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LA SIRENA DEL BAR, de Gonzalo Montero Lara


Les presento otro cuento de Gonzalo, quien combina las costumbres qochallas con la fantasía y la narrativa fantástica. Con su estilo peculiar, mantiene un equilibrio entre las visiones del quechua, del mestizo y del blanco, haciendo que la trama se mantenga en un crisol donde los elementos se fusionan y la fantasía cataliza las imágenes emergentes.


LA SIRENA DEL BAR

Autor: Gonzalo Montero Lara


Vació el balde de plástico rojizo, alcanzando a llenar solo medio casco para apagar su insaciable sed. Miró alrededor donde la soledad era la única presencia, alumbrada apenas por un tubo de luz agonizante. Las sillas volcadas sobre mesas pegajosas testimoniaban el ocaso de otro episodio parrandero. Inesperadamente apareció enmarcada en el umbral del viejo portón de la chichería, la figura de una bella mujer. Insinuando una sonrisa se dirigió con decisión hacia el solitario parroquiano. Pedro, “El poeta”, como lo llamaban en el pueblo, sin salir de su asombro y mezclado con buena dosis de borrachera, la miraba derramando la bebida por su tutuma inclinada. Antes de poderle ofrecer asiento, ella se acomodó mirándolo fijamente, luego le habló:

- Pedro, quédate tranquilo – musitó suavemente.

- De dónde sabes mi nombre – exclamó algo alterado.

- Yo sé todo de ti – aclaró mirándolo intensamente.

- ¿Con quién estás? – interrogó escudriñando el entorno.

- Estaba con mis hermanas, pero me acerqué sola.

- Es muy tarde….digo temprano para que camines así – le dijo preocupado mientras el alcohol se disipaba rápidamente de su cerebro.

- De dónde vienes – reiteró.

-Vivo en esta ciudad hace muchos años

Nunca te vi; una mujer tan linda como tú no puede pasar desapercibida.

- Salgamos a pasear- le dijo ella arreglándose el pelo de color amarillo verdoso e ignorando el comentario.

- No tengo plata – le contestó mostrando los bolsillo vacios.

Eso no importa….hoy es noche de luna llena.

- Y eso qué importa.

-El plenilunio abre inesperadas puertas-- dicho esto la bella aparición le tomó de la mano. De pronto se vio asido fuertemente por la suave mano de ella volando sobre las calles atestadas de ruidosos carros de transporte público llamando a bocinazos a los escasos pasajeros que terminaban de engullir bocados populares que ofrecían a la vera de la plaza que ostentaba un monumento a Simón Bolívar, algo cargado de kilos. Él reconocía a muchos amigos, pero a ellos nadie les dirigía ni una sola mirada.

- ¡Mira, mira!- allá están chupando los Itapallus.

Sobrevolaron el cerro del calvario donde una elegante señora platicaba animadamente con una niña.

- ¡Es la Virgen de Urqupiña!- exclamó Pedro casi gritando.

- Es una de mis hermanas- dijo lacónicamente ella-, a la otra la llaman Pachamama.

Remontaron la colina sobrevolando al ras del tranquilo espejo de agua, experiencia que llevó a Pedro al borde del pánico, temor que cesó en cuando alcanzaron la otra orilla, aterrizando en la ladera del cerro donde se apreciaban cientos de qollqas pletóricas de mazorcas cerca de las cuales dormían algunos custodios con ropaje incaico.

-¡Pero esos hombres están disfrazados! - decía él señalándolos

- No son disfrazados- rectificó ella.

- Pero estamos en el siglo XXI…

- El tiempo como tú entiendes no existe, el pasado, presente y futuro son una sola esencia.

Pedro calló desconcertado.

Aún tomados de la mano paseaban por senderos iluminados por los reflejos de una inmensa luna de plata que llenaba la noche.

Añejas lesiones de las caderas no le permitían caminar, pero en esa ocasión le funcionaban perfectamente. Después de recorrer un largo trecho se recostaron juntos. Los ojos verdemar le miraban intensamente, mientras su boca se ofrecía sensual al deseo.

La besó apasionadamente. La húmeda piel contenía aromas marinos que le excitaron instantáneamente. Sus manos ávidas buscaron bajo el cinturón de escamas brillantes las cuales se hallaban fuertemente adheridas a lo largo de sus muslos. Trató de separar las esbeltas piernas, pero por mucho empeño que ejercía no lograba hallar sus resquicios naturales. Mientras tanto un intenso sopor se apoderaba de él. Luego solo la oscuridad.

Con los primeros reflejos del alba, los transeúntes miraban el cuerpo inmóvil del poeta, hasta que un amigo periodista lo reconoció y acercándose pudo ver en su rostro una extraña expresión, mientras su mano herida manchaba la entrepierna de la estatua de una de las tres sirenas de la fuente en la antigua estación del pueblo.



Referencia:

-Montero,G., Vizcarra V. H. & Otros (2009). Cha´jchu de Itapallu. Quillacollo: Ediciones Itapallu

EL PORTAL, de Gonzalo Montero




EL PORTAL
Autor: Gonzalo Montero Lara

Están entre nosotros hace muchas, muchas vidas. No tienen tiempo ni forma definida, son solo esencias… es decir energía viva.

Daniel sentado ya entre voces de animados parroquianos reunidos para compartir la magistral chicha de la Maestra María, agasajado con el afecto natural de los sibaritas locales. Se sentó al fin después de inclinarse repetidas veces para estrechar las manos que se alargaban desde otras mesas. Al finalizar la dilatada ronda de salutaciones instintivamente llevó la diestra al interior del flanco izquierdo de la chamarra negra de cuero que lucía en esa ocasión, para asegurarse que ella permanecía ahí. Efectivamente… ahí estaba silenciosa pero presente.

Transcurrida la fase preliminar de la tradicional plática, con un recuento pormenorizado de los acontecimientos mas frescos de la pasada semana, acabaron anotando las faltas correspondientes a los eventuales inasistentes. Despejado el espacio destinado al ritual casi litúrgico del popular juego de la rayuela. Donde el honor es depositado en la habilidad para lanzar con puntería los tejos metálicos o monedas de tamaño y peso adecuado que después de lanzados deben posar en la caja; pisar la línea de doble puntaje o penetrar al hoyo negro que seductoramente abre su boca a los mejores o más afortunados jugadores. Vaciados innumerables baldes de chicha y otras bebidas espirituosas en sendas tutumas o vasos de cristal producto de entusiastas apuestas a los tiros, son proclamados los héroes de la jornada. Quedando algunos participantes durmiendo el sueño de los justos algunos participantes en el simbólico campo de batalla, los restantes en variados y divertidos niveles de borrachera. Los guerreros sobrevivientes de la singular contienda y los otros que no participaron del juego exigían al célebre quenista interpretar su apetecida música.

Daniel con gran ceremonia y deliberada lentitud abrió el cierre de su ropa, extrajo su instrumento. Era cilíndrico, grande , duro, abierto en ambos extremos. Uno de ellos en forma de boquilla adaptada para soplar. Habían siete perforaciones en el tubo de caña, seis en el dorso y otra horadada en el vientre. Pasado el efecto hipnótico de la visión, los circundantes rápidamente solicitaron sus piezas musicales favoritas. Las melodías preferidas eran de aire valluno, especialmente cuecas de moda. El artista desdeñando sutilmente todas las opiniones comenzó a tocar la pieza musical ”Vírgenes del sol”, donde la maestría para la ejecución de la quena era simplemente asombrosa. Los tonos armonizaban la melodía andina haciendo vibrar el alma de la concurrencia. Posteriormente se dio a la tarea de complacer a todos entre copa y copla, hasta que las velas languidecieron y no pudieron arder más.

Al final llegó el momento de la tocata y fuga. Simplemente abandonó el cuasi desierto campo de combate donde yacían inertes botellas vacías, colillas de cigarro y clientes durmiendo pesadamente.

Una de las tantas noches calcadas de las anteriores, matizadas de alguna que otra novedad , caminaba el quenista por las veredas de la plaza principal de su pueblo. Llegada la media noche prácticamente desierta. La luna llena se veía magnífica suspendida en la oscura melena de la noche. Se detuvo un momento para contemplar el frontis de la iglesia colonial con el portón cerrado luciendo las dos torres de piedra. En las galerías circundantes dormían enroscados indigentes , mordidos por el frío.

El pensaba en ese instante:

— El párroco debe estar durmiendo, en una blanda cama caliente, mientras los pobres hacen méritos al hielo para entrar al cielo. Volvió la mirada al templo y con sorpresa observó entreabiertas las hojas de la puerta. Instintivamente se dirigió a ella, deteniéndose en el dintel y mirando a los lados asomó tímidamente la cabeza al recinto para preguntar.

-- hay alguien ahí —resonó su voz con cierto eco en el amplio recinto de la nave central.

— Pasa Daniel—respondió una dulce voz.

El se quedó estupefacto mientras observaba a una bella dama ataviada como la virgen católica venerada por la población sentada en una de las bancas de madera. No lucía sus joyas ni la fastuosa corona de rubíes, tampoco cargaba al niño cachetón de pelo dorado, pero sus ojos verdemar levemente separados enmarcados por una corona radiante de finísimas pestañas tan obscuras como su cabellera lacia, le envolvieron con una diáfana mirada , radiante de amor cósmico suavizado por un velo platinado de tristeza .

Alejado el temor , reforzada la curiosidad atendió la invitación caminando algo inseguro hacia ella olfateando un a intensa fragancia a flores. Escuchó la puerta cerrarse imperceptiblemente a sus espaldas..

— Vamos siéntate—le reiteró cálidamente.

— Eres la vir….

— Si

— En realidad soy…. en tu lenguaje sonaría algo así como Gaia

— Como que en mi lenguaje, acaso…
— Efectivamente no soy precisamente de aquí--¿De Quillacollo?
—No… de la Tierra.
— ¡ Por supuesto eres del cielo!, le dijo tratando de postrarse de rodillas sintiéndose iluminado, en presencia de una divinidad.

— De cierto modo soy del cielo, pero no del que supones.

— ¡ Tú eres la madre de Jesús!—le gritó genuflexo con lágrimas en los ojos.

— El que conoces como Jesús era miembro de una anterior misión que ya concluyó.

— ¡Misión?—el silencio del ámbito concedía una ambiente de misterio al diálogo.

—Claro que era hijo de Dios y se hizo hombre para…

— Efectivamente, todos somos hijos de Dios

— Pero…— titubeaba mientras se incorporaba lentamente con expresión azorada.

— O sea tú, digo ustedes son… de otro mundo.

— Somos de otro mundo pero estas en él —le respondió con absoluta seguridad.

-- No te esfuerces en tratar de comprender, por que simplemente lo recordarás…en otras circunstancias.

Nuevamente intranquilo, pensaba en los miles de fieles peregrinos que acuden al santuario anualmente

—No te preocupes, esa masa de gente produce energía aprovechable.

— Aprovechable para qué—señaló cerrando parcialmente los párpados con mirada de sospecha.

— Para fortalecer el eje energético andino antes del gran cambio.
—¡Cambio?—musitó sin darse cuenta que se aferraba fuertemente a la banca.

— Hemos ingresado a una fase cósmica de cambios, donde la misión es proteger la diversidad de la vida del planeta tierra.

— Bueno amiga… si te puedo llamar así, ya que no eres la Virgen y tienes tan buenos propósitos para nuestro planeta podrías decirme… ¡ Que pito toco yo en todo esto .

— Tocas la quena —señaló amablemente. Sin dejarle intervenir luego aclaró:

—Para llegar aquí debemos atravesar un paso entre nuestros mundos, es una especie de puerta, conocida como ventana , xendra o portal interdimensional.

Su apertura no es fácil, depende de muchas situaciones que debemos controlar.

—Insisto—replicó, lleno de aplomo.

—¡Cuál es mi papel en esto¡

— Todos nosotros estamos formados por energía vibrante a diferentes frecuencias, las cuales determinan la naturaleza de todo.

— Pará , pará… ¿ Somos vibraciones?

