ENTREVISTA A RODRIGO ANTEZANA PATTON, ESCRITOR BOLIVIANO DE CIENCIA FICCION



Entrevista realizada por Ivan Prado Sejas

Rodrigo Antezana Patton es un escritor de la nueva camada de escritores bolivianos quienes rompen con los paradigmas tradicionales de la literatura boliviana. En este 2011, Rodrigo trae un estado de ánimo para continuar contribuyendo con la narrativa fantástica nacional  y nos hace referencia a un nuevo proyecto titulado: "Un sendero hacia el atardecer". Conozcamos a Rodrigo:

Ivan Prado (I.P.): Haznos una pequeña biografía de ti mismo: ¿Quién eres?, ¿qué has escrito o publicado hasta ahora en lo que es ciencia ficción, narrativa fantástica u otro género literario?

Rodrigo Antezana (R.A.): Bueno, mi nombre es Rodrigo Antezana Patton. Desde el 97’ que escribo en periódicos artículos sobre crítica de cine y cultura popular. El 2001 publiqué un libro de ciencia ficción titulado ‘El Viaje’. El 2005, junto a Emilio Martínez, publicamos un compendio de cuentos de estilo lovecraftiano con tintes bolivianos, el libro se tituló ‘Inmigraciones de Arkham’.

I.P.: ¿Cómo puedes resumir en pocas palabras tu obra primordial El Viaje?

R.A.: Mmm. Difícil. Digamos que la primera parte gira en torno a una sociedad que se ha construido sobre las ruinas de la civilización que la precedió. Es un grupo de gente dura y trabajadora, que ahora encuentra que hay algo nuevo allá afuera, algo que podría ser hostil. ¿Qué será? Diría que prefiero invitar a la gente a leer el libro más que a resumirlo. Es una aventura en un mundo postapocalíptico, les gustará.

I.P.: ¿Qué satisfacciones te ha traído esa obra?

R.A.: Muchas felicitaciones por parte de varios lectores. Diría que eso es lo principal. Fue un impulso para seguir adelante con el pasatiempo de escribir en este género.

I.P.: ¿En el momento, lees obras de ciencia ficción o narrativa fantástica? Coméntanos alguno de los últimos libros que hayan caído en tus manos.

R.A.: Diría que he leído mucha ciencia ficción, y podría recomendar muchos títulos. No sé, ‘Solaris’ de Stanislav Lem, o cualquier título de este autor. También a Ursula K. LeGuin, y sus dos obras icónicas: ‘Los desposeídos’ y ‘La mano izquierda de la oscuridad’, todo lo suyo es un placer para la lectura. No puede faltar ‘Duna’ de Frank Herbert, uno de mis libros favoritos. Obviamente, ahí no acaba la cosa. No creo que mis lecturas difieran mucho de una lista de los mejores libros del género. Lo que sí, debo reconocer que no he estado leyendo mucho de esto, últimamente. El más reciente libro de fantasía que estoy leyendo vendría a ser ‘Viaje hacia el oeste’, un clásico chino lleno de fantasía.

I.P.: ¿Han existido autores que han influido en tu obra literaria?

R.A.: Claro. Frank Herbert de ‘Duna’, es una obra que no puedo evitar mencionar. Isaac Asimov, seguro. Y Michael Crichton, cuyo Jurassic Park estaba de moda, allá por 1993. Todos, poco o mucho, influenciaron directamente en la escritura de mi libro ‘El Viaje’. De seguro que otros también hicieron lo suyo. Sucede que es difícil escribir si no se tiene un modelo. Una vez reconocido esto, claro, se puede explorar estilos propios.

I.P.: Respecto al desarrollo de la ciencia ficción en el mundo, hay críticos literarios que señalan que la ciencia ficción está en crisis y que está destinada a desaparecer; sin embargo, hay también críticos que señalan que la ciencia ficción se mantendrá a pesar de todo, y le auguran mayor desarrollo en el futuro. ¿En estas circunstancias, cómo ves tú el panorama de la ciencia ficción mundial?

