lo fantástico para entrar a lo extraño o maravilloso.

Agregó que para Borges la literatura fantástica es anterior a la realista y la mitología precede a la historia. “Lo importante es soñar sinceramente. Si no hay un sueño anterior la literatura es imposible”.

En su oportunidad, la directora general de la Feria Internacional del Libro, Marisol Schulz Manaut, destacó que María Kodama ha sido la protectora y custodia indispensable de la obra del autor argentino fallecido en 1986.
Fuente: http://www.ntrguadalajara.com/post.php?id_nota=20683

El Cybergrind, una alternativa al Cyberpunk: Una entrevista a Ronald Rodriguez Gonzales


Por: Iván Prado

Fuente: Amazing Stories Magazine

Ronald Rodríguez Gonzales es un escritor boliviano que se destaca en el ámbito de la literatura fantástica, con una inclinación por el cyberpunk que surgió como una corriente literaria en los años 80 (siglo XX), con autores como William Gibson, Bruce Sterling, Neal Stephenson, Philip K. Dick, John Brunner y otros. En la narrativa cyberpunk aparecen sociedades futuristas distópicas, y la humanidad se debate entre la destrucción y la sobrevivencia. Siguen la corriente cyberpunk películas famosas como Blade Runner, Akira, Matrix y otras.
Ronald Rodríguez es el creador del cybergrind, como un desgaje del cyberpunk. El cybergrind en su origen está relacionado con la música con elementos de fusión que combina grindcore, donde aparecen elementos del death metal (subgénero extremo del heavy metal, considerado uno de los más duros y pesados), con música electrónica y música experimental. En este ambiente pesado, Ronald Rodríguez conduce al lector por senderos oscuros y escabrosos, siendo el argumento distópico la tónica de su narrativa.

Iván Prado para Amazing Stories.- ¿Cuándo empezaste a sentirte escritor?

Ronald Rodríguez Gonzales.- Cuando era niño estaba obsesionado con el cine y los libros, no compartía los intereses de ninguno de mis contemporáneos por la banalidad del futbol y las fiestas del colegio, alucinaba durante todo el día con filmar películas o actuar en ellas. Dibujaba storyboards en todos mis cuadernos y mis padres me compraban blocks de hojas sabana para garabatear así evitando que me aplazara, creo que en ese momento me di cuenta que construía historias. Comencé a escribir a los doce años, motivado por un profesor que descubrió mi trabajo en el desorden académico de mis apuntes. En secundaria mi profesora fue Melita del Carpio, y siento que ella me apoyó mucho en mi desarrollo artístico al incentivar un crecimiento literario, mi rebeldía se manifestaba con la lectura de libros difíciles que no estaban en el programa. La primera novela que escribí se llama La Estación, y surgió al intercambiar correspondencia con varias chicas en el interior del país, les mandaba los capítulos que escribía y al final ellas me mostrarían el anillado completo el día de conocernos en persona, por entonces el correo era un medio más romántico, por esta obra me enamoré por primera vez y viaje alrededor de Bolivia. Descubrí que era un ejercicio natural para mí y escribía compulsivamente, tenía dieciocho años. Escribí la segunda parte de La Estación, durante su redacción encontré elementos de profundidad que hasta el día de hoy me persiguen oníricamente. A los veinte años participé en mi primer concurso literario con una novela denominada Paradoja que trataba sobre viajes en el tiempo a la era del Incario y a la Inglaterra victoriana. No contaba con los medios de información de hoy por eso que las bases de esa obra eran un tanto pueriles. En la universidad empecé a escribir varios proyectos, distintos y cursis, muchos motivados por mis visitas a la ciudad de Santa Cruz concretamente a la Chiquitanía, pero no había escrito ninguna obra contundente y precisa; resalto que en la prosa de esos cuentos y borradores que hice en esa primera etapa, la maldad y la oscuridad estaban ausentes, quedando lienzos incompletos y demasiado ingenuos que hoy no me atrevo a rescatar.

Cuando me licencié de abogado tuve la oportunidad de viajar a Santiago de Chile para hacer un postgrado, y allí en la soledad encontré mi voz verdadera, y escribí en el lapso de dos años la novela EL JARDIN Y LOS NAUFRAGOS, la cual es para mí una obra completa, con pies y cabeza y capaz de transmitir muchas sensaciones extremas al lector. Considero esa obra la primera literariamente hablando y algún momento la publicaré.

A.S.M.- La escritura te permite penetrar en distintos mundos que combinan lo ficcional y la realidad. ¿En qué medida tus obras reflejan la realidad, y en qué medida son una simple ficción?

R.R.G.- La realidad es una hipótesis que trabajé durante muchos años de mi vida, porque al recibir los primeros golpes que despiertan la conciencia, las preguntas siempre te llevan a terrenos que exaltan tu espíritu o tu superficialidad, como pastor o ganado. La realidad es una percepción superficial, un legado de los padres a nosotros, una limitación en los diferentes procesos que atraviesa el humano inteligente antes de morir, un bloqueo de los sentidos, un motor averiado, por ello que la realidad es una versión mediocre de la supervivencia, debemos comer y abrigarnos, pulsiones atávicas para permanecer en el mundo. Partiendo de ese análisis es muy concreto establecer lo que quiero reflejar cuando escribo, la ficción es una herramienta de arado y la realidad es un juguete de niños. Es mucho más difícil escribir ficción porque debes contextualizar y las personas que ostentan la racionalidad no están acostumbradas a abandonar sus madrigueras de supervivencia para vivir fantasías, aquellos que lo hacen son lectores que han sido atrapados por este arado literario que permite aislar el momento presente y transportarte a lugares sin tiempo y sin materia, pero con sentimientos reales. Sin embargo, he trabajado estos últimos años en la investigación de geopolítica energética y realmente ha sido mucho más complicado emocionalmente por las conclusiones que se alcanzaron, por lo menos en la ficción el final está planificado.

A.S.M.- ¿Por qué escribes? ¿Cuál es tu motivación para ingresar a mundos ficcionales que pretenden reflejar realidades donde están presentes la “oscuridad” (YING) y la “luz” (YANG)?

R.R.G.- La oscuridad y la luz, juntas son la esencia de la humanidad, si bien mi literatura temprana ha sido un experimento sobre emociones extremas y sentimientos que ponen al protagonista en perspectiva sobre su humanidad, el mensaje de lo oscuro no es exaltar la muerte o la decadencia, sino obligar al observador a entender que existe una existencia superior donde las dudas primordiales te llevan a obtener respuestas que el tiempo brinda con lentitud, la madurez y las experiencias permiten entender las complicaciones de conceptos, el dolor y la muerte son requisitos de ésta vida. Pero escribo porque desde niño he sentido que esa respuesta sobrenatural se encuentra disponible a través del conocimiento, y hay mucho conocimiento en las propuestas de los artistas, los símbolos y las exaltaciones conducen a un resultado consensual. Todos los seres humanos hemos encaminado nuestras vocaciones en valor de una existencia condicionada, la humanidad es sinónimo del desastre y la destrucción, las consecuencias las hacen en conjunto y es lamentable que la evolución a un estado superior no sea por el conocimiento, sino por el exterminio. La siguiente generación apreciará mejor nuestros esfuerzos.

A.S.M.- ¿Cuál es el propósito que tienes con tu obra literaria, como conocedor de muchos “infiernos” (mundos inferiores) que reflejan una realidad oscura muy condensada?
R.R.G.- EL EVANGELIO DE LAS PROFUNDIDADES, es una obra oscura, extrema y quizás polémica debido a los escenarios desarrollados por los personajes y sus vivencias. Objetivamente no es un descenso al infierno de Dante, al contrario, es un ascenso al siguiente estrato del ser, cuando el destructivo humano se da cuenta que sus acciones denigran a la naturaleza y es éste siguiente eslabón de existencia el que se hace cargo de conducir las voluntades depredatorias, asumiendo la responsabilidad y control porque el hombre ha quedado sujeto a su propia corrupción, de la cual no puede salir como especie, pese al esfuerzo individual de limitados servidores. Es este ser superior que empieza a manejar los engranajes, demostrando la futilidad de la humanidad, corrige la historia causando desesperación en los endebles cimientos de la civilización, por supuesto que ese caos destruye la concepción del entendimiento, y puedes llamarlo como buen cristiano, el infierno. Pero esta novela fue planificada como un viaje distinto, se unió al concepto de hyperrealidad, un proyecto que tardé diez años en desarrollar, al final se hicieron tres libros.