— Por cierto… somos como una melodía universal formada por diferentes clases de notas. Tú sabes, bien

— Yo podría ser un bailecito y tú puedes ser una cuequita…--Comentó irónico.

— Somos parte de una gran obra de arte cósmica, por tanto todos somos parte del diseño

—Ya caigo—entendió Daniel—no les interesa que sea ingeniero sino músico.

— Así es.

— Porque requieren de mi si ustedes están tecnológicamente muy avanzados… supongo.

— Es cierto, te explicaré. Necesitamos teletransportar algunas esencias para ayudar al control del problema que ustedes llaman “efecto invernadero” y otras catástrofes que el hombre ha ocasionado, las cuales destruirán inevitablemente el planeta a corto plazo.

—¿Qué son esas esencias?—inquirió interesado , rascándose la cabeza

—Las esencias somos nosotros.

—¿Ustedes?

—Sí, esencias…inteligencias universales, que deben conectarse con las suyas.

—Cómo puede ser eso.

—Exactamente como lo estamos haciendo contigo — las imágenes del templo guardaban un silencio cómplice y los ángeles custodios del altar cuya respetuosa actitud recordaban nítidamente el grabado sobre la estela principal en la mítica puerta del sol de Tiahuanaco.

— Todo está bien, pero ¿que pito toco yo en todo esto?

— Puedes abrir el portal interdimensional.

— De que manera — Preguntó con aplomo.

— Tocando la quena.

— ¿Tocando mi quena y farreando? – comentó irónico y añadió.

— Porque sabrán ustedes que soy chupaco… es decir bebedor.

— Si, conocemos perfectamente tu condición. La cual es una ventaja para nuestro propósito.

— Cómo puede ser una ventaja ser borracho para abrir una puerta a otros mundos – mientras hablaba evocaba imágenes de dilatadas tertulias regadas con abundante alcohol y música.

— Tú perteneces a un grupo que los conocen como “cerebros astillados” como los definió Celso un dedicado escritor del valle. El alcohol en algún momento altera la vibración molecular de tus células cerebrales estableciendo contactos poco usuales en tu especie, entre el llamado cerebro emocional y el racional. Cuando esto se produce se vuelven permeables a la influencia de otro tipo de energías y entidades.

— Como estoy algo tomadito y llevo mi quena en el bolsillo, puedo abrir la puertita… en este preciso instante…

— No, no es así. Se deben crear condiciones especiales para el flujo de energías y para ello debes cumplir algunas instrucciones precisas. No es posible abrir la ventana cualquier momento, tiene que ser a la media noche de la siguiente luna llena. Tendrás que tocar perfectamente la melodía del “Cóndor pasa” en un lugar al cual te conduciremos oportunamente.

— ¿Por qué “el Cóndor Pasa” precisamente?

—Su melodía contiene las vibraciones exactas.

—¿Exactas para qué?

—Para separar los sellos energéticos del portal.

—¿Otras melodías funcionan? por ejemplo “El Manchaypuyto”

—El Manchaypuyto, abrió un portal pero a un inframundo.

—Y si me negara — replicó algo temeroso por la información que no presagiaba nada bueno. Endureció sus facciones mientras un obstinado silencio flotaba en el ambiente.

— Entorpecerás el salvamento de la Tierra.

—¡Mierda¡ —exclamó suavizando su expresión. Dejaré de tomar desde hoy.

— No es necesario. Ya te lo expliqué. Eres un cerebro especial, adecuado para esta tarea. Con referencia a tus juegos de bar, estos también son influidos por nuestras esencias.

— No me dirán que la rayuela…

— El vuelo estelar de la moneda, conducida por la pericia del lanzador, para penetrar al hoyo, enseña la necesidad de cultivar habilidades para ingresar a otras dimensiónes que están paralelas a esta.

— ¿El sapo?—sus ojos revelaban picardía, mientras su interés por el tema crecía como un turbión a punto de desbordar.

— Representa el destino de toda existencia—explicaba con absoluta tranquilidad, sin dejar de mirar fijamente a su entusiasmado interlocutor-- Todo retorna al ser representante de la esencia terrena, la que ustedes conocen como Pachamama. De manos de los jugadores despega el juego, todo se recoge nuevamente par reiniciar otro ciclo y retornar al origen

— ¿Y el cacho?—preguntaba rápidamente aprovechándose del mundano tema.

— Todos estamos formados por los mismos elementos con distintas marcas o numeración si prefieres, así como los dados, todos están contenidos en un universo, en este caso sería el cubilete donde el eterno movimiento nos combina en forma constante cumpliendo nuevos ciclos de creación destrucción creación.

— ¿Por qué la quena y no la flauta el piano o el violín?

—La quena es un cilindro perfecto, como una cuerda galáctica de textura viva inigualable, tiene siete orificios que representan la escala de siete superuniversos dentro los cuales estamos nosotros. Cuando es tocada adecuadamente alcanza las tres octavas requeridas para mover la estructura vibratoria del portal. No te olvides de nuestro compromiso. – Reiteró la esencia poniendo en su palma una piedra azul la cual en contacto con su piel brillaba intensamente.

Despertó sobresaltado, aliviado de estar vivo, festejando interiormente la ensoñación que tuvo. Despegó de la cama y entre las arrugadas sábanas, observó una brillante piedra azul. Era la misma del sueño venciendo el temor que lo paralizaba rozó el objeto e inmediatamente emitió un fulgor azulino. Calzándose unos guantes de cuero de res guardó el espécimen en una fina bolsita de corambre repujado colocándola en un pequeño arcón de madera con arabescos, junto a sus relojes de pulsera . Mirando el calendario vio marcado con un círculo rojo el 15 de agosto, día de luna llena. Un estremecimiento le sacudió las entrañas por breve tiempo. Tomó su quena con deliberada lentitud. La dejó sobre la mesita de noche mientras buscaba una antigua partitura en una montaña de papeles. Casi sin mirar los pentagramas llenó el ámbito con la bellísima melodía del Cóndor Pasa. El tañido de las campanas de la iglesia de San Ildefonso, le retornó a la realidad, guardó su instrumento con reverente delicadeza hundiéndose luego en el polícromo gentío que atestaba el pueblo de fiesta.

Daniel transitaba apenas entre el denso bosque humano cada un tramo contenía un aroma diferente. Sudor, comida, música, voces, petardos, incienso. Danzas con ecos milenarios entrelazadas con ritmos de vivo erotismo mostrando los giros voluptuosos de los cuerpos ofrecidos palpitantes a la vida. El bien y el mal en bíblica contienda, con ángeles y demonios saltando ágilmente en las calles. Comidas fermentadas por el agobiante calor exhibidas junto a montañas de mercadería para saciar el apetito voraz de las celebraciones. Todo esto estructuraba una especie de gigantesca serpiente de coloridas escamas humanas deslizándose viscosa sobre las ensuciadas calles del poblado. No había un solo local vacio, pero la popularidad de su talento era una llave mágica que pronto le permitió posarse en una reunión de amigos. Luego organizaron juegos populares, donde la rayuela nuevamente resultó la predilecta. A las diez de la noche, inicio la retirada. El perfil de las calles lucía diferente, algunos parroquianos colgaban como títeres inanimados de sus pesados y vacios sueños en las bancas de la plaza. A esa hora el ambiente era fundamentalmente urinoso, pero en algunas atalayas de bandera blanca, el aroma a chicha entraba al alma por vía aérea. Llegó a su domicilio donde ingresó furtivamente evitando eventuales visitantes, luego sorteando la vigilancia del perro centinela, quien con la panza notoriamente satisfecha se limitó a batir la cola de mala gana. En su aposento se lanzó pesadamente a la mullida cama, donde rápidamente le fue invadiendo un pesado sopor. Ingreso en un estado que mas tarde lo calificaría como un sueño lúcido. En ese estado de conciencia, una solicitud sonó en su cerebro…”agarra la piedra azul… agarra la piedra azul…agarra …—y él la sacó de la bolsa donde la guardaba tomándola con movimientos casi estereotipados, como en un estado de profundo trance hipnótico. La piedra como podrá suponer el lector brilló, intensamente envolviendo al semidormido quenista, quien se despabiló sentado en la oscura ladera de un cerro cuya topografía era totalmente familiar:

—Es Cotapachi –pensó inmediatamente, sentado sobre el cimiento circular de una colqa—luego se incorporó rápidamente. Un profundo olor a rosas invadió su sentido …por supuesto ella estaba allá con sus bellos ojos verdemar. Admiro su piel de durazno maduro con los suaves pómulos sonrosados…era la vir…digo Gaia, de pié apoyada sobre un cántaro de arcilla cocida.

—Hola, sé que estuviste practicando la melodía convenida — le habló con voz suave.

—Toda promesa es deuda— contestó mirando fijamente a sus ojos donde descubrió que los iris de la preciosa aparición eran un conglomerado de estrellas que se movían armónicamente formando galaxias de variadas formas alrededor de los hoyos negrísimos de las pupilas.

Repuesto de la impresión al contemplar esos ojos estelares, preguntó que debía hacer:

—Falta muy poco para la medianoche, debes tocar la melodía con todo sentimiento, colocando el extremo del instrumento al interior de cántaro.

—¿Dentro de cántaro…como el cura del Manchaypuyto?
—Así es, pero tú abrirás una puerta diferente, un portal a esferas superiores.

—¿Sucederá igual que en la película ”Encuentros Cercanos de Tercer Tipo” de Spielberg?—le preguntó concierta pedantería, animado por su ahora ya inevitable protagonismo.

—No por supuesto que no sucederá así. Diríamos que el evento será en otros términos… más humilde.

La Luna estaba esplendida su faz mostraba mares desecados, contorneados de cráteres, cadenas montañosas, restos de alguna desaparecida civilización apenas identificable. Los reflejos del cuerpo celeste penetraban por la boca del cántaro, iluminando el interior con su luz de plata.

—Ahora, toca como tú sabes hacerlo—ordenó Gaia.
Después de vibrar los primeros acordes, la luz de plata comenzó a girar lentamente al principio, luego vertiginosamente dentro la vasija, produciendo posteriormente destellos los cuales fueron, concentrándose en un punto deslumbradoramente luminoso, que se dirigió a la pared de la vasija, el lugar de contacto que se puso incandescente y terminó abriéndose paso al exterior con su suave chisporroteo.

—Se está abriendo el portal —del punto ígneo brotaron dos chispas de color índigo las cuales animadas por una misteriosa fuerza penetraron a los sendos ojos de Gaia los cuales tomaron el color diáfano de cielo.

—Gracias Daniel.

—De nada…—contesto aun temblando por la experiencia— pero ¿qué son las chispitas azules?… ¿Son las esencias?

—No, no son ellas, precisamente ellas nos enviaron el diseño de un hombre nuevo…observa atentamente mi ojos.

—Hay unas espirales, parecen arbolitos de navidad que se mezclan con las estrellas.

—Son las moléculas de la vida de un ser humano dotado de nuevas habilidades y sentimientos con la difícil misión de reconstruir la Tierra y preservar la vida.

—¿Tenemos otra oportunidad?

—Efectivamente—una nube ensombreció la luna, mientras la figura de la dama se difuminaba, hasta quedar suspendidos en el espacio solamente dos puntitos índigo que se alejaron raudamente hasta perderse en el infinito

No, no apreciado lector, no hubo ningún sueño ni sopor, Daniel después de comprobar la presencia de una minúscula perforación en una zona intensamente calcinada del cántaro en cuestión, emprendió el retorno al pueblo en fiesta, agarrado de su quena, mientras su corazón renovaba la fe en el hombre. Despuntado el sol del alba anunciada por el tañido electrónico de las campanas, Daniel se vistió presuroso, con el propósito de traer el cántaro del cerro. Guardó en el bolsillo de su chamarra la bolsita de cuero con la piedra azul, cerciorándose con el tacto de su presencia. Encendió sin mayores dificultades el carro, dirigiéndose a la zona arqueológica donde se desarrollaron los inquietantes acontecimientos. Después de bordear la reseca laguna, dejó el carro parqueado al final de la ruta, concluyendo el recorrido caminando. Identificado el lugar, no divisó el recipiente, en su lugar estaban esparcidos pedazos de un viejo cántaro, pero ninguno mostraba las huellas de la calcinación ni la diminuta perforación. Acicateado por un extraño presentimiento, abrió la bolsita de cuero, de la cual rodó un callado cascajo gris.

