LA CHINKANA DEL TITICACA: Los túneles secretos del lago sagrado

 
Antonio Portugal Alvizuri, en la Chinkana del Titicaca, nos introduce a un mundo fantástico a través de un relato que cuenta una historia ocurrida en el Lago Sagrado. Una serie de hechos extraños suceden en la ciudad de La Paz y en la Isla del Sol; en ese trance es descubierto un túnel, pre-colombino que por sus características fue construido por una civilización avanzada. El hecho debía ser  divulgado, sin embargo, ciertas entidades lo impiden.

La Chinkana del Titicaca nos lleva a la comprensión de un multiverso que está ahí, pero que el común de los mortales no logra captar la existencia de múltiples dimensiones que esconden los misterios que los antiguos Incas pregonaban a los cuatro vientos. Asimismo, la Chinkana del Titicaca, es un hilo conductor que activa nuevamente los mitos y leyendas de los Incas y de los tihuanacotas. En su cuarto año, el libro está en la sexta edición, lo que demuestra el enorme interés generado en los lectores.

Historias Extraterrestres

Este es otro artículo en inglés sobre ciencia ficción boliviana publicado en The Portal. Pronto estaremos publicando la traducción:

No doubt UFOs seem to prefer the airspace above The United States, mainly regions far from urban centres where you can find only drunk and insomniac travellers. But even if it is assumed all alien ships have arrived there, we can not but notice that other countries also have reported alien encounters. In Bolivia it is not uncommon to illuminate the skies and the dark spaces of our history with stories of alien contacts. These stories may not reach the level of those of Spielberg films, but they are our own contact with the stars.
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OVNIS Y EXTRATERRESTRES EN LOS ANDES



Hugo Murillo Benich en su libro OVNIS Y EXTRATERRESTRES EN LOS ANDES, nos presenta cuatro cuentos que muestran su capacidad creativa en la literatura de la ciencia ficción y la narrativa fantástica. En el primer relato, LAS ESFERAS DEL CERRO SAN ESTEBAN, dos hermanos campesinos, estando abocados a sus faenas agrícolas, y habiéndose desviado hacia una caverna  tienen una experiencia insólita con objetos metálicos que flotan en el espacio  y despiden luces raras. Ambos entran en una dimensión ignota puesto que su entorno cambia bruscamente.  A partir de ese momento, su historia gira entre naves alienígenas, locura y abducción. En el segundo relato, EL TIO DE LA MINA YURAJ URPILA, aparece Luis, que interpenetra en la dimensión extraña que surge en el mundo de la mina, allá en la cordillera de los Andes. El personaje, habituado a las lides de peón, ahora juega un rol distinto, que le permite introducirse en los laberintos de la vida en la mina, con sus venturas y desventuras. En esas condiciones, la creencia en el mito es tal, que el “Tío”, el diablo de la  mina,  es un personaje vivo que se proyecta más allá de la estatua deificada.  La conciencia de Luis se altera. En el tercer relato, AVISTAMIENTO EN EL DESFILADERO DE LAS ANIMAS, Murillo nos muestra, como la conciencia frente a un hecho puede cambiar la percepción de las personas, no sólo por el fenómeno visto, sino también por el esquema perceptivo de cada sujeto.    Y finalmente en el cuarto relato, LOS BUSCADORES DE ORO, una familia compuesta por un buscador de oro, su esposa y su hija viven una realidad bizarra y surrealista, donde se entremezclan la aparición de una nave alienígena y la búsqueda infructuosa del metal precioso.
Hugo Murillo Benich en los relatos hace gala de una descripción prolija donde los personajes se enfrentan a situaciones inconcebibles para la mente común. En los cuentos narrados, la ciencia ficción y la narrativa fantástica se combinan en historias que oscilan entre la realidad y la irrealidad, explotando la  ficción y la fantasía en un entorno donde aparentemente predomina la cotidianidad.

REFERENCIAS
Murillo B. Hugo (1991). OVNIS Y EXTRATERRESTRES EN LOS ANDES. Oruro: Editora Lilial.

EL JOVEN QUE SUBlO AL CIELO


Cuento quechua, Tawantinsuyu

    Había una vez un matrimonio que tenía un solo hijo. El hombre sembró la más hermosa papa en una tierra que estaba lejos de la casa que habitaban. En esas tierras la papa crecía lozana. Sólo él poseía esa excelsa clase de semilla. Empero, todas las noches, los ladrones arrancaban las matas de este sembrado, y robaban los hermosos frutos. Entonces el padre y la madre llamaron a su joven hijo, y le dijeron:
   – No es posible que teniendo un hijo joven como tú, los ladrones se lleven todas nuestras papas. Anda a vigilar nuestro campo. Duerme junto a la chácara y ataja a los ladrones.