A.S.M.- Tú te atribuyes ser el creador de la literatura cybergrind. ¿En qué consiste este nuevo subgénero literario y cómo se diferencia de la literatura cyberpunk?

R.R.G.- El cybergrind nace originalmente en la música, aunque hoy en día es más una actitud contracultural que música, y como género es impopular y siempre será impopular, y no existe un criterio académico de su existencia. Es una simbiosis entre la tecnología y la supraconsciencia, un ente que ya no es humano, pero se origina en su mente y espíritu, el mismo habita dentro de los sistemas de información, como un ser artístico y como un guerrillero, y a la vez simboliza un manifiesto que evoca un mundo nuevo, lejos de ser racional, es imposible si subsiste esta civilización.

Como es demostrable, todos los postulados cyberpunk ya dejaron de ser ficción y han tomado el presente como escenario de sus distopías, por tanto el cyberpunk como literatura desaparece dando lugar a nuevas estructuras que abandonan los pilares creados por esos escritores, cuyas obras tienen más de clarividencia que de ciencia ficción. Hoy este presente se parece más a ese futuro que soñaron los escritores en la década de los setenta, guerras corporativas, control total de la información, identidad personal como propiedad de multinacionales, héroes perseguidos por mercenarios informáticos, computadoras portátiles en el bolsillo. Por ello me atrevo a consolidar este nuevo concepto denominado cybergrind, del término anglosajón que literalmente significa cibermolienda. En esencia es una tesis que pretende demostrar los cambios que la sociedad está dispuesta a enfrentar por el abuso de esos privilegios que hacen la sociedad, nuestra generación no siente el vacío que nuestros hijos van a encarar debido a nuestra actitud indiferente del consumo y la destrucción. No será suficiente la tecnología para rellenar ese vacío espiritual, donde la fe de cada uno se desvanece ante el terror inminente de perder el control, donde la bestia más horrible es la familia que trata de sobrevivir en la casa de al lado. El cybergrind adopta la forma del temor más primordial del humano, perder su estabilidad, enfermedad del siglo XX donde se ha obligado a las sociedades a engordar viviendo vidas sedentarias, y esperando que se cumplan modelos, sin mayores pretensiones. Por naturaleza, el humano es un depredador y guerrero, ha sido concebido para luchar y solo la guerra parece completar su ciclo; siendo la otra opción el abandono total del deseo sometiendo la existencia a la meditación, vivir en espacios etéreos y singulares, cosas que no atraen a las organizaciones que mueven este mundo. Por ello que me atribuyo la creación y denominación de este género literario, porque tengo bases académicas e investigación que puede respaldar mi postulado, además que emprendo una cruzada contra los monopolios de la información, grave delito que afecta a la humanidad.

A.S.M.- En tu libro Hyperrealidad: El evangelio de las profundidades, interpretas el rol de Caronte, el personaje de la Divina Comedia, y conduces al lector del mundo real (en el que vivimos) al “infierno” (mundo oscuro). ¿Qué nos puedes decir acerca de esta tu novela?

R.R.G.- EL EVANGELIO DE LAS PROFUNDIDADES, nace una mañana de abril durante mi temporada de trabajo en la empresa TRANSREDES, donde aprendí sobre el negocio petrolero y pude saborear levemente el desarrollo al nivel primermundista. Sin embargo, el resultado era inequívoco, el sistema absorbía las personalidades de los trabajadores obligándoles a creer que sus vidas eran ideales sirviendo los intereses de la multinacional, y eso me recordó inmediatamente a Bruce Sterling y a William Gibson. Comencé a escribir esta novela primero en un blog (hyperrealidad.blogspot.com), era como una odisea virtual sobre un producto patentado que de repente no estaba bajo el control de los dueños, sino de una entidad celestial que se filtra a través de una antena de radiotelescopio situada en una luna de Júpiter. La personaje principal es una mujer hermosa y sensual que tiene una cierta superioridad sobre otros sujetos, es una genio en matemáticas y puede programar códigos complicadísimos, por eso hace contacto con ese ente celestial realizando un viaje de miles de vidas en un par de noches. Los otros personajes son marionetas de los eventos que estos seres arcanos despiertan. Es cierto que los índices de violencia son bastante exagerados, pero en un momento me parecieron atractivos dado el escenario que se explora exige que el personaje tenga cierto acceso a lo inmaterial y lo inalcanzable.

A.S.M.- Hay escenas en Hyperrealidad, que chocan la estructura emocional y la mente se siente anonadada. El lector ingresa en dimensiones desconocidas donde la muerte parece tener más valor que la vida. ¿Qué función cumple la muerte en tu obra? 

R.R.G.- La muerte, el número trece del tarot, un símbolo temido por los cristianos, pero venerado por las culturas más antiguas del mundo. En esta novela la muerte no es un elemento sagrado y tampoco una aberración. Durante la guerra la muerte es un índice de cálculo para iniciar negociaciones, y durante la revolución es un patrimonio que enriquece a los libertadores. En Hyperrealidad la muerte no es usada como un recurso adjetivo, peyorativo, ni retorcido para intimidar al lector, creo más bien que la vida por si sola sacude y convulsiona mucho más al individuo que la muerte misma; y eso es lo que sucede, las experiencias de vida de los personajes son referencias decadentes de nuestras propias vivencias, aunque en paisajes ficcionales. Y confieso que mi intención fue sacudir al lector con asco o con morbo, sonrío al saber que lo logré, pese a que lo relatado es duro; el noticiero de mediodía contiene información más decadente que podría contextualizarse en una obra como la mía y adornarse con recursos literarios.

A.S.M.- En Hyperrealidad la distopía emerge como algo normal y los personajes atraviesan laberintos que parecen no tener una salida.  ¿En qué momento, se produce ese escape hacia la salida, hacia la “luz”, hacia la superficie del océano, o hacía la solución del enigma?

R.R.G- Quisiera poder aclarar el cuestionamiento sobre la luz del laberinto, pero es una solución muy rápida que no podría darla sin haber publicado mis tres libros sobre hyperrealidad, pero la esperanza del personaje principal, su actitud guerrera, su tenacidad, su transformación y los eventos que logran su evolución hacia el estado superior de conocimiento, minimiza por completo los escenarios caóticos y desagradables que enfrentan en los universos explorados.

A.S.M.- Grandes personajes en la historia filosófica y espiritual del mundo han mencionado su ingreso al infierno, para conocer de cerca la oscuridad. Algunos dijeron que el conocer de cerca la “oscuridad”, les permitió reconocer el valor de la “luz”. ¿Es tu obra un preámbulo para conocer realmente el Yang habiendo reconocido el Ying?

R.R.G.- Dentro de la concepción cristiana de la dualidad, el infierno es la cara oscura, la noche y la caída, pero el punto de vista objetivo de hyperrealidad es totalmente prosaico. No soy cristiano y no reniego de la religión tradicional, sin embargo un enfoque mundano que podría explicar el texto de la novela puede ser un paso necesario hacia la concepción de una nueva humanidad, un hombre nuevo, una evolución intencional, sin tener que pasar por una prueba divina o una tentación, menos por un suplicio tortuoso, esas ordalías han creado supersticiones que aún golpean a las sociedades y el conocimiento se ve limitado a escalas inaceptables, pese a los colosales medios de difusión, aún imperan los prejuicios de la sociedad atormentada, el individuo vive lo que otros quieren que viva y come lo que le dan masticado. Y estoy de acuerdo con la concepción final del Yang, porque una vez concluida la lectura de Hyperrealidad se da una especie de suspiro porque el conocimiento transmitido te proporciona la luz prometida.

A.S.M.- Tu novela Hyperrealidad mereció un premio literario en 2011, y en su primera edición ya se agotó. En su segunda edición, será presentada en la próxima feria internacional del libro de Cochabamba. ¿Qué nos puedes decir respecto a esta presentación?