SELENE VIENE, de Arturo Von Vacano


Autor: Arturo von Vacano


… …ludos desde la Tierra, hogar que fue de seis mil millones de seres humanos antes de… …Profesor Omar Enrique Huasipungo, del Laboratorio de Física Cósmica de Chacaltaya, Bolivia… …nuestro mensaje final para los pueblos y los planetas de la galaxia donde sin duda habrá vida… …como lección a través del tiempo y la distancia… …un mensaje sencillo en aymara, castellano, francés, inglés, alemán y griego… …un mensaje de paz y esperanza… …un mensaje… …mi mensaje…


…sintonía contra vientos galac… …el primer indicio que tuve… el primer indicio que tuvimos en Chacaltaya fue una nota de prensa enviada por nuestros amigos de La Paz que deseaban saber si percibimos algo de ese evento…


Esta es la grabación de la noticia… …la voz es de Tito de la Viña, relator deportivo que…. todos desaparecidos… …la grabación es… …un disco de estaño, el ultimo que…
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EE.UU. Bombardea al Cometa Tempel 1… …Por Peter Finn…

WASHINGTON, Junio 23… …El Tempel 1, un cometa nacido junto con el Sistema Solar y pariente cercano de la Tierra al que se le presumen unos 4.500 millones de años de edad, fue bombardeado hoy por un cohete disparado desde una nave norteamericana.


Cada Cuatro de Julio, además del Día de la Independencia, los Estados Unidos celebrarán el nacimiento de la artillería extraterrestre. El primer ataque con un cohete con municiones reales en el espacio exterior no fue una maniobra defensiva ni resultado de un acuerdo de la ONU, sino una decisión unilateral de la NASA de los Estados Unidos.

El impresionante impacto ocurrió a las 0:52 horas (hora de México) a 150 millones de kilómetros de la Tierra y a 37.000 kilómetros por hora. La explosión de cinco toneladas de TNT abrió un cráter equivalente a un edificio de 20 pisos y generó una nube de polvo y gas de 1.800 kilómetros de radio. El evento fue transmitido en vivo por la NASA a través de cámaras montadas en la nave portadora.

La misión fue técnicamente perfecta. Al avistar al cometa elegido como blanco, la nave que meses atrás había despegado de Cabo Cañaveral y que fue colocada en órbita alrededor del Sol, se colocó en posición, realizó las correcciones de rigor, afinó la puntería y 24 horas antes del impacto, realizó el disparo que puso en ruta de colisión con el cometa un proyectil denominado «Impactor» que se estrelló contra el cometa a una velocidad de 10.2 km/seg.

Culminando un viaje de seis meses hasta un punto a 140 millones de kilómetros de la Tierra, el Impactor cruzo la cola del cometa para estrellarse contra el astro con una fuerza igual a cuatro toneladas y media de dinamita.

“Fue muy satisfactorio”, dijo el Dr. Rick Grammier, director de la misión en el laboratorio de Propulsión Jet. “Espero que los norteamericanos se sientan orgullosos de esta hazaña”.
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No percibimos indicio alguno de este evento y así se lo dejamos saber a La Paz. Por aquellos días estabamos estudiando las tormentas solares y su efecto en los granos de quinua que se cultiva a más de cuatro mil metros de altura. Medíamos también la prisa con que desaparece la nieve en Chacaltaya, una pista de esquí años antes que goza hoy de días casi tropicales. Quiero decir que olvidamos pronto ese abuso norteamericano cometido como si el Tempel 1 fuera de propiedad de ese país.

Pero nos vimos forzados a recordarlo cuando recibimos el siguiente mensaje escrito y transmitido por el teletipo de Reuter. Voy a leerlo ahora.

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Ivanov: Rusia emplaza Misiles 'Jamás antes Vistos"… …Por Peter Finn


MOSCU, Julio 17… …El Presidente Vladimir Ivanov dijo hoy a una conferencia de altas autoridades militares que Rusia emplazará un misil nuclear “jamas antes visto” y que ninguna otra potencia nuclear podría desarrollar.


“¿Bombardear un cometa? ¡Nosotros podemos bombardear la luna!”, afirmó Ivanov al hacer el anuncio.


"No sólo hemos realizado pruebas de los últimos sistemas de cohetes nucleares”, dijo Ivanov en una reunión de los líderes de las fuerzas armadas, según servicios de prensa rusos. “Los emplazaremos en estos días… Es más, serán algo jamás antes visto que no podría ser desarrollado por otras potencias nucleares”.

El servicio noticioso Itar-Tass dijo que Ivanov pudo haberse referido a la nueva y gigantesca versión del Topol-M, el único misil intercontinental desarrollado por Rusia desde la caída de la Unión Soviética.

El misil balístico intercontinental es diferente de todas las armas conocidas. No existe defensa contra un misil que puede volar a 16.000 millas por hora. Cada misil está armado con una bomba de un megaton, 80 veces más poderosa que la bomba que destruyó Hiroshima. Seis de estas bombas pueden infligir una destrucción mayor que todas las armas usadas durante la Segunda Guerra Mundial.
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No fue difícil relacionar ambas notas para comprender la desgracia que nos extingue. Seis días después de la amenaza de Ivanov, María Arminda, la ayudante del Profesor Barazade, creyó percibir una enorme explosión en el Polo Norte del planeta, pero Barazade canceló su informe y lo atribuyó al estado especial de Arminda: unidos durante varias semanas, ambos se entregaban al amor hasta quedar exhaustos. Dick Storm, nuestro director, había decidido que los transferiría a Panamá, pero todos ignoramos el papel de Arminda, informe que pudo haber cambiado sin duda las circunstancias que vivimos.

Cinco días después y ya desde Panamá, Arminda se anotó otra hazaña, en realidad, dos: usando películas y transparencias creadas durante el pasado siglo y medio, anunció antes que nadie que el planeta había perdido masa, aumentado su velocidad de rotación y ganado 800 metros en cuanto a su proximidad a su enorme vecino. Barazade, exhausto para entonces, se retiró al Lago Baikal, donde tiene una dacha.

Agotamos el verano más o menos tranquilos, pero ocupados como siempre. Días antes de enviar nuestro informe sobre la quinua y los vientos solares a las Naciones Unidas recibimos otro mensaje de la rubia brasileña que había dado fin a la carrera del eslavo malhumorado: el planeta había avanzado cuatro mil metros y era ahora una figura mayor y más brillante que nunca en el cielo de Panamá. Arminda fue el primer ser humano que leyó en el cielo nuestro destino. “Selene viene”, dijo, antes de indicarnos que buscaría un aborto. Su frase sería en verdad histórica si es que quedara alguna Historia para la posteridad, un imposible.

Y así, habitantes próximos y lejanos de nuestra galaxia, vecinos nunca confirmados de nuestra Vía Láctea, tripulantes de platos voladores míticos, viajeros materiales o espirituales del espacio casi infinito y hoy nuestra mayor esperanza de que ustedes preservarán la vida que todos amamos tanto y que nosotros perdimos con una bomba de ocho megatones de la que nunca supimos si fue rusa o yanqui: Selene viene, y nadie puede impedir su visita.

Ocupa casi la mitad del cielo. Es una luz cegadora y gigantesca por la noche y una sombra oscura y helada durante el día. Todos sabemos ya que viene y muchos han decidido acabar sus días en medio de orgías de sangre y violencia. Los menos dedican sus horas a un esfuerzo constante por mantener la ‘normalidad’, más que nada por preservar su salud mental. Sabemos así que multitudes han decidido acabar con su existencia de muy diversos modos mientras Selene crea fenómenos atmosféricos que sin duda alteran la faz de nuestra Tierra de modo indescriptible antes de unirse a nosotros en un feroz abrazo que nos llevará, ya varios lo calcularon como un cometa nuevo, hasta arder finalmente en el Sol, nuestro Padre.

Creo que sólo sobrevivimos hasta este instante quienes vivíamos de un modo u otro bajo la superficie. No es posible ya la vida en la tormenta de polvo, fuego y vapor que percibimos al mirar por nuestros últimos lentes. Vamos perdiendo las cámaras de televisión, los tubos que quisimos clavar entre las rocas, las ventanas de plástico reforzado cubiertas de arena. El caos nos priva de una última visión del horizonte. La masa negra domina…

…y no queda más que este disco de metal en el que he grabado todas nuestras esperanzas.

DON QUIJOTE EN EL SIGLO XX, de Oscar Alfaro







¿Quien lo diría? Nuestro afamado escritor, Oscar Alfaro, que hizo historia a mediados del siglo XX en lo que es el desarrollo de la literatura dirigida a los niños y jóvenes, se le ocurrió escribir un cuento sobre Don Quijote y Sancho Panza, donde intrinsecamente, rompe la barrera del tiempo a través de un proceso fantástico, y lleva a los personajes mencionados al siglo XX. Si bien Oscar Alfaro centralizó su obra en la literatura infantil, en el cuento sobre "Don Quijote en el siglo XX" se proyecta más, -podriamos decir-, a los púberes.

Esta obra, según me dijo el hijo de Oscar Alfaro, fue escrito por su padre el año 1963, poco antes de su fallecimiento. El texto fue editado recien el año 1985.