R.A.: Lo veo más que saludable. Diría que la ciencia ficción va ganando fuerza, dado que sus temas, desde la preocupación por el futuro hasta la observación de un mundo dependiente de la tecnología, son cada vez más universales. Puede que la literatura de ciencia ficción se vuelva tan relevante que se convierta en la literatura en sí, dejando a un lado el epíteto. No sucederá de otra manera, no se debilita, gana fuerza. Si en Estados Unidos, Europa o Japón, hay una disminución del número de libros publicados que se adhieran al género, eso no es relevante. La calidad, el consumo, siguen siendo los elementos principales, y por todos lados, la ciencia ficción, sigue generando adeptos. Además, si bien tiene sus particularidades propias, la ciencia ficción es un subgénero de la fantasía, y esta ha estado junto a los seres humanos desde tiempos históricos, gozando de buena salud por seis mil años, y ahora dicen que van a cambiar las cosas, no lo creo.

I.P.: Se decía que en Bolivia no habían escritores de ciencia ficción y/o fantasía, y daba la impresión de que los escritores en ese género eran muy pocos, pero una investigación bibliográfica muestra que dicho género ha estado presente en la obra de varios autores reconocidos, que mínimamente han escrito cuentos: así mismo, en el presente, hay un número significativo de autores consagrados y noveles que están ahí produciendo obras de ciencia ficción y narrativa fantástica. ¿Cómo ves tú, el panorama de la ciencia ficción y la narrativa fantástica en Bolivia?

R.A.: Pues, si dicen que son pocos, es porque es verdad. A pesar de que muchos autores tienen una obra o cuentos que son parte del género diría que la mayoría se apega o pertenece a otros. Creo que lo mismo sucedería con un vistazo a la literatura nacional, donde los libros de estos géneros serían una clara minoría. No creo que deje de haber; pero, por el momento, la fuerza dominante en la literatura nacional es otra.

I.P.: En distintos foros y encuentros, he escuchado decir a varios críticos literarios y escritores, que los escritores bolivianos noveles, están rompiendo con las viejas tendencias, de los escritores del siglo pasado, para ya no incidir tanto en novelas o cuentos te tinte social e histórico, y señalan que este impulso es bueno para el desarrollo de la literatura nacional. ¿En esas circunstancias, cómo se podría aprovechar de ese estimulo para que los escritores bolivianos de ciencia ficción y narrativa fantástica puedan producir más obras y esto promueva un mayor desarrollo de la literatura fantástica nacional?

R.A.: Al respecto, no hay nada que se pueda hacer. Las obras y los autores tienen su propio ritmo. Lo que se debe buscar es que el lector boliviano, ahora menos conservador, esté dispuesto a prestarle más atención a estos géneros de literatura. Eso sí se podría hacer.

I.P.: Miguel Esquirol da a entender que en una buena parte de los escritores de ciencia ficción en Bolivia predomina el tema de los extraterrestres, y no necesariamente el tema tecnológico. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

R.A.: No creo que sea cuestión de opiniones, hay que ver los libros, los temas y hacer una simple comparación numérica entre uno y otro. Me declaro incompetente para zanjar el asunto. Lo que sí, en mis lecturas parciales, diría que no; pero eso no es un resultado.

I.P.: Después de la novela El Viaje, ¿Cuáles son tus planes para el futuro?

R.A.: ‘El viaje’ fue publicado el 2001, y era un libro que había terminado el 94 o 95. Desde entonces, hasta ahora, he venido trabajando intermitentemente en otra novela, titulada ‘Un sendero hacia el atardecer’, que saldrá a finales de este año.

I.P.: ¿Como escritor de ciencia ficción cómo ves el futuro del planeta? En este sentido, predomina más en ti la utopía o la distopía?

R.A.: No creo en mundos perfectos, ni en desastres totales. Diría que, en ‘El viaje’, la ciudad donde viven los sobrevivientes es tanto una distopía como una utopía. Un mundo ordenado lo mejor posible en medio de un desastre total. Eso no va a cambiar mucho. En nuestra realidad contemporánea coexisten Suiza y Haití, o Suecia y Bolivia. Y a pesar de lo muy atrasados que somos, de lo mal que estamos, Bolivia no es algo cercano a un infierno. Es más, en este terrible desastre de país se puede llegar a tener un buen nivel de vida.

Diría que el futuro, inevitablemente, será peor para muchos y mejor para otros. Si bien se viene un desastre financiero de muy padre y señor mío, eso es algo que era inevitable, y tener mucho menos dinero no es sinónimo de vivir peor. Creo que la humanidad va a aprender a marchas forzadas por los próximos diez años, si para entonces no hemos logrado resolver muchos de nuestros actuales problemas, pues, recién comenzaré a ser pesimista. Me doy una década de optimismo.

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