R.R.G.- Por lo que tengo entendido, esa primera edición se agotó por completo, no hay ni uno disponible y yo andaba diciendo por ahí que era escritor pero no tenía ni un solo libro para vender, por lo que emprendí editar un nuevo volumen de esta obra premiada, mucho más elegante y completamente diseñado por mi persona. He corregido muchos errores y he modificado aspectos que han enriquecido la obra distanciándose de esa primera edición. Me han apoyado este hermoso grupo de amigos denominado Supernova, por quienes su talento y experiencia me han impulsado enormemente en el desarrollo de mi vida artística, por ellos me siento muy entusiasmado en hacer este trabajo libre y placenteramente. Tengo planificado hacer una presentación sui generis en la feria internacional del libro de Cochabamba y repetir la misma en otros escenarios, será una sorpresa muy importante en el medio literario conjugar nuevas tendencias artísticas con lo tradicional.

A.S.M.- Hyperrealidad es una saga. ¿Qué nos puedes señalar acerca de tus proyectos futuros?

R.R.G.- Ciertamente Hyperrealidad es una saga, o un megalibro o un concepto. Al final se hicieron tres libros lo que era uno, y ese libro original que empezó a escribirse en el año 2002 en la ciudad de Santa Cruz y se terminó el 2012, ya eran tres distintos sin correlación o correspondencia temporal, se pueden leer por separado y en cualquier orden. Los siguientes dos se denominan: EL MARTIR DE LOS ORIGENES, y EL LIBRO DE LAS SOMBRAS. Puedo adelantar que no se parecen en nada a EL EVANGELIO DE LAS PROFUNDIDADES, son totalmente disimiles aunque el escenario tiene los mismos criterios como un argumento de fondo, que es el verdadero protagonista de hyperrealidad, un argumento y no un héroe o un villano. Pienso que mi trabajo enfoca la creación de sujetos que no puedes catalogar como Campbell, aunque prefiero denominarlos como servidores, guerreros y maestros. En EL MARTIR DE LOS ORIGENES existe una narración muy activa dentro de lo fantástico y épico, por otro lado el golpe del materialismo, como un aterrizaje forzoso en la tierra que decantan los académicos. En EL LIBRO DE LAS SOMBRAS postulo un mensaje más atrevido, porque en esencia el título significa el manual de un mago, y su contenido son las anotaciones del iniciado en su camino dentro de la magia.

En estos últimos tres años me he dedicado a investigar los conflictos geopolíticos en oriente medio, y su incidencia en el entramado energético. He escrito una novela que ha resultado muy distinta a Hyperrealidad, no es ciencia ficción, sorprenderá a quienes han leído mi trabajo.

Además, tengo una novela escondida llamada LA NUEVA ELITE, que es un relato sobre Cochabamba en el año 2035 después de una revolución económica que demuestra los cambios hacia una sociedad fascista, tengo esperanzas de publicarla algún día junto a EL JARDIN Y LOS NAUFRAGOS.

A.S.M.- Diriges una agrupación que se denomina SUPERNOVA, ¿cuáles son los objetivos de esta organización?

R.R.G.- Supernova es una sociedad de escritores de los géneros ciencia ficción, fantasía y terror con todas sus aristas y ramajes. Se formó de manera espontánea gracias a la iniciativa de Iván Prado, Gonzalo Montero, Dennis Morales y mi persona. Reunimos a los mayores talentos cochabambinos y descubrimos un mismo idioma que nos asombró empezando una excelente relación de trabajo que se ha prolongado en los últimos tres años. Los objetivos perseguidos por esta organización son fortalecer y difundir el trabajo artístico de los escritores de estos géneros mencionados en virtud de rescatar los talentos y creatividad de una nueva generación que tiene mucho que mostrar al lector. Tomamos a Cochabamba como epicentro del movimiento con expectativa de reunir la mayor cantidad de talento posible y expandir como una explosión hacia todas direcciones, de ahí que sale nuestro nombre reflejando un movimiento energético potente e imparable. Por supuesto que hemos cosechado bastantes frutos y excelentes relaciones debido a nuestra unidad y objetividad. Contamos con autores de primera línea como Vanessa Giacoman y Ana Triveño, cuyo estrellato nos favorece en demasía, y un joven escritor que es Miguel Sequeiros a quien admiro mucho, su trabajo recopila muchos elogios. Este variopinto equipo está avanzando en el difícil camino de la literatura, y alcanzando metas nacionales con interesantes contactos internacionales, pero principalmente queremos que el boliviano se sienta orgulloso de nuestros libros.

A.S.M.- Se acerca la feria internacional del libro de Cochabamba, y Supernova, está organizando el segundo coloquio de ciencia ficción y narrativa fantástica. ¿Qué nos puedes comentar al respecto de este evento como Coordinador de Supernova?

R.R.G.- Esta experiencia ya tiene varios años de desarrollo. El primer coloquio se realizó en la feria del libro de Cochabamba de 2013, se mostró al exigente público cochabambino que ya existía una sólida posición respecto a este tipo de literatura, como primera experiencia fue gratificante, los expositores demostraron una sólida base académica, no se cayó en la improvisación y se recopiló todo en video. Ya este año 2015 realizamos un evento similar en la feria del libro de Santa Cruz, donde se llevaron a cabo el desarrollo de temas muy importantes que dilucidaron el crecimiento de nuestros géneros por autores bolivianos, con la presencia de expositores internacionales y escritores muy bien posicionados.

Para esta feria del libro de Cochabamba tenemos pensado impresionar a los asistentes con hermosas presentaciones y magistrales exposiciones que atraerán sin duda a los lectores e intelectuales al foro de nuestros géneros. Pero el objetivo es mostrar que existe una dedicación absoluta a este tipo de arte y que Cochabamba lidera el boom con la mayor cantidad de material disponible y propuestas.

“El Valle del Sol”: Una aventura fantástica contada por Diómedes de Pereyra

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Por: Iván Prado Sejas, reseña

Diómedes de Pereyra con su novela El Valle del Sol” nos traslada de forma sorprendente por un mundo fantástico que emerge en la selva amazónica. En la novela aparecen vestigios de la civilización incaica, y los personajes emergentes pertenecen a mundos distintos. La búsqueda de riqueza por parte de un grupo de aventureros da lugar a un viaje por parajes impenetrables, donde espacio y tiempo se pierden en un presente lleno de acción y emociones encontradas.

El argumento se enfoca en un grupo de buscadores de tesoros que se interna en la selva desde el Brasil hacia regiones del oriente boliviano. Se diseña lo fantástico cuando de inicio aparecen petroglifos con símbolos de la civilización incaica. Luego, a partir de esas señales, aparece, como fantasma, cierto personaje que evoca a los incas. Con el conocimiento de que los incas poseían grandes cantidades de oro, los aventureros deciden descifrar el enigma y se internan hacia territorio inca. 

En la novela, se entremezclan elementos de aventura y de narrativa fantástica. La descripción que hace el autor de los lugares, posibilita al lector un ingreso a una selva viva que cada momento desea “tragarse” a los que desean invadir su espacio. El manejo del tiempo y el espacio hecho por el autor es bastante descriptivo. La mayor parte de las escenas están descritas en formato de “película”, donde resaltan imágenes de animales, aves y naturaleza salvaje. El contexto en el que actúan los personajes es de plena aventura.

Diómedes de Pereyra es un escritor y periodista boliviano que radicó por mucho tiempo en Estados Unidos. Publicó obras como “La tierra de los escarabajos de oro”, (1928), “Hojas al viento” (1935), “El valle del sol”, (1935), “Caucho” y “La trama del oro”, (1938).  El Valle del Sol fue reeditado por el Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia en 2013.

El “Valle del sol” de Diómedes de Pereyra es una obra pionera dentro la literatura fantástica boliviana y fue publicada en 1935 en su primera edición. La obra se caracteriza por una descripción minuciosa de los hechos y la trama atrae al lector ávido de aventura. Lo fantástico hace revivir una civilización que supuestamente ya estaba extinguida.  La novela se constituye en película que se proyecta en la mente del lector, dando vida a los personajes a través de sus acciones prolijamente descritas, dentro de un trasfondo psicológico particular. La obra es también una ucronía, puesto que el autor parte del hecho de que los incas no desaparecieron, simplemente se retiraron y mantuvieron su civilización en zonas alejadas en el amazonas.