DON QUIJOTE EN EL SIGLO XX



Y hete aquí, que por obra de encanta­miento, don Quijote, seguido de Sancho Panza, fueron lanzados a pleno siglo XX. Cuando la inmortal pareja salió del fondo del tiempo, hacia el año 1963, no supo cómo orientarse en un ambiente tan des­conocido. Sancho se sentía más mareado que el primer astronauta en el espacio y comenzó a dar grandes voces a don Quijote:
—¿Dónde diablos se metió vuestra mer­ced? ¡Pecador de mí, que por culpa de la mal andante caballería, he venido a caer en otro planeta, sin Rucio, sin alforjas, sin amo, sólo y pelado como mi madre me pario...!
—No desesperes, hermano Sancho, que aquí estoy yo -gritó don Quijote hablando desde la terraza de un hotel de turistas. Estaba montado sobre Rocinante y apun­taba al horizonte con su lanza. A su lado rebuznaba el Rucio, asustado de verse en semejante lugar.
—¡Cuerpo de tal, señor don Quijote! y ¿cómo demonios fue a dar al techo de ese castillo? ¿Quién subió hasta esas altu­ras a mi Rucio y a Rocinante? ¿Cómo bajará con ellos, mi amo y señor?
—Confía en mí, Sancho bueno, que todo lo puede la andante caballería. Ya verás cómo salimos con bien de esta atre­vida empresa, en que nos pusieron las malas artes de algún sabio encantador, ce­loso de mi fama.
A todo esto don Quijote oteaba el ho­rizonte y daba vueltas por el filo de la terraza, buscando una bajada.
—Deje de corretear--su merced por los aleros de esa torre, que se me ponen los pelos de punta, que puede venirse aba­jo. ¿No ve que Rocinante siente vértigos y que a mi Rucio le tiemblan las patas?
Sancho esforzaba tanto la voz, que un gran corro de gente se había formado a su alrededor y le miraba las trazas, con gran risa y contentamiento.
De repente pasó un avión casi rozando el hotel. Rocinante dio una sacudida feroz y su amo fue lanzado al vacío. Hubo un grito general. Sancho cayó de posaderas, tapándose los ojos con los dos antebrazos. Luego se escuchó una carcajada. Era que don Quijote había logrado prenderse de las bridas y se columpiaba en el vacío.
—¿Esto es para reír, señores míos? ¿Qué gente descomedida y ruin vive en este reino?
Alguien apareció en la punta del edifi­cio y ayudó a trepar a nuestro andante caballero, con gran consuelo de Rocinan­te. cuyo pescuezo· ya se iba a cortar al sostener en vilo a su jinete.
—Gracias amigo, me salvaste la vida, pero no pudiste evitar que cayera al suelo el yelmo de Mambrino. ¡Eh, Sancho, reco­ge mi yelmo y tenlo que ya bajo!...
El salvador de don Quijote no salía de su asombro. Miraba al caballero, miraba a Rocinante, miraba al asno y su asombro crecía.
—¿Me quiere decir, cómo y por dónde subieron hasta aquí, señor?
—No digas subieron, hermano, que así confundes al caballero, al caballo y al bu­rro. Sólo sé decirte que yo, el famoso hidalgo don Quijote de la Mancha, me ha­llo en esta cima por obra de encantamien­to. Y ahora di me buen hombre, ¿qué mundo es éste? ¿En que reino o país nos hallamos?
—En España, señor mío.
—Mientes como un bellaco. No trates de engañar a un caballero de mi talla, so pena de que te pierda la confianza y de que te alcancen sus iras ...
Ante semejante salida, el mozo del ho­tel, que tal era, lanzó una carcajada. Y don Quijote, furibundo enarboló su lan­za. Aquél se dio cuenta que tenía que habérselas con un extraño loco, dejó de reír y dijo:
—No se enoje, señor caballero, que le dije una verdad más grande que esta casa. Estamos en España y en un lugar de La Mancha. Pregunte usted a toda la gente que halle a su paso y le dirá lo mismo. Yo sólo quiero ayudado a bajar. Pero, ¿cómo van a entrar los animales al ascensor?
—¿Hacen ... qué, amigo? —preguntó don Quijote, ya calmado, aunque caviloso. -Dije ascensor, caballero. ¿No conoce usted un ascensor?
—Yo nada conozco de este mundo, que tú gran embustero, quieres hacerme creer que es mi tierra.
El empleado del hotel tragó mal aque­llo de «gran embustero», blanqueó los ojos a don Quijote y luego empezó a em­pujar al Rucio escaleras abajo.
—Haga usted lo propio con el caballo que el tiempo no me sobra.
Don Quijote cogió las bridas de Roci­nante y comenzó el descenso, ante la sor­presa de la gente del hotel. El caballero saludaba con extraña gravedad a los turis­tas de todos los pisos y pasaba adelante, sin cuidarse de las risas, sonrisas y risota­das que arrancaba su extraña figura, su increíble vestimenta y la categoría de sus acompañantes. Por fin llegaron a la calle.
—Gracias amigo, por este servicio y sa­luda de mi parte al dueño del castillo, que sin duda debe ser persona muy importante -dijo don Quijote y se despidió.
Sancho vio a su Rucio y llegó gimo­teando a prendérsele del pescuezo.
—Compañero de mis penurias, herma­no de mi pueblo, testigo de mis mal an­danzas, ya te daba por perdido y me sentía solo en el mundo...
—Basta, Sancho. Sensible eres y tierno con los animales, pero tu obligación es sa­ludar primero a tu señor. Dame cuenta del yelmo de Mambrino que acabas de recoger.
—Eso haría yo de muy buena gana, señor don Quijote, pero el malhadado yel­mo está hecho una tortilla. Mírelo su mer­ced, en media calle. Vea como lo pisan esos carruajes embrujados que andan sin caballo, esas máquinas infernales, que no dejan de pasar.
Esto vio don Quijote y dijo, lleno de resolución:
— Tenme el estribo, Sancho que vamos a rescatar el yelmo.
Sancho obedeció. El caballero se aco­modó en la montura, reclamó la lanza y se lanzó a feroz combate contra los automó­viles ..
—¡Alto, bestias profanadoras, demonios chatos, piara de jabalíes, o lo que seáis! ¡Deteneos y no oséis pisar más el yelmo de Mambrino, o conmigo sois en fiera y desi­gual batalla!...
Los automóviles frenaron con fuerte chirrido. Don Quijote echó pie a tierra y recogió el yelmo abollado, subió de nuevo sobre Rocinante y ordenó:
—Ahora, demonios, o lo que seáis, daos la vuelta e id a poneros a disposición de la sin par Dulcinea del Toboso. Contadle cómo un solo caballero os venció y que os manda, con el hocico contra la tierra, a poneros a su entera disposición. En mar­cha, chusma vil, que os lo ordena el incomprendido Caballero de la Triste Figura.
Los conductores sacaban la cabeza por las ventanillas, unos reían a carcajadas y otros rabiaban. Alguno, más impaciente que los demás, tocó fuertemente la bocina y arrancó. Rocinante alzó las patas delan­teras y dio por tierra con don Quijote.
El caballero pataleó un buen rato en me­dia calle y al fin se paró, haciendo crujir su armadura. Recogió su lanza y arreme­tió contra el automóvil que se adelantaba.
:—¡Alto, engendro de Satanás!
Pero el automóvil siguió avanzando y don Quijote le dio un lanzazo que le rom­pió el parabrisas.
—Atrás sabandijas. Id camino del To­boso a rendir acatamiento al sol de toda hermosura.
El dueño del automóvil, que resultó ser un prominente personaje del gobierno, salió a pelear con el agresor. Y don Quijote le arrimó tal lanzazo, que lo dejó casi desnucado en el suelo. El escándalo se ge­neralizó y en ese momento intervinieron las autoridades de tránsito.
Agarraron a don Quijote y lo sacaron a las volandas de media calle. Rocinante trotó pacíficamente detrás de su amo.
—iSoltadme villanos, follones, gente vil y plebeya! ¡No oséis poner las manos sobre el inmortal caballero don Quijote de la Mancha! ...
Sancho que vio mal parado a su amo, acudió en su defensa, dando grandes pu­ñadas a los oficiales de tránsito. Don Qui­jote logró sacar su espada y daba feroces cuchilladas a. sus atacantes. Un tenientillo fue arrinconado contra la pared y el enfu­recido caballero le puso la espada sobre la garganta.
—iMuerto sois aquí mismo, si no confe­sáis que la sin par Dulcinea del Toboso es la más hermosa princesa que hay en todo el orbe! ...
Al acorralado se le querían saltar los ojos de miedo, pues se dio cuenta de que estaba a merced de un loco. Pero algunos agentes de policía bajaron de una camio­neta, se le acercaron por detrás y le dieron tan recios golpes con sus varas, en la cabe­za, que lo desplomaron privado de cono­cimiento.
Sancho montó sobre el Rucio y quiso tomar las de Villadiego, escapando a galo­pe tendido por la acera, tumbando a los viandantes y causando el escándalo mayor. Pero en la esquina lo detuvieron, lo desmontaron y se lo llevaron· en vilo. Volcó los ojos congestionados y vio que a su amo y señor lo alzaban, cuan largo era y lo metían, tieso como un palo en uno de los automóviles.
Rocinante, abandonado a su suerte, no sabía qué partido tomar, pero el Rucio, menos resignado, al ver que se llevaban a Sancho comenzó a dar grandes rebuznos y a seguirlo al trote. Pero Sancho Panza también fue encajonado dentro del mismo vehículo. Y sólo quedaron en la acera el Rucio, Rocinante y el asombro de la gente.
—Suelten, malditos encantadores, o tendrán que pagarme el valor de mi Rucio.
Don Quijote despertó del golpe, vio a Sancho y se rascó la cabeza.
—Otra vez nos apalearon los yangüeses, hermano Sancho -quiso sonreír a pesar del dolor, para dar coraje a su escudero.
—Advierta mi señor que no son yangüeses, sino encantadores. Mire cómo nos llevan sujetos a un carro, después de qui­tamos al Rucio y a Rocinante.
En ese momento el automóvil se detu­vo y los dos fueron obligados a bajar. Patrón y escudero fueron acusados de obs­truir el tráfico, de haber agredido violentamente a la autoridad, de dañar varios au­tomóviles y de otros delitos parecidos. —Diga su verdadero nombre -ordenó el comisario, abriendo un libro de registros.
—-Y porqué no he de decir el verdade­ro, follón, descomedido? ¿Es que alguna vez te di uno falso? ¡Has de saber que soy el famoso don Quijote de la Mancha, co­nocido también por el Caballero de la Triste Figura!
—Muestre sus documentos.
—¿Qué documentos, gran mentecato?
Es que osáis dudar de mi palabra?
—Está hablando con el comisario de· policías y guarde más compostura o le hago detener.
—Y vos, guarde el respeto que se debe al más ilustre de los caballeros andantes o conmigo sois en singular batalla -repuso don Quijote poniéndose colorado.
—Deténganlo -ordenó el comisario.
Los agentes se aprestaron a obedecer y don Quijote requirió su espada.
—Atacad, malandrines, que un solo ca­ballero se basta para dar cuenta de todos. -y otra vez lanzaba cuchilladas como un energúmeno.
—No lo pongáis furioso, por Dios, que mi señor es terrible. ¿Quién será capaz de vencer a don Quijote? ¿Es que nunca ha­béis oído hablar de él? ¿En qué país esta­mos que se desconoce a don Quijote de la Mancha? ¿Qué gente sin corazón vive en este reino? ¿Pecador de mí, qué cubil de fieras es éste?
—Detengan también a este rústico, por expresarse mal de la nueva España.
Finalmente don Quijote y Sancho fueron dominados y metidos a una celda común con otros reos. Los habían golpeado tan duro que roncaban a cual mejor. Sus compañeros de celda que eran varios, los miraban llenos de asombro.
—Increíble parecido! ¡Juraría que son don Quijote y Sancha Panza! -decía uno
de ellos, a tiempo que nuestro caballero abría los ojos. -y no jurarías en falso, hermano pues to que habláis con don Quijote en persona -dijo éste, queriéndose incorporar.
—¡Asombroso! Deben ser comediantes, pero qué bien trabajan... -dijo otro de los detenidos.
Don Quijote arrugó el entrecejo y bus­có la espada pero ya no la tenía.
—Comediantes habrán sido tu padre y tu abuelo, no yo, que soy la flor y nata de la andante caballería!
Había tan sincera indignación en sus palabras que el recluso quedó por un rato cortado, alzó la vista, miró a los demás que estaban por reventar de risa y todos estallaron en una carcajada estruendosa. Con esto despertó Sancho Panza, a tiempo para contener a su señor, que ya se lanzaba sobre los reos.
—Basta de pelear, señor don Quijote, que ya mucho nos aporrearon. Téngase en paz y no quiera pasar a mayores con hombres que nos doblan en número y que
además parecen de pacífica condición.
—Así es amigos -contestó uno de los detenidos de mayor edad, con los ojos agrandados de asombro, al comprobar la identidad de Sancho Panza.
—Sólo que no queríamos creer en lo que veían nuestros ojos...
—¿ y qué cosa se resistían a creer sus mercedes? -preguntó el escudero.
—Que ustedes sean don Quijote y San­cho Panza.
—Sancho soy, de los Panzas de mi pue­blo, labrador honrado y cristiano viejo, pero ahora metido en aventuras de la an­dante caballería, por obra de mi señor, don Quijote, que me tiene prometida una ínsula, que debe estar en el aire, porque nunca la puedo alcanzar. '
—En este siglo puedes tener ínsulas en el aire. Estamos en la edad espacial, San­cho amigo, y tu ínsula bien puede ser la luna -rió otro detenido.
—¿Qué gente sois vosotros, que no ha­bláis como reos comunes, sino como gente culta y bien nacida? -preguntó a esta sa­zón don Quijote, deponiendo la furia y ga­nado por la curiosidad-o Asómbrame comprobar que sólo en esta prisión haya gente que nos reconoce, porque afuera na­die se dio por enterado de mi fama.
—Mal pueden los policías haber leído vuestra historia, señor caballero.
—Pero vosotros, ¿quiénes sois? Hablad, amigos, que me tenéis en suspenso.
—Nosotros somos detenidos políticos.
—¿ Y por políticos os tienen aquí cargados de cadenas? ¿Desde cuándo estáis pri­sioneros?
—Algunos llevamos más de 30 años de prisión. Otros, son recién llegados como ustedes.
En ese momento se escucharon afuera los rebuznos del Rucio y un corto relincha de Rocinante. Y una voz preguntó:
. —Son los animales de los detenidos. ¿Los encerramos también?
—No seas bárbaro, que aquí no se en­cierran animales -respondió el comisario.
—Es cierto. Los animales están fuera, gritó un recluso. Y todos festejaron la ocurrencia con una carcajada.
Al poco rato se presentaron varios agentes portando ametralladoras y los pre­sos enmudecieron, creyendo que los ve­nían a castigar. Pero felizmente no era éste el motivo, sino que un oficial abrió la puerta y dijo:
—Los nuevos detenidos quedan en li­bertad.
Don Quijote asomó a la puerta su si­lueta enjuta y dijo firmemente.
—Oíd, hombres desalmados: Me niego a salir si no soltáis a estos caballeros cau­tivos.
—Yo sí saldré de muy buena gana, so­bre todo teniendo a mi Rucio en la puerta -dijo Sancho Panza, corriendo hacia la luz, pero su amo lo aferró por el cuello de la chaqueta.
—¡Quieto ahí, sopenco traidor! De aquí saldremos con los demás o no saldremos y vosotros, cobardes servidores de un mal amo, soltad inmediatamente a los prisio­neros, o conmigo sois de nuevo en mortal combate.
Pero el combate terminó en el acto, porque le dieron un terrible culatazo en la cabeza y el caballero volvió a salir tieso conforme había entrado.
Lo sentarán, dormido aún sobre Roci­nante, allá lo amarraron muy bien para que no cayera y lo pusieron de patitas a la calle. Sancho salió tras él llevando al Ru­cio del cabestro.
—Sáquenlos fuera de la ciudad para que no sigan alborotando con sus locuras -ordenó el comisario.
Y nuestros aventureros fueron escolta­dos por los gendarmes hasta una legua más allá del pueblo y luego soltados.
Don Quijote despertó por tercera vez y dijo:
—¿Qué campo es éste, Sancho amigo?
Paréceme reconocerlo y en verdad que ahora creo estar en la Mancha.
—Mire allá los molinos, señor don Qui­jote… Pero, por vida suya no se le ocurra envestirlos de nuevo.
—Socarrón eres, Sancho y malcriado.
—No se enoje mi amo y señor. Pero ahora que estamos libres, ¿a dónde ire­mos?
—Iremos al Toboso por segunda vez, para ver y admirar a la señora de mis pen­samientos, a la nunca bien ponderada Dulcinea, quien hace tanto tiempo no contemplaban mis ojos.
—Tanto como cuatro siglos, que según cuenta la gente, estamos en el año de 1963.
—Eso es algo que me preocupa Sancho.
Las cosas se presentan tan distintas a lo que eran que, no parece sino que los siglos hubieran pasado sobre ellas.
—¿Y nosotros, señor caballero? Ya de­biéramos ser menos que polvo. Y aquí estamos galopando por el mundo y su­friendo apaleaduras sin cuento.
—Somos inmortales, hermano Sancho.
Ya te dije que la profesión de la andante caballería nos iba a conducir a la inmorta­lidad ..
—¿Pero Rocinante y el Rucio, también son inmortales?
—Es que sobre ellos también obra el mismo encantamiento.
—¿Y qué mago es ese tan poderoso que nos hace vivir por toda la eternidad?
—Es el mago que nos trajo a este mun­do y que nos hace flotar sobre los siglos. Ese mago se llama don Miguel de Cervan­tes. 'Pero, espera amigo, que mucho me equivoco o aquí se me presenta otra singu­lar aventura.
—Guárdese mi señor de buscar aventu­ras, que estamos más molidos que unas albóndigas y «tanto va el cántaro al agua ... ».
—Calla Sancho y mira ese camino que sube a la sierra. ¿Ves esa fila de gente en­cadenada? Cautivos son y vamos a poner­los en libertad ...
—No haga tal, mi señor. ¿Es que le pide el cuerpo más golpes todavía?
Pero don Quijote ya se perdía por esos matorrales, enderezando hacia el lugar de la doliente caravana.
—Pare por amor de Dios, que esa gente siga con lo suyo, que nosotros no somos políticos, que usted no es anarquista ni yo soy republicano.
Pero don Quijote no oía nada ni deja­ba de galopar. Llegó a una vuelta del camino y allá se paró a esperar a los cauti­vos. Sancho le dio alcance azuzando y pa­taleando sobre el Rucio:
—No envista mi señor, que aquí debe de estar el malvado Jinez de Pasamonte, y los cautivos que su merced liberte, nos romperán las costillas a pedradas, tal como lo hicieron en otra oportunidad.
—Apártate Sancho y no me impidas ha­cer justicia. -Levantó la voz y preguntó: —¿Por qué delito encadenáis a esa gen­te? ¿Ladrones o asesinos son? ¿Quién los juzgó y adónde los lleváis?
—Son terroristas republicanos. Y con esto basta. Ahora apartaos -contestó el jefe de los guardianes y ordenó seguir la marcha.
—Puesto que son políticos y no delin­cuentes, aquí mismo los soltaréis hideputa -bramó don Quijote.
Pero sonaron varios disparos y el caba­llero se desplomó al suelo, cubierto de sangre.
—iHan matado a don Quijote de la Mancha! ¡Lo han matado en España! ... gritó Sancho y cayó sobre su amo, derra­mando torrentes de lágrimas.
Se levantó de allá y empezó a tirar pie­dras y terrones contra los soldados. Los
guardianes reían, pero el jefe ordenó:
iAmárrenlo a la fila de los reos! ...
En ese instante don Quijote se movió y dijo, entre borbotones de sangre:
—El bálsamo, Sancho ... pronto ...
El escudero se hizo soltar como pudo y corrió a hurgar las alforjas. Como no en­contró el remedio empezó a jalarse de las barbas.
—¡Se ha perdido el bálsamo! ¡Rateros, devuélvanme el bálsamo del feo Blas!...
-De Fiebras has de decir Sancho, que no del feo Blas ... -musitó don Quijote, revolcándose en el suelo.
—En buena hora se le ocurre a su mer­ced, corregirme el idioma. Aparezca el bálsamo y quédeme yo con todos mis errores.
Pero el bálsamo no apareció. Don Quijote, moribundo, fue atravesado sobre. el caballo. Sancho fue amarrado a la fila de los cautivos y la caravana siguió ade­lante.
Pasó un mes y la inmortal pareja vola­ba en un avión, hacia el destierro. Don Quijote, cubierto de vendajes y atendido por su fiel escudero, se creía víctima del peor encantamiento.
—Volamos Sancho y no sobre Clavile­ño. Mira dónde queda la tierra.
Sancho miró por una ventanilla y el estómago le dio tal vuelco y comenzó a hacer tales gestos, que don Quijote le previno:
—Apártate, hermano Sancho y no quie­ras rociarme la cara, como en épocas pa­sadas.
—Eso no haré yo, mi amo, que feliz­mente se perdió el bálsamo.
—Se ha perdido el bálsamo y mucho más, Sancho bueno. Allá abajo se ha. per­dido la andante caballería, se ha perdido la Mancha, se ha perdido España ...
—Se ha perdido el Rucio y Rocinante
—gimió Sancho.
—Eso no, que también fueron desterrados y se unirán con nosotros en la frontera. Pero no llores hermano, que algún día volveremos, porque un pueblo no puede vivir sin alma ...
El avión cruzó el límite y España se perdió de vista.