Referencia:
Pereyra Diómedes de. (2013). El Valle del Sol. La Paz: Ministerio de Culturas y Turismo.

CIENCIA FICCIÓN Y FANTASÍA: A PROPÓSITO DE “UTÓPICA PENUMBRA” (CRÍTICA LITERARIA DE CF Y FANTASÍA ECUATORIANA)



Por Iván Rodrigo Mendizábal

J.D. Santibáñez compila una sugestiva colección de cuentos de ciencia ficción y fantásticos en Utópica penumbra: antología de literatura fantástica ecuatoriana, publicado en La Habana en 2013 por Colección Sur Editores y este 2014, en su versión ecuatoriana, por la Corporación Campaña de Lectura Eugenio Espejo.

Tal colección de cuentos es relevante ya que se trata de una aproximación a la literatura de ciencia ficción y la fantástica en Ecuador, escrita por una generación contemporánea de autores, algunos ya conocidos y otros aún jóvenes. La mezcla de escritores en este libro muestra las diferentes facetas de la escritura en los géneros señalados.

Antes de analizar la obra en cuestión, vale la pena aclararnos la relación entre ciencia ficción y fantasía. De hecho existe un amplio debate respecto a esta cuestión, debate que pone en evidencia, en unos casos, que no existe relación alguna y, en otros, una defensa respecto a la hibridación o los límites tenues que pueden existir entre ambos géneros.

La ficción fantástica

Para quienes defienden una cierta relación, el nexo inmediato está en los planteamientos de Tzvetan Todorov en Introducción a la literatura fantástica ([1970] 2006). En éste lo fantástico es un género que delimita fronteras de donde emerge luego la ciencia ficción.

Así, para Todorov es cardinal la dicotomía real e imaginario para definir a lo fantástico, y desde allá, los subgéneros que se derivan. En tal sentido, lo real y lo imaginario implican la diferencia “entre lo que es y lo que no es” (p. 173). Esto llevaría a una vacilación en el lector frente al relato y lo que le asombra –o lo “sobrenatural”–. De este modo, la definición en Todorov es: “Lo fantástico ocupa el tiempo de esta incertidumbre; en cuanto se elige una respuesta u otra, se abandona lo fantástico para entrar en un género vecino: lo extraño o lo maravilloso. Lo fantástico es la vacilación que experimenta un ser que sólo conoce las leyes naturales, ante un acontecimiento al parecer sobrenatural” (p. 24).

La sensación de incertidumbre, de vacilación, de ambigüedad ante lo narrado es lo que hace que el lector concluya apostando por una de dos posibles interpretaciones: o estuvo ante algo producto de su imaginación, o ante algo que sí pudo haber pasado pero que él no puede explicarlo con sus propios conocimientos; así el lector está en el lugar de los personajes del relato, cuestión que lleva a que la vacilación esté formulada en su interior, además del acontecimiento. Entonces, dependiendo de la lectura, o se está en lo fantástico, o se puede ir a lo extraño o a lo maravilloso; así lo fantástico vendría a ser un género límite entre éstos. Cuando el lector percibe que lo narrado tiene sus propias leyes y que con ellas queda explicado un fenómeno, se está en lo extraño; y cuando siente que hay nuevas leyes que permiten revelar el acontecimiento, se remite a lo maravilloso.

Luego de definir a lo fantástico y de delimitar sus extremos, Todorov plantea los subgéneros que se derivarían: lo extraño puro, lo fantástico-extraño, lo fantástico-maravilloso y lo maravilloso puro. En una rápida revisión de los conceptos que están alrededor de tal categorización encontramos cuatro escenarios literarios.

El primero es el relativo a lo fantástico y su relación con lo extraño; es decir, lo fantástico-extraño donde “los acontecimientos, que a lo largo del relato parecen sobrenaturales, reciben, finalmente, una explicación racional” (p. 45). Lo insólito aparece explicado por algún artificio semántico.

El segundo concierne a lo fantástico y su relación con lo maravilloso. Entonces lo fantástico-maravilloso supone “relatos que se presentan como fantásticos y que terminan con la aceptación de lo sobrenatural” (p. 52). Lo insólito no requiere ser racionalizado.

El tercero es relativo a lo extraño. Acá aparece lo extraño puro. En este marco “se relatan acontecimientos que pueden explicarse perfectamente por las leyes de la razón, pero que son, de una u otra manera, increíbles, extraordinarios, chocantes, singulares, inquietantes, insólitos y que, por esta razón, provocan en el personaje y el lector una reacción semejante a la que los textos fantásticos nos volvió familiar” (p. 46). Lo insólito se explica racionalmente.

Finalmente lo tocante a lo maravilloso, donde se halla lo maravilloso puro: “En el caso de la maravilloso –dice Todorov–, los elementos sobrenaturales no provocan ninguna reacción particular ni en los personajes, ni en el lector implícito. La característica de lo maravilloso no es una actitud, hacia los acontecimientos relatados sino la naturaleza misma de esos acontecimientos” (p. 54). Lo insólito está allá y no pide ni explicación.

De acuerdo a lo anotado se puede constatar que el género fantástico supone límites como lo extraño y lo maravilloso. Este hecho define una constelación de subgéneros que se caracterizan ya sea por la explicación o no de los acontecimientos del relato. En este marco cabe señalar la ampliación que Todorov realiza respecto a las definiciones de lo fantástico, lo extraño y lo maravilloso: si se considera que lo fantástico es un género evanescente, y aunque en los relatos pareciera estar el presente, según él, habría que pensarlo precisamente en términos de: “(…) un puro límite entre el pasado y el futuro. [Por lo tanto, la] comparación no es gratuita: lo maravilloso corresponde a un fenómeno desconocido, aún no visto, por venir: por consiguiente, a un futuro. En lo extraño, en cambio, lo inexplicable es reducido a hechos conocidos, a una experiencia previa, y, de esta suerte, al pasado. En cuanto a lo fantástico [entonces], la vacilación que lo caracteriza no puede, por cierto, situarse más que en el presente” (p. 42).

Esto le permite, por fin, señalar que dentro de cada uno de los subgéneros habrían tipos de relatos característicos. Es el caso de lo fantástico-extraño, donde hay los que contienen explicaciones como el azar, las coincidencias, los sueños, las drogas, los juegos trucados, las supercherías, la ilusión de los sentidos, la locura, entre otros. En lo fantástico-maravilloso, los relatos sobre lo sobrenatural. En lo extraño puro, es posible encontrar los relatos ligados al miedo o al terror, e incluso el policial. En cuanto a lo maravilloso puro Todorov señala los relatos de orden hiperbólico, los exóticos, los maravillosos-instrumentales y los maravillosos científicos. Éstos últimos tendrían que ver con la ciencia ficción.

La ficción fantástica y la ciencia ficción
De hecho, la discusión que establece Todorov es harto complicada pero igualmente interesante por cuanto, no obstante trata de distinguir los subgéneros, termina abriéndonos la posibilidad de relaciones que rompen con la pureza de toda definición. En tal sentido, la ciencia ficción se desprendería de lo maravilloso puro donde lo que importa son los acontecimientos que aún no se conocen y que pueden suscitar interés dada su naturaleza, aunque estos no necesariamente despierten asombro. Por ello se puede decir, incluso cotejando y contradiciendo a Todorov, que los mundos de la ciencia ficción supondrían hasta cierta exageración de aspectos, haciendo aparecer mundos que no podrían ser posibles para nosotros en la Tierra, pero sí en otros planetas, donde existirían otras condiciones no conocidas y que pueden dar lugar a mundos hiperbólicos (por ejemplo, pienso en Edén (1959) de Stanislaw Lem). Igualmente muchas de las exploraciones espaciales literarias pueden introducir imaginarios exóticos (como los que estaban en los trabajos de ciencia ficción de Edgar Rice Burroughs) o incluso los autores pueden describir y jugar con gadgets o aparatos que, puestos en mundos pasados, presentes o futuros, ayudan a construir mundos diferentes y extraños (examínese, por ejemplo, la literatura steampunk). Empero, y con propiedad, si nos ceñimos a Todorov, lo que tiene que ver con lo maravilloso científico vendría a ser ciencia ficción, donde hay explicación racional de algo que todavía puede no encajar, pero puede ser posible, usando las leyes de la ciencia y elaborando probables hipótesis (Todorov parecería estar pensando más en la literatura de Wells o incluso la de Verne, antes que en la ciencia ficción contemporánea).

Como se observa, la ciencia ficción tiene un nexo más relacionado con lo fantástico, si se adopta la perspectiva de Todorov.

Empero sí cabe plantearse el hecho de lo inexplicable o lo que escapa a lo que puede ser considerado como “normal” y que rompe el hilo conductor de un relato, cuestión que suscita la sensación de incertidumbre. Del mismo modo es menester considerar lo normal puesto en mundos otros, los cuales en algún caso pueden ser posibles, hecho que no causa incertidumbre sino más bien permite imaginar ciertas cosas tomando en cuenta leyes de la ciencia. Digamos, para extender más esta materia, que la ciencia ficción se sitúa en situaciones concernientes o ligadas al impacto de las ciencias y las tecnologías, sobre todo proyectadas a mundos que tienen como escenarios mundos futuros –aunque ello también podría estar en duda–.

La ciencia ficción

Darko Suvin, en Metamorphoses of Science Fiction: On the Poetics and History of a Literary Genre (1979). plantea que la ciencia ficción supone un tiempo empírico diferente del real, escapando de la mímesis instalada en la literatura realista (p. viii).

Dice Suvin que para lograrlo, en la ciencia ficción se emplea la estrategia del distanciamiento o del extrañamiento, donde lo que se representa lleva a la impresión de que hay un tema que se conoce pero al mismo que parece desconocido. Esto quiere decir que, diferente a la cuestión que se da en lo fantástico, el mecanismo de la ciencia ficción hace que todo pueda aparecer como extraño, sin que esto necesariamente lleve a la incertidumbre. Acá entra en juego la cognición, es decir que lo que se representa aparece como una realidad nueva para el lector.

La ciencia ficción, entonces, define Suvin como la interacción entre el distanciamiento y la cognición, “cuyo principal recurso formal es un marco imaginativo alternativo distinto del ambiente empírico del autor” (pp. 7-8). Con ello se logra que en el interior del relato de ciencia ficción se establezca lo que le hace funcionar y lo que lleva a que exista el gusto, las comunidades de lectores, la interpretación y la producción de significado: el novum. Éste se puede traducir como novedad o como innovación pero que es validado por la lógica cognitiva (p. 63).

Con el novum, por lo tanto, se da el distanciamiento y lo cognitivo. En el interior del relato de ciencia ficción, el novum lleva a que se articule un mundo posible, diferente y extraño. Es decir, un nuevo emplazamiento donde es posible situarse imaginariamente.

Desde este punto de vista, mediante tal desplazamiento narrativo, la ciencia ficción también se erigiría como “historia del futuro” donde, mediante el cronotopo, mediante el espacio narrativo imaginario que crea un tiempo, ayudaría al lector a representarse un tiempo otro con su propia localización y sus propias reglas. La ciencia y la tecnología vendrían a ser parte del entramado. Pero la ciencia y la tecnología hoy ya no vendrían a ser determinantes, como en la antigüedad, para que exista ciencia ficción. No obstante ello, es claro señalar que bien puede haber literatura de ciencia ficción donde la tecnología puede ser la fuente de transformaciones del ser humano; o sociedades tecnocráticas que llevan a que éste sea parte del engranaje y no el motivo de su desarrollo. Es también común la ciencia ficción donde el novum nace de los viajes espaciales o de la exploración de los mundos desconocidos. En todo caso, hay quienes, como Philip K. Dick en su ensayo “My definition of science fiction” (1981), señalan que las historias de ciencia ficción no tienen que ver con viajes en el futuro –los cuales se definen como aventuras espaciales–, aunque aparezcan tecnologías fantasiosas hoy no conocidas. Lo que importa en ellas es que aparezca una sociedad ficticia, no conocida pero que refleja nuestra sociedad. Así, tal reflejo actuaría como un salto, como una imagen mirada en sesgo, donde la sociedad mostrada es alterna.

Los cuentos de Utópica penumbra
Quizá con estos presupuestos ahora vale la pena analizar Utópica penumbra: antología de literatura fantástica ecuatoriana compilado por J.D. Santibáñez.

La obra trae once cuentos, cada uno con diferentes temáticas. Entre ellos hay textos de impresionante fuerza narrativa y otros que se resienten en su tratamiento. Eso no quiere decir que el libro no sea un aporte valioso a la literatura de ciencia ficción y fantástica en Ecuador. Personalmente considero ciertos cuentos que merecen atención por su calidad y las temáticas que introducen.

Es el caso de “Neblina” de Santiago Páez. De éste se conoce un sólido trabajo en el campo de la ciencia ficción –con obras de mayor envergadura como Profundo en la galaxia (1994), Shamanes y reyes (1999) o Crónicas del breve reino (2006)–, hecho que se confirma con este cuento que trata del encuentro de dos viajeros, dos perseguidores de hacedores de niebla. La mujer, Gualda, le revela a Albano que, no obstante creerse perseguidores, en realidad ellos son también generadores de niebla con cuya energía arrasan poblaciones. El dilema se instala en el hecho de que ambos, presuponemos escapan, aunque en realidad buscan refugio y lo logran cuando se establece una especie de relación de perseguidor-perseguido, de amantes y de rechazo, hecho que les fuerza a mantener el camino en Cayambe, lugar donde se inicia la trama. Aunque la historia puede leerse como algo fantástico, sobre todo cuando se plantea la niebla y sus portadores como asesinos, hecho que nos transporta a un mundo sobrenatural, el giro que le da Páez es hacia la ciencia ficción donde se puede apreciar el extrañamiento y el novum: es mundo postapocalíptico en el que están los personajes y la conciencia de que ellos son los que llevan una especie de maldición que somete a la humanidad.

El cuento de Leonardo Wild –autor de Orquídea negra o el factor vida (1999), Cotopaxi, alerta roja (2006) o Yo Artificial (2013)– “¡Despierta, es hora de trabajar!” es igualmente precioso. En éste un hombre, para escapar al cáncer y a sabiendas que en el futuro habrá la cura, entra en un programa de hibernación por medio del cual despierta en el 2057. El mundo entonces ha cambiado, el capitalismo ha transformado todo y el protagonista, James Lincoln, es ahora propiedad de una empresa que negocia con los recursos naturales de la Tierra y Marte. Puesto que a Lincoln se le revive 50 años después de su decisión, la empresa que ha comprado las acciones de su predecesora que entró en quiebra, ahora le quiere cobrar los derechos de haberle congelado por otro tiempo. El problema radica en que la empresa, para justificar los costos y los gastos de manutención y cura de su cuerpo, quiere retenerlo cobrándole la deuda acumulada. Lincoln tiene dos alternativas: o trabajar a destajo en unas minas en Marte, o laborar como un sujeto pensante y creativo al servicio de la empresa, con todas las comodidades del caso. Wild nos pone ante un hecho fundamental de la sociedad del conocimiento, donde el capital intelectual es valorado y usufructuado por las transnacionales en demérito de la mano de obra. Pero el conocimiento, en este caso, si bien sirve para la productividad, al mismo tiempo solo se ve como beneficiosa para el crecimiento del capital. Aunque la solución que halla a su dilema Lincoln nos puede parecer fantástico, acudiendo a la teoría de los ciclos de Kondratieff, todo el cuento más bien transmite esa sensación de extrañamiento en el propio personaje al encontrarse atrapado en un mundo de explotación notable; pero esta situación sirve a Wild para establecer el novum, pues la maquinaria capitalista a la que ahora está sometido Lincoln y a la cual él también ayudó a consolidarla en su momento, ahora la ve como monstruosa; eso no le impide a tomar conciencia a proseguir en el mismo juego. En otras palabras, es un cuento que evidencia que una vez instalada la máquina social del capitalismo como deseante en el inconsciente de un individuo, al modo de Deleuze y Guatari –de Mil mesetas (1980)–, este se convierte en un brazo del poder, siendo además su ejecutor. El cuento, en este sentido, descubre, si se quiere, la crueldad de la lógica mercantil.