Referencia:

Alfaro Oscar (1985). Don Quijote en el siglo XX. La Paz: Edición privada.

Narrativa fantástica en Vanessa Giacoman: Dragones acuáticos


Vanessa Giacoman es una escritora que sale del común de los escritores bolivianos. Penetra en el mundo fantástico, y otorga a los adultos, adolescentes y niños la posibilidad de soñar con seres míticos y legendarios. Dentro el campo de la narrativa fantástica, inicialmente edita de manera particular el relato "La Tormenta Mágica". Respecto a este cuento, Rosario Q. de Urquieta señala: Creatividad e imaginación expresadas en un lenguaje fresco, directo, espontaneo, historia, personajes y acciones que se mueven sorpresivamente dentro de un andamiaje, hábilmente estructurado, logran que "La tormenta Mágica es un buen cuento.
Asimismo, en 2006, edita un conjunto de cuentos fantásticos, "Dragones", donde desarrolla aún más su pensamiento fantástico, recreando el mundo de los dragones que aparecen en una amplia variedad de familias.
Vanessa presenta un potencial para el relato fantástico que seguramente se irá desarrollando en el transcurso de los años, y así el lector podrá disfrutar de lo que emerja de su creatividad.


Dragones acuáticos

Autora: Vanessa Giacoman

Dos mundos separados y enemigos, como dos universos que no querían conocerse, el mundo de los mares, y la firme tierra, dos polos opuestos, se enfrentaban a la lucha de la supervivencia.
Miles de dragones estaban dispersos en el suelo seco, otros debían sobrevivir en las profundas aguas; sin embargo, la furia del mar obligaba a estos acuáticos a buscar un lugar más tranquilo fuera de las amenazas naturales.
En esta aventura se adaptaban a los diferentes cambios de temperatura.
Un grupo con inteligencia más desarrollada percibía el peligro para cambiar de forma si era necesario, como convertirse en hielo cuando las aguas eran demasiado frías. Los más viejos y débiles pensaban que llegaría un tiempo en que las aguas marinas podían desaparecer; por esto, su principal objetivo era encontrar un lugar donde el peligro no los amenace.
Viajaron recorriendo los mares, encontrándose con otros dragones de agua dulce que también habían estado escapando. Aunque eran demasiado pequeños comparados con los dragones del mar, de igual forma se unieron en un solo grupo y emprendieron el viaje.
La tempestad se hacía cada vez más fuerte; las aguas contaminaron varios lugares antes claros, las rocas estaban tomando un aspecto inestable y desconfiado. Azotando fuertemente las aguas parecían rebelarse contra el mar, se abrían gigantes grietas en lo más hondo por donde nadie antes había viajado. A pesar de toda esta turbulencia siguieron la búsqueda.
Tristemente uno de ellos quedó atrás, sus débiles aletas y el cansancio le impidieron pedir ayuda. Aislado del grupo decidió vagar perdidamente, pero a lo lejos un canto pacifico lo guiaba. El miedo iba disminuyendo y cada vez se sentía mas seguro. Las aguas se hacían tibias y el frío desaparecía. Se sintió aliviado. Aunque estaba en la oscuridad ese canto natural le daba fuerzas, se adentró más y más por un túnel que había encontrado; su instinto se encargó del resto. Cuando llegó a la salida apareció un lago cristalino de aguas claras y magia virgen. Una ciudad abandonada donde cada gota de vida había formado ese paradigma natural.
Los otros notaron rápidamente la ausencia de un compañero, se concentraron en hallar su rastro, lo buscaron hasta llegar al túnel, pensaron que tal vez estaba en peligro o ya muerto. Grande fue su sorpresa cuando en medio del túnel encontraron un dragón rejuvenecido y latente de vida, rodeado de una energía sabia y purificadora, un sitio de belleza infinita, ausente de la realidad mortífera, donde trascendía lo puro y la grandeza renacía formando el equilibrio del universo.
Los dragones acuáticos se quedaron en el lago rodeados de cascadas cristalinas y pudieron llevar una vida perfecta en paz con la naturaleza la cual parecía suspirar todo el tiempo en aquel lugar.


REFERENCIA:
Giacoman Vanessa (2006). Dragones. Cochabamba: T.G. Kipus.