El cuento “El otro” de Fernando Naranjo es otro de los más sugestivos de la compilación. El autor es conocido por su novela La era del asombro (1995) y el libro de cuentos Cuídate de los coriolis de agosto (2006), ambos de ciencia ficción. En el cuento en cuestión presumimos que el joven Robin, el compañero de Batman, a quien se refiere como Bruce, le cuenta que ha caído en desgracia por la serie de eventos desafortunados, incluida una violación que cometiera. El problema es que él traspasa alguna frontera de los universos paralelos y se encuentra con su otro yo –incluso se puede presumir que éste más bien ha traspasado el universo paralelo en el que está, hacia la realidad–. Entonces, bajo esta situación, el protagonista ve hacer cosas a su doble, al otro, sin que pueda detenerlo; está consciente de lo que está pasando y al mismo tiempo está impedido de poder detener cualquier situación. La maestría de Naranjo está en el hecho de tratar el asunto con color, con una fina ironía que pone el mundo de los cómics en una cierta paradoja: sus personajes salen a comprobar la realidad, es decir, exceden su propia condición y van al mundo “real” a vivir como cualquier ciudadano de la calle. De ahí que el escenario que pinta el autor es localista, con sus giros lingüísticos y sus situaciones, hecho que nos pone en que lo familiar de pronto se vuelve extraño.

El cuento de Solange Rodríguez Pappe, “¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?” es también atrayente. En el propio título resuena el homónimo film español de Fernando Colomo, pero sobre todo la canción de Burning. A Solange Rodríguez la conocemos por sus libros de cuentos más en el contexto fantástico. El cuento en mención es de ciencia ficción acerca de un encuentro y una relación fortuita, silenciosa, en algo así como un aeropuerto donde la personaje de la narración, humana, mimetizada con un disfraz, pretende tomar un arca para transportarse a una galaxia. Estamos en el contexto de un no-lugar, un emplazamiento de paso, donde los viajantes deben ser esculcados y registrados. Como sucede en los aeropuertos con sus sistemas de policiales, el cuento transmite la sensación de estado de vigilancia y de control al que son sometidos diversidad de especies, entre ellos los humanos, quienes deben ser desinfectados dada la cantidad de bacterias que portan, las cuales podrían ser usadas como armas biológicas. La personaje entonces debe tratar de ocultar su identidad, su olor, su cuerpo; en la fila de espera está otro personaje con quien establece una relación de complicidad porque también es otra humana. Lo impresionante del cuento es esa pintura acerca de los filtros migratorios, pero sobre todo, lo que tiene que ver con las políticas de paso en los viajes. Si tuviéramos que ver desde otro plano, desde la distancia, desde los aeropuertos, nos daríamos cuenta, en efecto, de la violencia simbólica de tales políticas las cuales se relacionan con la selección, el apartamiento y el marcado de la identidad y del cuerpo. Esta vez los humanos son vistos como peligrosos para las demás especies; éstas determinan su circulación hacia el espacio exterior. En esta paradoja radica el hecho y la concienciación de que los seres humanos somos una amenaza constante.

Más en el tono fantástico se encuentran una serie de cuentos con sus particularidades propias dignas de mencionar. Por ejemplo, el cuento de Jorge Valentín Miño, “Las espinas son para usted; puede tirar las rosas al sanitario, si lo desea”, acerca de un diseñador o un dibujante que trabaja supuestamente en los estudios Disney. El personaje pierde la dimensión en el que está gracias a una mancha roja que le absorbe o lo vuelve absorto. Miño plantea el tema de las planos multidimensionales y cómo en cualquiera de ellos uno puede estar atrapado. Si lo tuviéramos que ver como ciencia ficción es evidente que nos faltan los datos que expliquen dicha realidad, pero si lo analizamos desde lo fantástico, nos damos cuenta de nuestra desubicación, del mismo modo que el del personaje, en las dimensiones en las que trata de jugar. Lo interesante del caso es que la idea de fondo es la propia técnica de la animación como sistema de planos superpuestos y que en conjunto forman una imagen total. Esto es lo que transmite con eficacia Miño de modo fantástico, pero el propio hecho de que el personaje debe ahora tratar de recuperar su estado es aún más inquietante.

También fantástico es “Después” de Renata Duque. El escenario es postapocalíptico. En principio supone un viaje por las ruinas, por lo asolado. Es una mujer y aparentemente su acompañante, como testigos de la destrucción de la Tierra –cataclismo, alguna cuestión medioambiental–. Sentimos que los efectos de lo destructivo se corporizan con las gotas de sangre de la personaje cuando se está bañando y la convicción de que no es inmune. El escenario es descrito con mucha agudeza, a partir de los recuerdos de la televisión y del documental. En tal sentido, la estrategia narrativa es también como cinematográfica: párrafos y frases cortas frente a otras medianas, lo cual define un ritmo que obliga al lector a estar sometido al trajín narrado –recordando mucho a la estética de Cormac McCarthy, particularmente de La carretera–. Lo fantástico está en el hecho que la autora cambia de eje al final, cuestión que nos hace dudar, como le pasa a la protagonista, del evento narrado y de su compañía; en otras palabras, se instala la incertidumbre de si estamos ante alguien que vivió el apocalipsis o este es un sentimiento nacido del estado de la personaje.

Es interesante igualmente el cuento de J.D. Santibáñez, “El guardián y el mago”. En éste un par de vengadores celestiales van a enfrentar a un ser demoníaco; pero para conseguirlo convencen a una humana quien va a ser el cebo para su acción. El tono del cuento al principio parece ser el de terror, pero luego va transformándose más bien a uno fantástico con cierto aire gótico. En la medida que el grupo va adentrándose a las puertas de ese mundo que está detentado por el guardián, el autor pinta un mundo inestable. A ratos el texto evoca en las imágenes que logra en el lector, al film Matrix de los hermanos Wachowski, pero en este caso no hay ciencia ficción, sino más bien un texto fantasioso que a ratos se desmejora con algunas ideas cristianas.

El cuento de Julie Jibaja, “Conozco a los humanos, y no me gustan cómo son” es un texto acerca de un asesinato y un suicidio: una mujer cumple una venganza autoimpuesta, elimina a otra mujer y luego a su amante. El tono fantástico está en el hecho de que la supuesta mujer es un ser no humano, una especie de animal con tentáculos que debe someter a los humanos, culpándolos de la muerte de su madre cuando este ser aún estaba en gestación. Quizá el cuento se resiente porque al tratar de mostrar los planos de realidad en los que se sitúa la personaje, no logra que nos hagamos una idea de los sucesos. Probablemente en juego esté el tema de la esquizofrenia puesto en una dimensión fantástica de la cual tampoco nos sorprendemos.

“Elecciones” de Alexandra Dávila es un cuento de carácter médico. El tema es la infección cancerosa que afecta a Pablo, quien ante la noticia, decide conocer el mar. Lo fantástico está en el hecho de que el cuento se adentra al mundo orgánico. Como si se tratara de un mundo autoorganizado, autogobernado y autosuficiente, los cuerpos vivientes dentro de ese mundo tienen funciones establecidas, funciones que no pueden negar de cumplir. Se trata de describir una máquina y su sistema de funcionamiento. Ante la situación de qué pasaría si un cuerpo no cumpliese su función, es evidente que empieza el desequilibrio y, por lo tanto, la infección total hasta liquidar a la máquina social. La preocupación de la autora por el funcionamiento de la máquina y el cuerpo CPX-27 en un momento es cautivadora, pero el mundo posible que plantea se desdibuja cuando nos hace volver a la realidad en los párrafos finales, por demás explicativos, donde se pierde la dimensión fantástica que trataba de explorar.