Arturo von Vacano y una carta a Borges

CARTA A BORGES
Autor: Arturo von Vacano

Estimado Señor Borges:
Estaba yo leyendo su Antología de la Literatura Fantástica cuando sucedió lo que nos ha sucedido. No alcanzo a creer que exista alguna relación entre usted, ese libro y este Incidente, pero posiblemente usted, que tiene bastante experiencia, podría decirnos cómo salir de este atolladero.
Cuando pedí el billete a la mujer de ojos verdes en el mostrador, dijo mi esposa: "Tal vez sería mejor que te fueras por tres días. . . Pero yo no sé. . . ", y se quedó mirando a la gente que pasaba por la vereda. Está esperando a nuestro primogénito y no es extraño que a veces se quede así, con una frase colgando de su indecisión. Yo dije no. Había tratado de viajar en tren, no había encontrado boletos, pero quería salir de Cochabamba para volver a La Paz y empezar a trabajar en otro artículo. Cuando contaba el dinero para pagar me fijé por primera vez en la cubierta del libro suyo. Me gusta el verde, me gusta el azul. Los niños, en el limbo, pensé, ven las cosas así. Cuando pagué y nos fuimos y la gente tomaba helados amarillos en la tienda de las austriacas, mi mujer fingía vivir con el alma tranquila, pero sufríamos un dolor pequeño por la separación. Yo debo volver, me dije, y traté de sentirme maduro. Era necesario. Pero entonces fue, como lo recuerdo bien, cuando empecé a sentir la conexión entre el libro, el vuelo y la angustia que nació, yo creí, en esa corta separación.
Fuimos a casa, metí una camisa azul en la maleta y empecé el ritual de despedirme de la familia. Abracé a la abuela y no le dije nada sobre su salud. Me daba miedo hablar del tema como a otros les da miedo levantar un cristal rajado. Ahora me arrepiento. Un buen deseo no mata a nadie. Después besé y abracé muchas veces a mi esposa, y ambos fingimos meter la desazón en un bolsillo. Tomé y pagué un taxi antes de subir al coche, fumé con las manos sudadas y me rasqué la nuca. Estaba nervioso pero no más nervioso que otras veces cuando volaba de un lugar a otro, de un país a otro, de Cochabamba a Nueva York. Las cosas, Sr. Borges, no marchaban muy bien para nosotros; yo era periodista, había retornado al país para trabajar con unos curas falsos de falsas inquietudes sociales, había creído en esas inquietudes, había hecho algunos artículos siguiendo esa falsa corriente y había perdido el empleo. Los americanos me acusaban de comunista, socialista, izquierdista o qué se yo. Yo sólo sé que nadie me daba trabajo y mi hijo nacería en enero y no teníamos cómo recibirlo bien. Estaba preocupado, pero no dejé de pensar, como siempre que vuelo, en que me estaba jugando la vida.
Las manos de las gentes siempre se humedecen cuando los aviones despegan. Todos temíamos lo mismo en los aviones, y lo sé porque así ha sido siempre, dónde y cuando haya sido que me tocara volar. Me dije: "Ahora me muero, y todo se queda pendiente para mí... y es una verdadera vergüenza que muera sin ver a mi hijo… hija. . .”, y me puse a pensar en un ser humano que no existía pero que estaba tan presente allí, entre un americano que vende tractores y yo, que por poco me inclino y le hablo y le pido que se duerma.
El aparato es un turbohélice. Ya se sabe: esos que silban y rugen al mismo tiempo. Es grande, porque lleva casi noventa pasajeros y aún quedan asientos sin ocupar. Es rápido. Dicen que hace el vuelo entre La Paz y Cochabamba, o entre Cochabamba y La Paz , lo que no es lo mismo, en treinta minutos. Las otras veces volábamos 45 minutos o más mirando las nieves de la cordillera y sufriendo con el viento, helado como los manotazos de la muerte. Si uno hace de tripas corazón y deja de sujetarse al asiento cuando el viento bambolea el aparato y siempre hay alguna tuerca suelta que se pone a vibrar en diferentes tonos de angustia, el avión es cómodo. Pero juraría que los noventa teníamos las manos húmedas cuando el aparato empezó a corretear sobre la pista de tierra y el despegue no concluía nunca.
El vendedor de tractores leía a Harold Robbins y trataba de distraerse con algunas de sus descripciones sexuales. Yo le estaba leyendo a usted con sus mundos y no podía entender nada sobre el asunto ese de la luna y las enciclopedias que tanto le gustan y que yo pienso que menuda la falta que le hacen. Borges, Borges, me dije, sólo Borges puede preocuparse por los modos que tienen esos tíos raros para ocuparse de la luna.
Traté de entender otra vez cómo llamaban a la luna esos buenos señores y por qué era la cosa como era en ese país del que usted es un modesto Colón, no pude, y estiré el cuello para atisbar por la ventanilla. No, todavía no. No habíamos despegado aún. Miré la mano del vendedor de tractores, y sudaba.
Sudaba a mares. No estaba húmeda solamente. Estaba mojada y arruinaba la tapa del libro de 95 centavos.
Volví a enfrascarme en sus descripciones - digo, las suyas - y empecé a pensar nuevamente cuan estúpido sería morir ahora y aquí, en la panza de un pez de plata incapaz de sumergirse en el aire. Pero nada, no se sumergía y yo, que hubieron veces en que quise suicidarme en el pasado, empecé a ver las cosas con la imaginación de los moribundos, listo casi para aceptar mi paz privada y enfrentarme a lo que hubiera que enfrentarse. Me dolió mi hijo, me dolió mi esposa, pero decidí, tratando de consolarme, que ella era muy joven, yo era muy joven, y ella era una mujer formidable y magnífica y dulce y buena, y que nadie enfrenta demasiadas dificultades para llenar el vacío dejado por otros. Nadie es indispensable en esta vida, me dije, y menos un periodista fracasado. Suspiré, levanté con decisión la vista y me imaginé - o mejor, lo vi - el brazo del asiento anterior cuando saliera despedido como una bomba y se me introdujera brutalmente en la boca del estómago.
Miré por la ventanilla otra vez, atisbando sobre la nariz del americano. Era un tejano pobre, solitario y asustado. Nadie quiere morir nunca, y menos cuando no tiene razones para vivir. Recordaba, y yo lo sabía, que había dejado varías cartas importantes sin firmar en su despacho. Nadie debería morir sin poder firmar sus últimas cartas, pensé yo, y él se decía que "…es indecente… Es indecente. . . Es algo muy indecente... .", cada vez que sus dedos bailaban sobre la cubierta del libro.
Pero miré sobre su nariz, sus dedos y su libro y nada. El avión correteaba muy normal sobre la pista de tierra, algunas tuercas zumbaban o vibraban con angustia, pero permanecíamos allí, entre la tierra y el cielo, sin que sucediera nada.
Bueno, me dije, volviendo a reclinarme, esto es raro. Pero no es imposible. Debe ser que mi tiempo cósmico, el mío, mío, mío solamente, se está adelantando. Miraré mi reloj, descubriré que es así y respiraré tranquilo. Hasta podría fumar, sí esto acabara pronto.
Pero entonces volví a mirar la tapa de mi libro, es decir, de su Antología, Sr. Borges, y al ver el azul y los puntos verdes y los azules, me asusté y decidí dejar el reloj tranquilo. Abrí el libro y me refugié en sus letras, sin verlas.
Hubiera permanecido así hasta dormirme si el tejano no habría la boca. Cerró su libro con un golpe seco, se pasó la mano por la frente y me tocó el codo.
— Largo despegar , ¿eh?
Abrí los ojos y retiré el codo. No podía decir nada. ¿Qué podía decirle?
— Algo pasa aquí...
Se volvió para mirar por la ventanilla y yo hice lo mismo. Entonces me di cuenta de que yo no estaba equivocado. La vaca, esa vaca, Sr. Borges. . . Era la misma vaca en el mismo prado y con el mismo campesino que levantaba la mano para despedirnos. El mismo. . .
— Ese campesino es el mismo que. . .
No me contestó. Pero la vaca era la misma; la había visto pasar cuatro minutos antes por la ventanilla, moviendo la cola. Entonces sentí que mi frente transpiraba y sonreí, de miedo.
Bueno, hace noventa y dos días que estamos despegando.

Al principio, digo, cuando nos repusimos de la impresión, decidí tomar las cosas con calma y pedí un trago. Una de las ventajas de estarse sentado aquí, mirando pasar esa vaca cada cuatro minutos, es que se puede beber y comer lo que uno pida y nunca es necesario pagar. Yo no me lamento mucho sobre esta situación: sólo necesito algo nuevo que leer; Robbins y usted y Corín Tellado y el último. . . Quiero decir, un LIFE, un TIME, un Diario de la Tarde, en fin, todo ha pasado ya por mis manos.
Fue cuando la camarera, una rubita delgada y de cara triste, salió de la cabina del piloto, que yo supe que estaba pasando lo que estaba pasando. Miró de un lado al otro, abrió la boca como para hablar pero no pudo creer lo que diría y finalmente se metió en la cabina como un gorrión asustado.
Después salió el capitán, pálido como un muerto, y trató de explicar el asunto. Tres o cuatro mujeres se desmayaron, algunos hombres gritaron a la cara del piloto sus urgencias de negocios, y yo sentí que estaba muerto. Pero no me asusté porque no dolía, y siempre he pensado que la muerte asusta porque duele.
Hemos construido compartimentos para los casados, hemos tratado de aislar de alguna manera a los bebés, hemos hecho lo posible para calmar a los nerviosos. El tejano y yo, ahora, somos casi amigos porque hemos formado un grupo de cuatro para jugar al póquer. Perdemos y ganamos el mismo dinero y brindamos con uno especial cuando Jack, como tenía que llamarse el tejano, descubrió que no tenemos necesidad ni de peluqueros ni de barberos, ni de cortarnos las uñas, o cuando Anita, que era la camarera, descubrió que la despensa no se vacía tampoco por mucho que la ataquemos. Hubo un suspiro general de alivio porque ya para entonces lo fantástico de nuestra situación dejaba de serlo. Gracias a Dios, no hay entre nosotros ningún científico ni nadie por el estilo que dramatice la situación... Digo, tratando de comprenderla. O explicarla, lo que sería peor. La radio no funciona y la vaca y el campesino que pasan por la ventanilla cada cuatro minutos no pueden ser parte del mundo de allá. Ni del otro. Deben serlo de éste, sea cual sea este mundo en el que estamos despegando, o hemos despegado, porque el momento mismo en que crucé el saludo último con el campesino decidí escribirle esta nota, Sr. Borges, dejarla caer por alguna parte — el capitán sabe por donde, yo no — y ver si hay modo alguno en que usted pueda ponerse en contacto con nosotros. Si existe algún ser humano capaz de sacarnos de aquí, ese genio es usted. Estoy seguro de eso, Sr. Borges. Por eso he sacado mi vieja máquina del compartimiento de equipajes y estoy escribiéndole.
Siento que un extraño dolor y una extraña vergüenza me llenan el corazón al decirle esto, Sr. Borges, pero se que usted podrá entenderlo. Yo no tengo gran interés en que nos saquen de aquí. El gran problema, claro, es el tedio. Y la locura. Y los salvajismos que podríamos cometer una vez que, hombres civilizados como somos, se nos ocurra luchar a muerte por las mujeres, ponga usted por caso. Hay veintidós mujeres con nosotros, pero sólo la mitad son lo que se dice mujeres y la mitad de estas son casadas o lo fueron antes de despegar. Las otra son ancianas, o niñas o, bueno. . . Lo malo es que la situación no cambiará nunca. Quiero decir, a menos que... Bien, lo que quiero decirle, Sr. Borges, es que Anita y yo nos entendemos. Cuando el capitán puso el piloto automático y Anita y yo, distraídos, nos sentamos en la cabina para saludar otra vez a la vaca y al campesino, descubrimos de pronto, fue el día 65 si no me equivoco, que nos amamos. Pero aún no sabemos qué hacer: yo soy, digo, era casado. Para estos tiempos, y si han descubierto en Cochabamba que algo extraño ha sucedido con nuestro avión, yo ahora soy viudo. Quiero decir, mi esposa es viuda. Bueno, usted no puede negar que este es un problema, por decirlo así, singular.
El caso es que nos queremos y queremos que esto sea un amor limpio y bueno. Hablamos con el piloto, pero él dice que las leyes del… de… Bueno, de Cochabamba son las leyes de esta nave. Así dijo: nave. Anita y yo no sabemos qué hacer. Un viudo y una chica soltera pueden casarse. . . pero yo no soy viudo, sólo soy un anti-marido.
Pensamos una y mil veces sobra este problema y no sabemos qué solución darle. Hay veces en que me propongo matar al piloto, cambiar las leyes de Cochabamba y casarme. Pero el piloto es el capitán y sólo el capitán puede casarnos. Dada nuestra situación, creo que sería peligroso tratar de arrojarlo todo por la ventana, literal y simbólicamente, ¿verdad?
Veo que estoy escribiendo tonterías ya. Bueno, en un caso como este, usted puede comprenderlo y disculparlo. Sobre todo, dada su gran cultura. De eso estoy seguro.
Existen, por supuesto, muchos detalles interesantes sobre la vida de mis compañeros de naufragio. Pero usted tiene esa su imaginación y puede delimitarlos sin gran esfuerzo. No tenemos a bordo, como sucedía siempre en Hollywood, un estafador o un delincuente para el cual este es un escondite maravilloso. Tampoco tenemos una vampiresa decidida a cazar hombres y coleccionarlos como palillos en un aro. No tenemos ningún sacerdote, gracias a Dios, y eso es realmente milagroso. En mi país, los únicos que vuelan son los hombres de negocios americanos, los curas americanos, los misioneros de varias nacionalidades, los políticos bolivianos y las familias de vacaciones que quieren impresionar a sus vecinos.
Somos, a veces me digo, asquerosamente normales, aquí. Cuando lo pienso, y pienso que pudo haber estado en este aparato un hombre, póngase por caso, como usted, y que yo podría haberle hecho diez mil preguntas que me interesa preguntarle, y que en cambio, sólo están los que están, me dan ganas de matar a todos. Pero me controlo. Se que un error. Una pelea, cualquier cosa, puede echar a perderlo todo, y entonces el campesino y la vaca desaparecerán en una nube de polvo. Todos estamos en la misma situación, por lo que vine a descubrir. Todos hemos establecido diferentes relaciones emocionales entre nosotros, y muchas máscaras han caído al suelo, por así decirlo. El problema entre hombres y mujeres me preocupa. Usted sabe como es. Parece sólo una cuestión de tiempo. Después de todo, nunca supe de ningún grupo de náufragos que pudiera conservar su acento de Oxford, si comprende usted lo que quiero decir. Eso me preocupa, pero no mucho. No veo razón alguna por la que la ley del mundo que dejamos, esa ley natural por excelencia que habla de peces y pececitos, no pesa aquí entre nosotros. Es cuestión de tiempo, y yo, que lo sé, tengo ya una barra de acero lista que me hará sino el rey, el primer ministro de este reino…. Ya no se qué escribirle.
Sr. Borges, miro la vaca y el campesino, y ambos pasan frente a mi ventana cada cuatro minutos. Me miro las uñas y no crecen. Me paso la mano por la barbilla y la cicatriz que me hice el afeitarme hace… hace… ¿cuánto hace? …desde el día en que empezó esta aventura, sigue en su sitio, igual que siempre.
Como siempre que escribo, no importa lo que escriba, ahora también me deprimo al escribir. Pienso que algo tiene que ceder. Pienso que, después de esto, habrá un montón de falsedades con las que yo convivía y que habrá que destruir o rechazar o matar, por mucho que duela. Pienso que Jack es un asqueroso americano. Pienso que los naipes no se gastan nunca y que yo vivo en ese estado continuo de inquietud que sufrí cuando despegamos. Y la tuerca vibra con tanta angustia, y Anita no está cansada. Nunca está cansada, como nunca estamos cansados nosotros, ninguno de nosotros, ni los bebés… Sr. Borges, usted debe saberlo: ¿es esto el infierno?