“Grado cero” de Gabriela Alemán también se sitúa en el plano de la enfermedad. Es el relato de una mujer que por efecto de una mala cura de un resfrío común termina viendo alucinaciones; entonces, ella narra el periplo a un centro de rehabilitación, el acostumbramiento de su estado emocional y corporal, y pronto una relación casi misteriosa con otro ser humano casi en iguales condiciones que ella: un ser liminal. La estrategia de la autora es una narración en primera persona, casi atosigante. Lo realiza tratando de evitar párrafos, obligando al lector que incluso no pueda respirar entre frases. Si Alemán experimenta con la lectura tratando que esta misma refleje el estado sicológico de la personaje, es evidente que su cuento es muy interesante. El problema radica, al mismo tiempo, en el hecho que por ese mecanismo, la dimensión fantástica se pierda y más bien nos encontremos con un texto realista.

Del mismo tono es el cuento “Autorretrato” de María Leonor Baquerizo. Un hombre que convalece en su casa, luego de salir del hospital; su esposa que lo atiende, a más de la servidumbre; peros sobre todo un extraño olor que va posesionándose en la casa. De pronto hay una sombra o un cuerpo que va apropiándose del convaleciente. La historia tiene el estilo de los cuentos de fantasmas o de aparecidos. Quizá lo mejor, la parte fantástica, se refiere a la de los cuadros y su cambio de textura. Por lo demás, falta el factor de asombro, de incertidumbre; éste es previsible a la mitad del cuento.

A modo de conclusión
Utópica penumbra, obra compilada por J.D. Santibáñez, es un interesante aporte a la literatura ecuatoriana en tanto expone un conjunto de cuentos relacionados con la ficción fantástica y la ciencia ficción. Como señalé al principio es evidente que hay cuentos que tienen una fuerza tal que hace posible su lectura, en tanto otros, probablemente por su prosa, no llegan a convencer del todo.

Del conjunto de cuentos de ciencia ficción es importante resaltar las cuestiones relativas al distanciamiento o extrañamiento y a lo cognitivo que llevan al novum. Tal distanciamiento es clave para que podamos apreciar la constitución del mundo actual en un mundo posible alterno y futuro. Esto se puede ver en el trabajo de Páez, Wild, Naranjo y Rodríguez Pappe. Los mundos que esbozan nos parecen familiares, pero en el fondo son también extraños, diferentes y hasta cuestionadores. Por este efecto, en el plano cognitivo, se establecen temáticas como la necesidad de compañía, la necesidad de formar un común, pero al mismo tiempo, el hecho que ello implica, la tensión que puede llegar a destruir una relación, como es el caso del cuento de Páez. Las relaciones humanas vistas como portadoras también de problemas es algo que nos pone, con sutileza, a discutir la socialidad humana. La explicación sobre la naturaleza humana, sobre la máquina corporal y su energía es un vehículo de ciencia ficción para llegar a mostrar la cuestión de los sentimientos en juego. En Wild, como ya se planteó, está en juego la imagen de la sociedad del conocimiento, pero sobre todo del postcapitalismo donde el tema del dinero como fuente de generación de valor se contrapone con el cuerpo, con la mente como generadora de valor. Igualmente estamos ante otra máquina, la del capitalismo con su juego perverso de convencimiento y de atrapamiento, donde el ser humano es un engranaje; la cuestión de esa perversidad es poder sacar provecho de ella y eso es lo que pone en evidencia el cuento de Wild. En este marco, su trabajo incluso tiene visos éticos, es decir, de cuestionamiento hacia lo que es y lo que debe ser. En el texto de Naranjo, la máquina del tiempo es paradójica, pero no es una máquina ideada por el ser humano en el cuento, sino una máquina ficticia o literaria que permite ver con fino detalle el comportamiento de la sociedad: la máquina literaria, la cual Naranjo emplea con conciencia, nos pone ante la paradoja de las decisiones, ante el tema de ser observadores o actores de nuestros propios destinos. La maquinaria literaria funciona también en el cuento de Rodríguez Pappe para hacernos ver, como cosa extraña, el tema de la migración. Nada más interesante ver, si bien todo al aparato policial en juego, sobre todo el juego de complicidades y de distancias entre pasajeros, hecho que implica darnos cuenta de una sociedad basada en el permanente ejercicio del poder y del temor. En todos ellos, hay explicaciones racionales, planteadas de forma poética, que permiten considerarlas como dignos ejemplos de ciencia ficción. Del mismo modo, el cuento trae a la mesa de discusión el tema de la interacción de identidades y de especies, abriendo un camino enorme a una discusión que es contemporánea.

En cuanto a lo fantástico, tomando en cuenta la cuestión de cómo lo normal puede suscitar una sensación de incertidumbre, el cuento de Miño es interesante por cuanto nos pone, como el personaje, a dudar de los planos de la realidad y de lo real. Quizá cabe señalar acá la sutil diferencia entre estos dos aspectos: la realidad como una construcción del lenguaje y del imaginario y lo real como ese vacío que es enmascarado por la realidad, en términos de Slavoj Zizek en Mirando al sesgo (2000). El cuento de Miño expone la ruptura que implica ese visión placentera de la realidad para pasar a lo real, hecho que nos hace dudar de nuestra propia situación y del horror ante lo que puede implicar la enfermedad. Por ello, los restantes cuentos sobre este tema, en el libro Utópica Penumbra, parecen ubicarse en este entorno, pero de modo quizá más realista, hecho que hace ocultar la sensación de incertidumbre que puede incluso suscitar el desequilibrio en un momento del estado mental. El trabajo de Duque es, probablemente, el más aleccionador en usar este recurso al mezclar la apariencia con lo real, incluso de modo figurativo, jugando con lo simbólico lacaniano, es decir, con la imagen apropiada que traspasa a la realidad y con la cual sobrevivimos. Éste pudo haberse explotado con más detenimiento por ejemplo, en los trabajos de Alemán o Jibaja y aun el de Santibáñez.

Finalmente cabe señalar un apunte formal: la edición cubana me parece un tanto más cuidada que la ecuatoriana donde se deslizan algunos errores tipográficos.

Fuente: http://ecucf.blogspot.com/2014/10/ciencia-ficcion-y-fantasia-proposito-de.html

Las posibilidades de la ficción



Por: Mauricio Murillo

Muchos autores nos han dicho que solo hay tres temas sobre los cuales se escribe siempre. El número, como los temas, varía, pero es un lugar común decir que ya todo está contado y que cada libro nunca es original. Entre las breves listas aparece casi siempre el tema de la guerra o de la violencia. Esa recurrencia del daño está escrita desde las epopeyas de Homero hasta la novela que quieran elegir que se haya publicado este 2015. La búsqueda de originalidad en la literatura por lo general cae en el territorio de lo artificial (en mal sentido) y de lo forzado. Si bien las vanguardias buscaron romper con lo que les antecedía, lo hicieron también desde un interés sobre todo en la obra que se producía. Las rupturas fuertes, por lo general son producto de un trabajo y de una concepción complejos.

Pese a esto, si revisamos la historia de la literatura podemos ver que un gran porcentaje, una mayoría absoluta, de los libros que marcaron una época, que no se han dejado de leer o que, en todo caso, han producido lecturas, críticas y diálogos, no son los que instauran una fractura. Debido a esto es que, por buscar escrituras nuevas o audaces, muchas veces el lector se extravía de lo que de verdad importa en un libro. Creo que lo mismo pasa con algunos autores, buscar ser distinto, diferenciarse de lo hecho, a veces lo lleva a construir experimentos enrevesados que no nos dicen nada o que, por otro lado, nos aburren.
En este mismo tenor, pasa algo parecido cuando lo que le interesa a un autor es mostrar un lugar específico de un planeta, marcar una localía forzada dentro de la escritura. Con riesgo de sonar redundante y repetitivo, pasa algo parecido con un lector que le reclama a un libro que represente el lugar de nacimiento del autor, los problemas políticos y la mirada autóctona (tal vez exagero con esta palabra). Así como la búsqueda siempre fracasada de originalidad, el anteponer un lugar del planeta antes que la narración le quita mucho a una obra. Esto no quiere decir que un libro no pueda estar en comunión directa o diálogo con territorios específicos, y que al hacerlo diga mucho de ese lugar. Hay muchas novelas o cuentos que no funcionarían sin relacionarlo con el referente urbano al que se apegan (se me ocurren dos ejemplos: “Ifigenia, el zorzal y la muerte”, cuento de Óscar Cerruto, y “La muerte y la brújula”, de Jorge Luis Borges). El acto contrario, el de alejarse deliberadamente de un espacio local y propio por una búsqueda de exotismo y diferencia, produciría un resultado semejante. Evitando sonar afectado (y tal vez sin poder lograrlo), los buenos libros que leemos están por encima de la posibilidad de descubrir lo nuevo y fundarlo, y de lo apegado o alejado que se encuentra la trama (ya que hablamos de textos narrativos) del lugar al que la escritora o el escritor pertenecen, o del que vienen o del que huyen.

Sospecho que esas dos actitudes se evitan de manera favorable en la novela El hombre, de Álvaro Pérez, y partiendo de eso, ya se puede decir que es que es un libro altamente recomendable. Basta una primera lectura para reconocer que la novela de Pérez no intenta mostrarse como una novedad ni se obliga a retratar (o a alejarse) de la coyuntura de su autor. Es un libro sincero, claro, y eso lo hace por demás destacable.
En este sentido, habría que adelantar de una que se inserta en el género de Ciencia Ficción (CF). Escribir dentro de un género no es lo mismo que hacerlo “libremente”. Escribir dentro de un género exige respetar ciertos tópicos, seguir ciertas corrientes, no romper una lógica instaurada hace décadas. Escribir dentro de un género trae consecuencias. Al determinar y delimitar un horizonte como el de la CF, también de alguna manera se establece un pacto con el lector. Para los que les gusta ver extremos y decisiones terminantes, esto no hace ni mejor ni peor un libro, no tendría que ser ni malo ni bueno. Pero al hacerlo, les repito lo de inscribirse en un género, el autor adopta un camino ya recorrido, o mejor, ya delimitado. En relación a la CF, El hombre es un gran exponente de este tipo de novelas en Bolivia, de las mejores que se han escrito.
La novela se terminó de imprimir en 2013 (eso leemos en la edición realizada por el Grupo Editorial Kipus), pero empezó a llegar a las librerías en 2014; tal vez es algo arbitrario de mi parte, pero me parece que ese es el año en el que habría que pensar su aparición (habría que destacar la publicación, también en 2014, de Iris, novela de CF de Edmundo Paz Soldán; un buen año para el género en nuestro país). La obra de Pérez, como buen exponente de CF, es política, pero no en la manera en que hemos venido entendiendo en nuestro país este término (asociado, por lo general, con ese burdo teatro de gente, por lo general, incompetente, que trata de detentar el poder y la plata), sino que es un libro que nos permite reflexionar sobre la violencia, sobre la guerra, sobre los delirios de poder y, del mismo modo, sobre la realidad (de una manera ontológica), sobre nuestra condición de seres humanos, sobre lo que tenemos seguro pero que no lo es.

Así es que una de las propuestas más interesantes de El hombre (que, por otro lado, es una discusión recurrente en la CF) es la presentación de las teorías de universos infinitos y, a la vez, de universos simulados. Eso nos enfrenta a las preguntas –como Pérez lo explicita en una entrevista publicada en el portal Amazing Stories (y realizada por Iván Prado Sejas)– de ¿qué tal si ahora vivimos en una realidad creada mediante ordenador? ¿Qué tal si fue así desde siempre? ¿Qué tal si mi idea de eternidad no representa más que un par de horas en un nivel superior? Acompañando estas reflexiones está la importancia de un mundo virtual (tal vez sería más adecuado utilizar el plural). El espacio de los video juegos es fundamental en la novela de Pérez. De este modo, podemos marcar también la complejidad y las posibilidades de la ficción en una época como la nuestra. Los video juegos son una de las instancias más interesantes y propositivas de los últimos años en cuanto narrativa y construcción de espacios ficcionales. Pérez parece saberlo, es por esto que las reflexiones sobre la realidad se hacen tanto más interesantes cuando las cotejamos con un mundo virtual tan presente como es el de los video juegos. Sin adelantarles mucho de la trama (ya que esto no es un resumen), es inevitable destacar que uno de los principales personajes del libro es un creador de video juegos, y que a partir de este producto se empieza a desarrollar una trama bélica y de espionaje que pone en crisis la vida del creador, pero también, y sobre todo, la vida de toda la humanidad.

Ya que he utilizado la palabra “teoría”, me parece que es necesario detenernos un momento en esto. La CF siempre ha funcionado a contrapelo de teorías comprobadas y que no lo fueron. Se basa en hipótesis, pero también ha revolucionado concepciones científicas y ha permitido avances. Mi conocimiento de la física cuántica, de la teoría de cuerdas y de lo universos infinitos (y su posibilidad) es más bien limitada, es por esto que no podría marcar los aciertos o errores de Pérez en su novela en relación a tales dominios científicos. Pienso, entonces, que justo eso es lo que nos atrae a los lectores comunes de la CF. Poder disfrutar de un mundo extraño y científico, con teorías complejas, poder leer sin parar algo que de verdad nos da curiosidad y nos confunde, pero dándonos pautas para no perdernos.

El año pasado (2014), también salió una película insertada en el género del que estamos hablando. Christopher Nolan, el de la trilogía de Batman, presentó Interestellar. Esta película es tal vez una de las más importantes del género en los últimos años. Recuerdo haber leído varias críticas que le reclamaban los desaciertos, errores o resbalones científicos. En ningún momento pensé, y sigo sin pensarlo, que esto era un desmedimiento. La ficción no demuestra nada. La ciencia es distinta que la literatura. La ficción permite partir de ella misma para demostrar, construir o negar, pero no es el fin, no es un manual y, por suerte, no es un producto perfecto. Justo nos habla del mundo y de nosotros, lo menos armonioso que hay. Dice Wikipedia que al principio Nolan estaba indeciso con la verdadera descripción de un agujero negro, ya que no sería visualmente comprensible para los espectadores. Ese es el trabajo del artista, poder instaurar una ficción que interpele al lector antes que se interpele a sí misma. Por eso Nolan es un gran director (las tres películas de Batman bastan y sobran para demostrarlo; por suerte hay otras), porque no busca demostrar nada ni serle fiel a raja tabla a lo que hay, sino porque crea algo que nos permite disfrutar y pensar.
He usado ya unas cuantas veces también otra palabra: disfrutar. Me parece que a veces olvidamos que leer es también disfrutar. Creo con convicción que la literatura es también, y con gran importancia, el disfrute que permite la lectura. Y no me refiero a una diversión burda o intrascendente, sino a un disfrute cargado de contradicciones, incomodidades y apelaciones que nos hacen ser parte de la experiencia de la literatura. El hombre también es una novela disfrutable, que nos devuelve el gusto por la lectura, una novela que aguanta varias relecturas y que nos deja mucho tiempo pensando en ella. De este libro se pueden sacar muchas lecturas.

Dos apuntes antes de terminar. El primero tiene que ver con el lenguaje que elabora Álvaro Pérez. Una de las cosas que me llamó la atención mientras avanzaba con la lectura es lo depurado de la escritura de Pérez. Hay un trabajo notable e importante sobre la escritura. Es fluida, bien confeccionada. Pérez sabe utilizar el lenguaje y se siente cómodo con él. En una época donde se publica mucho, es muy común encontrar libros de autores “nuevos” (lo digo entre comillas porque Álvaro Pérez ya había ganado el Franz Tamayo) que descuidan el lenguaje; cuesta leerlos, les falta mucha edición, nos distraen los errores. El otro apunte tiene que ver con que El hombre fue la novela ganador a de la séptima versión del Concurso Plurinacional de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz, un premio otorgado por el Gobierno Autónomo de Cochabamba. Es interesante pensar que en el país no solo uno es el premio que galardona novelas de autores bolivianos. Evitando caer en la esperanza hueca o en la mirada conciliadora, siempre es una buena noticia saber que no solo se lee desde un lugar y que no solo se puede publicar en un circuito definido. Para mí, El hombre es, hasta ahora, la novela más interesante de las que han ganado el Marcelo Quiroga Santa Cruz.