GROHUMO de Ernesto Camacho Ascárraga


Ernesto Camacho Ascárraga, es un escritor boliviano, cuyo cuento Grohumo resultó tercero en el concurso de cuentos lanzado por la Universidad Técnica de Oruro en 1968. Según me comenta Cesar Verduguez, Ernesto Camacho presentó su cuento de ciencia ficción al concurso con aquella expectativa de ganar (en un medio donde los cuentos de tinte costumbrista o social estaban de moda). Consiguió un tercer puesto que no le convencio, y este fue el motivo para que aparentemente se sienta frustrado y se retire del entorno literario. Estoy a la busqueda de mayor información de su vida, espero encontrar amigos o parientes de él (Ernesto Camacho ya falleció).



GROHUMO
Autor: Ernesto Camacho Ascarraga

INTRODUCCION

En este momento, en que la realidad se escapa de las manos, la única posibilidad de adelantarse al pavoroso ritmo de las realizaciones científicas es la imaginación, la ficción que en los tiempos de Julio Verne, esperó casi cien años para realizarse; en nuestro siglo, no espera tanto, sino que en el lapso de unos años o meses la realidad deja atrás a la ficción.

Empero cabe preguntarse, si el hombre es la conjugación de lo material y los valores espirituales. ¿No estaremos dejando atrás la evolución espiritual? ¿Hacia dónde nos lleva, la ruptura del equilibrio entre lo material y lo espiritual?

Lo fantástico no es lo imaginario. Pero una imaginación fuertemente aplicada al estudio de la realidad, descubre que es muy tenue la frontera entre lo maravilloso y lo positivo o, si ustedes prefieren, entre el universo visible y el universo invisible. Existe tal vez uno o varios universos paralelos al nuestro.

CAPITULO I

Mi nombre es Grohumo y tengo veinte años. Mi padre es un destacado científico. Como tal, mi presentación; pertenecía a una familia de científicos. Me educaron con severidad para desempeñar y proseguir el trabajo de mi progenitor. Al cumplir los ocho años decidieron que la carrera de las matemáticas estaba abierta para mí a causa de que desde temprana edad resolvía complejos problemas de Matemática Polidimensional. Mis padres al comprobar mi capacidad resolvieron intensificar mis estudios a cargo de peritos en dicha rama de la ciencia. Moramos en un mundo paralelo a la tierra llamado Zhorhat, ubicado en otro plano de existencia más allá de la tercera dimensión no concebido por los seres humanos, porque en su incipiente evolución carecen todavía de los medios que la naturaleza dota al hombre, la facultad orgánica de entender otras existencias: La Cuarta Dimensión.

Los experimentos que se realizaban con fines científicos por un grupo de cientistas tenían por objeto obtener el máximo de perfeccionamiento para efectuar "viajes" de ida-retorno a voluntad a otros planos de existencias ilesos de tan audaces exploraciones. "El' boquete del tiempo" se provocaba por medio de una sutil máquina. Sin embargo, tenía la desventaja en su gobierno, si no se lo manipulaba correctamente, de arrojar a su operador a otras dimensiones.

Después de largas e intensivas instrucciones teóricas determiné que llegó el momento de hablar con el Superior. Abandoné mis libros y mi cuarto y me dirigí directamente al edificio donde vivía el Superior. Estaba al tanto de mis adelantos y por cierto muy complacida; era normal por lo tanto que me recibiera con amabilidad. Después de ofrecerme asiento me preguntó:
—Y bien, ¿cuál es el motivo de tu visita?
—Quiero estar junto con los investigadores en el momento de las pruebas. Es mi deseo dedicar mi ciencia a hechos concretos.
—Me parece que aún es prematuro acceder a lo que me pides, en atención a tu edad. Puede ser peligroso.
—No importa —contesté casi con atrevimiento— tengo coraje.

Se sorprendió un tanto.
—No obstante el permiso no depende de mí. Antes debo consultar al consejo; si aceptan tu petición, cuenta también con el mío. Luego me miró pensativo.
—¿Estás convencido de que en el gran vacío de nuestra existencia puede 'hallarse otras existencias paralelas?
—Las Matemáticas poli dimensionales nos lo demuestran de modo concluyente —contesté rápidamente.
—Lo que quiere decir que existen mundos paralelos reales. ¿No es así?
—Exactamente, de acuerdo a la ley del equilibrio que sé, hay un par de opuestos. Es una certeza.
—¿Por qué crees que nuestra existencia no es sólida y concreta?
—La materia está constituida de átomos. Ahora bien, la más pequeña división del átomo nos prueba de modo evidente que está formado por espacio vacío y ahí está el plano de nuestra existencia y de otras. Por eso insisto me permitan observar lo que tanto tiempo me tenían vedado.—Te comprendo, Grohumo; pero te advierto es arriesgado.
—Sin embargo, insisto.
—Está bien, intercederé a tu favor a los miembros del Consejo, puedes retirarte. Si aceptan tu solicitud el momento se determinará en una oportunidad posterior.

Los Zhorhatnos físicamente se parecen a los seres humanos; pero, sin embargo, son radicalmente distintos. Poseen poderes mentales super desarrollados, superiores a los terrícolas. Están mucho más adelantados en el camino de la perfección que los seres humanos. La civilización en Zhorhat existe desde muchos milenios. Cuando se desea producir el "boquete del tiempo" para fines de investigación se calcula los movimientos de rotación-traslación: de ambos mundos, objeto de interés, operación que se conoce perfectamente; de esta madera se contempla cualquier mundo y se puede pasar una temporada en él.

Un día fui llamado para presentarme ante el Superior, ya en su presencia se dirigió a mí.
—Grohumo —me dijo alegre—, tengo buenas noticias para tí; fuiste aceptado. Tuve que hacer un gran esfuerzo para contener mi euforia que estaba a punto de desencadenarse. Al fin llegó el permiso que tanto anhelaba.

Cuando entré al centro de investigaciones me maravilló ver máquinas tan extraordinarias. Lo primero que ví fue una Estación Rastreadora. Instrumentos de asombrosas formas y de imponente presentación. De entre todas sobresalían por su tamaño dos esferas de color violeta; a su alrededor brillaban ondas magnéticas dando lugar a un juego de luces como era la primera vez que asistía a un centro de investigación, ignoraba el uso a que estaban destinadas.

Después de esperar bastante tiempo vi venir hacia mí un hombre de aspecto fornido, traía en sus manos un pequeño dispositivo rectangular de color negro que cabía perfectamente en la palma de la mano. Luego de los saludos de uso habló:
—Haremos todo lo posible por ayudarte. Esta vez observaras más allá del espacio, aún más allá del tiempo; ahora entra en aquel vestíbulo y espera hasta que te llamemos. Mientras tanto estudia esta máquina. Nuevamente quedé solo. Encaminé mis pasos hacia el vestíbulo, mientras espiaba de cerca aquellas formidables máquinas.

Tomé la máquina en mis manos, la examiné con gran precaución; tenía varias manecillas en ambos extremos, al centro sobresalía una pequeña pantalla cóncava. La primera impresión que sentí fue un calorcito agradable acompañado de una imperceptible trepidación.

Suscitó de un modo extraño mi atención. Al hacerla girar entre mis manos vi en la pantalla algo que me hizo estremecer y en un tris estuve por abandonarla; fue entonces cuando vi una visión que duró una fracción de segundo, un breve relámpago, tuve la certeza de que el aparato me había revelado en su fondo la existencia de otro mundo. El esfuerzo de mi atención me produjo un inexplicable desfallecimiento, sentí un mareo, causando involuntariamente el roce de una de las manecillas: un sonoro click y fue lo último que escuché.

Rápidamente se apoderó de mí la sensación de que me desvanecía en el aire, seguido de un estremecimiento que a momentos concordaba con un suave bamboleo verdaderamente maravilloso. Súbitamente me vi envuelto en tinieblas; pero muy pronto me inundó un resplandor deslumbrante. Por último, flotaba en un tiempo distinto. A partir de ese instante por falta absoluta de sincronización de vibraciones entre ambos mundos —ya que el traslado se realizó fortuitamente— caí sumido en la profunda oscuridad del olvido. Entre tanto los hombres de Zhorhat al advertir la ausencia de Grohumo se movilizaron rápidamente temiendo lo peor. Todo el mundo corrió hacia el lugar donde desapareció Grohumo. Un grupo de investigadores observaba febrilmente el complicado tablero de la Estación Rastreadora, escudriñando el cielo con potentes aparatos ópticos. Durante día y noche renovaran las búsquedas, pero fueron inútiles.

Por fin comprendieron que toda esperanza era vana.


CAPITULO II

Se encontró en un lugar solitario de una gran metrópoli, muy cerca distinguió la silueta de grandes edificios totalmente extraños para él; al principio estaba turbado y lleno de presentimientos, pero sólo por unos instantes. Repuesto de la sorpresa obligó a su mente a recorrer el camino de los recuerdos; vano intento. No sabía de dónde venía e ignoraba por completo su origen; sin embargo, algo vibraba en su interior; un estremecimiento de vitalidad.

Echó a andar por una estrecha calle desembocando en una gran avenida. La gente que observaba era completamente extraña para él. Las gentes a su vez le miraban con sorpresa y apuraban el paso. Parecían tener prisa. Pronto advirtió un hecho extraordinario; sus sentidos super desarrollados le revelaron la presencia de ondas mentales que provenían de esas criaturas humanas y que eran completamente distintas a las suyas. Ahondó en sus mentes con interés; lo que descubrió fue un cúmulo de pensa1mientos desagradables; estaban dominados en su totalidad por un algo que llamaban dinero, pensamientos que giraban alrededor de ambiciones de dominación de poder, egoísmo, otros emanaban ondas de envidia, rencor, odio, parecían ser los puntales de esta humanidad. En cambio, no encontró ni parecían tener ideas que indicaran evolución espiritual.

Gradualmente se dio cuenta de que había algo extraño que lo distinguía absolutamente del resto de las criaturas terrestres. Ignoraba su nacimiento y su nombre, se sorprendía de los poderes que tenía y sobre todo de la profunda diferencia con los seres a su alrededor.

Captaba sus pensamientos con mucha facilidad. Los terrícolas no tenían barrera de defensa mental. Para un ser como Grohumo, positivo en todo sentido, había en él una innata inclinación hacia el bien, en su corazón no cabía el orgullo, la soberbia, el cinismo, sostén de los seres humanos. Como tenía la facultad de llegar al fondo de las cosas en un abrir y cerrar de ojos se dio cuenta que la ignorancia era la causa de todo.

El desprendimiento de tan formidable cantidad de energía negativa emanada por los hombres flotaba por doquier, instantáneamente comprendió definitivamente que se trataba de criaturas pertenecientes a un mundo poco evolucionado. A donde dirigía la vista había ruido, tumulto, estruendo.

De pronto la mirada escrutadora de Grohumo se detuvo pasmada; su consternación fue enorme al comprobar que las gentes a su lado padecían desmayos, lo que contemplaba con expresión de sorpresa; otros estallaban en crisis de nervios y calambres que les impedían caminar, sus pasos se hacían vacilantes, algunos caían a tierra y otros se detenían, pues sus cuerpos no obedecían a su voluntad.

Tuvo temor inconcebible al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo en su organismo. Sintió que lo agitaba un horrible temblor; su cuerpo comenzó a resquebrajarse. Forzó a su mente desesperadamente hasta comprender que la energía negativa de los hombres estaba causando estrago en distinta naturaleza, en tanto que su energía positiva era absorbida a raudales por los hombres con consecuencias totalmente funestas. Por otra parte la influencia cósmica, telúrica de la tierra parecía confabularse con la energía negativa de los terrícolas para hacer efecto su labor destructiva en su organismo. Caminaba en medio de hombres que iban muriendo; sin duda la situación era angustiosa para Grohumo, si no salía inmediatamente, también dejaría su cuerpo allí y eso no lo podía permitir mientras le quedaban fuerzas para retirarse, salió procurando evitar la humanidad. y trató de ordenar sus pensamientos, y se decía para sí como quien intenta defenderse:
—¿Quién soy? No sé qué edad tengo ni sé a qué tiempo ni a qué mundo pertenezco, sólo sé que hasta donde llega el límite de la mente, me siento parte del Universo, como todo lo que vibra al son de la materia y del espíritu, siempre pensé en Dios, y ya esa idea va muriendo junto conmigo, antes y al decir antes, pensé que el tiempo era la cara de Dios, de un Dios, incomprensible e inmutable, ahora que la vida se me escapa lentamente, pienso que al morir todo seguirá igual, incomprensible y misteriosamente. No puedo hablar de tiempo, ni de espacio, todo existe paralelamente, junto a cada minuto de vida transcurre también un minuto de muerte, en todo lo que alienta existe la lucha del pares de opuestos, la vida y la muerte, el bien y el mal, el amor y el odio, la luz y la oscuridad. De donde yo creo que vengo, no conocía el odio y ahora voy extinguiéndome lentamente por esta fuerza cósmica, el sentido de equilibrio exige una misma proporción de lo que se sienta como lo bueno o positivo y de lo malo o negativo, de donde resultará lo que se conoce como justo. Pero se ha ido por otros caminos en la búsqueda de lo justo; el equilibrio se ha roto, lo negativo es una carga demasiado pesada y la vibración que engendra es tan fuerte que amenaza con la muerte inminente.

Su cuerpo se estremeció violentamente, sus dientes castañeteaban, los primeros síntomas de debilidad comenzaron a trastornar su ya torturado cuerpo. Mientras caminaba, su cerebro siempre volvía hacia atrás, a sus recuerdos sobre su breve y extraña permanencia terrícolas, se sobreponían recuerdos insconcientes cada vez más vagos sobre su origen, en realidad desde la entrada en el tiempo.

Cada vez más fatigado, continuó su insegura marcha de retorno al lugar donde apareció por primera vez, sus temblorosas piernas no obedecían a su voluntad, y mientras sucedía esto la mente de Grohumo trabajaba aceleradamente —Es cierto que existe una unidad indisoluble entre espíritu y el cuerpo de cualquier ente del Universo que piense, hay una relación inevitable— a medida que avanzaba trataba de cargarse de la buena energía del Universo que los hombres lo tuvieron alguna vez.; pero ahora todo en ellos era negativo y todo cuanto podía a tomar o recibir Grohumo era nefasto, mientras —con desorbitados ojos— los hombres por lo que junto a ellos pasaba sentían una debilidad creciente, incomprensible, advertían que una ráfaga de paz los envolvía, era natural, pues eran despojados de esa extraña forma negativa y sin saberlo se sentían invadidos por una extraña debilidad física y una cierta quietud espiritual.

Continúa su marcha, atardece, y en el crepúscu­lo empieza a esconderse el sol, la pobre medida de tiempo que poseían los hombres, y que para Grohu­mo pese a su bondad, también ahora iba a ser una medida definitiva de tiempo, pues no vería con la aparición de esta estrella un nuevo día ni para él ni para muchos hombres que junto a su cuerpo también finalizarían sus días. Ahora Grohumo, ya no es el Grohumo de antes de llegar a este vano planeta llamado Tierra se va Grohumo, ahora cae, y se arrastra, y al caer en tierra sus ojos se posan en una lombriz, que presurosa se esconde, y la mente de Grohumo, piensa, que desde el espacio es difícil establecer diferencias, se arrastran las lombrices por el suelo y tam­bién lo hacen los hombres por las calles. En todo ser que vive es siempre grande el deseo de conti­nuar palpitando, y Grohumo, al final también sien­te el anhelo de seguir viviendo, ¡un nuevo esfuerzo!, ¡valor!, la vida de Grohumo también estaba mar­cada en el tiempo, pero ¿quién es ese que señala los días que debe vivir un ser? ¿Quién es aquel inexorable que cuenta sin errar un día, una hora y ni un minuto donde terminará la vida de uno?, y de los labios de Grohumo escapa una palabra que resume el torbellino de sus pensamientos, una ex­clamación desesperada: ¿Quién? ¿A quién tengo que dirigirme, a quién?, pues la idea de Dios tam­bién está muriendo con él.

Gira sobre sí mismo y vuelve a caer, mientras que unas avecillas, cruzan el cielo por sobre el cuerpo de Grohumo y curiosas al pasar lo observan, y sin detener su vuelo se dirigen a sus nidos. Las sombras de los árboles se alargan, el cuerpo de Grohumo está inmóvil, un leve temblor sacude sus párpados. sus dedos intentan cogerse de un apoyo, y tan sólo se mueve imperceptiblemente, todo se acaba, en algún lugar del infinito toca una señal, es la señal para Grohumo, de todos los seres que pueblan el Universo, sólo los oídos de Grohumo lo escucharán, abre pesadamente los párpados y ve en el cielo la primera estrella que empieza a arro­jar su incierta luz sobre el Universo; es el momento, piensa, el momento, el momento, no termina de pensar; todo ha terminado y en los vidriosos ojos de Grohumo, impreso queda para siempre, retenien­do desesperadamente, la imagen de aquella estrella del misterioso Universo.


REFERENCIA BIBLIOGRAFICA


Camacho A. Ernesto (1968) GROHUMO. En, Cuentistas bolivianos 1968. Universidad Técnica de

Oruro, 1982.

LA NOVIA COCHABAMBINA DEL HACKER MUERTO

Por Miguel Lundin Peredo

Diana estaba preocupada porque esa tarde tenía que ir al cementerio a encontrarse con su novio virtual. Se habían conocido hacía meses en el MSN Messenger. El nickname del novio que nunca había conocido era “Muerto2001″. En la soledad cochabambina de una noche lluviosa, la chica caminó pensando en la locura de amar por Internet. Había leído hace dos semanas atrás que una mujer había sido estrangulada en Sucre por un hombre que ella conoció en un chat. No le gustaban las citas a ciegas. Por si las dudas se marchó con una pistola que había pertenecido a su abuelo, un soldado judío-norteamericano que había luchado en la segunda guerra mundial en Francia, mientras las gotas de lluvia se deslizaban por el paraguas, se imaginó la cara de su enamorado virtual, la vio cubierta de un color dorado y imagino su piel protegida por la piel caliente de un lobo muerto que había sido asesinado en los videojuegos multiplayer que existían en la web, se metió una goma de mascar marca Quique en la boca, miro su reloj, faltan pocos minutos para su llegada al cementerio, se preguntó desde el momento en el que él le había pedido una cita, porque su contacto virtual había elegido el cementerio como lugar romántico, sabía de hombres y mujeres sumergidos en la música gótica y el mundo sobrenatural pero no espero jamás ser participante de una aventura nocturna en un cementerio de Cochabamba. Ingresó al cementerio, habían dos perros que colgaban de un árbol, los habían ahorcado, intentó controlar los nervios y se dirigió a la cripta, ingreso en el interior de la tumba y vio cadáveres de adolescentes vestidas de cheerleaders, un hombre con la cara pintada como un Kabuki la esperaba sonriente. Diana quedó paralizada del miedo, mientras el ser sobrenatural que tenía una webcam en la frente se acercaba a ella con la precisión del ataque de una anaconda hambrienta, la chica intento gritar, pero su boca fue magicamente suturada con alambres que aparecieron inexplicablemente en el aire, el hombre que tenía la pantalla de una
computadora en el pecho, la miraba con malicia. Le dijo que era un hacker muerto que se había condenado después de haber vendido su alma al demonio Zarasbolgia. Ella lloraba, el hacker la vistió de Cheerleader y la hizo bailar levitando como un fantasma por la cripta, la música era requiem for a dream de Mozart. Diana instintivamente pensó que debía pensar en algún ser que pueda ayudarla, intento pensar con más lucidez, el hacker muerto llamado “BioComputadora Cuculis” la miraba bailar mientras bebía la sangre de una cheerleader en una copa de vino. Diana se sintió cansada y vio como las gotas de sangre salían de su cuerpo convertidas en burbujas rojas que flotaban en el aire. Sintió debilidad y el hacker absorbía esas burbujas en su pecho-ordenador, se estaba alimentando con la sangre de Diana, la muchacha pensó que el destino era cruel con las chicas cochabambinas que buscaban el amor mediante el chat antes de quedar convertida en una momia a la que le habían robado el alma para toda la eternidad.