   El joven marchó a cuidar el sembrado y transcurrieron tres noches. La primera, el joven la pasó despierto, mirando las papas, sin dormir. Sólo al rayar la aurora le venció el sueño y se quedó dormido. Fue en ese instante que los ladrones entraron a la chácara y escarbaron las papas. En vista de su fracaso, el mozo tuvo que ir a la casa de sus padres a contarles lo sucedido. Al oir el relato sus padres le contestaron:
   – Por esta vez te perdonamos. Vuelve y vigila mejor.
Regresó el joven. Estuvo vigilando el sembrado con los ojos abiertos, hasta el amanecer. y justo, a la medianoche, pestañeó un instante. En ese instante los ladrones ingresaron al campo. Despertó el mozo y vigiló hasta la mañana. No vio ningún ladrón. Pero al amanecer tuvo que ir donde sus padres a darles cuenta del nuevo robo. Y les dijo:
   – A pesar de que estuve vigilante toda la noche, los ladrones me burlaron tan sólo en el instante en que a la media noche cerré los ojos.

   Al oír este relato, los padres le contestaron: – ¿Ajá? ¿Quién ha de creer que robaron cuando tú estabas mirando? Habrás ido a buscar mujeres, te habrás ido a divertir.
Diciendo esto lo apalearon y le insultaron largo rato. Así, muy aporreado, al día siguiente, lo enviaron nuevamente a la chacra.
   – Ahora comprenderás cómo queremos que vigiles – le dijeron.

   El joven volvió a la tarea. Desde el instante en que llegó a la orilla del sembrado él estuvo mirando el campo, inmóvil y atento. Esa noche la luna era brillante. Hasta la alborada estuvo contemplando los contornos del papal; así, mientras veía, le temblaron los ojos, y se adormiló unos instantes. En esa ráfaga de sueño que tuvo, mientras pestañeaba el mozo, una multitud de hermosísimas jóvenes, princesas y niñas blancas, poblaron el sembrado. Sus rostros eran como flores, sus cabelleras brillaban como el oro; eran mujeres vestidas de plata. Todas juntas, muy de prisa, se dedicaron a escarbar las papas. Tomando la apariencia de princesas, eran las estrellas que bajaron del altísimo cielo.

El joven despertó entonces, y al contemplar la chácara exclamó:
   – ¡Oh! ¿De qué maneta podría yo apoderarme de tan bellísimas niñas? ¿Y, cómo es posible que siendo tan hermosas –, radiantes puedan dedicarse a tan bajo menester.

Pero, mientras esto decía, su corazón casi estallaba de amor. Y pensó para sí:
  – ¿No podría, por ventura, reservar para mí siquiera una parejita de esas beldades?

   Y saltó a todo vuelo sobre las hermosas ladronas. Sólo en el último instante, y a duras penas, pudo apresar a una de ellas. Las demás se elevaron al cielo, como luces que se mueren.

   Y a la estrella que pudo apresar le dijo, enojado:
   – ¿Conque érais vosotras las que robábais los sembrados de mi padre? – diciéndole esto, la llevó a la choza. Y no le dijo más acerca del robo. Pero luego agregó:
– ¡Quédate conmigo; serás mi esposa!
La joven no aceptó. Estaba llena de temor; y rogó al muchacho:
   – ¡Suéltame, suéltame! ¡Ten piedad! Mira que mis hermanas avisarán a mis padres. Yo te devolveré todas las papas que te hemos robado. No me obligues a vivir en la tierra.

    El mozo no dio oídos a los ruegos de la hermosa niña. La retuvo en sus manos. Pero decidió no volver a la casa de sus padres. Se quedó con la estrella en la choza que había junto al sembrado.

    Entre tanto, los padres pensaban: "Le habrán vuelto a robar las papas a ese inútil; no puede haber otros motivos para que no se presente aquí".

   Y como tardaba, la madre decidió llevarle comida al campo, y averiguar de él. Desde la choza el muchacho y la niña atisbaban el camino. En cuanto vieron a la madre, la joven dijo al mozo:
   – De ninguna manera puedes mostrarme ni a tu padre ni a tu madre.
   Entonces el joven corrió a dar alcance a su madre, y le gritó desde lejos:
   – ¡No, mamá; no te acerques más! ¡Espérame atrás, atrás!
   Y recibiendo la comida en aquel lugar, tras la choza, llevó los alimentos a la princesa. La madre se volvió apenas hubo entregado el fiambre. Cuando llegó a la casa, contó a su esposo:
   – Así es como nuestro hijo ha aprisionado a una ladrona de papas que bajó de los cielos. Es así como la cuida en la choza. Y con ella dice que se casará. No permite que nadie se aproxime a su choza.
Entretanto el joven pretendía engañar a la doncella. Y le decía:
– Ahora que es noche, vamos a mi casa.
Pero la princesa insistía:
– De ninguna manera deben verme tus padres, ni puedo encontrarme con ellos.
Sin embargo el mozo la engañó diciéndole: – Otra es mi casa.

   Y durante la noche la llevó por el camino. De este modo, sin que ella quisiera, la hizo entrar al hogar de sus mayores y la mostró a sus padres. Los padres recibieron asombrados a esa criatura, de tal manera luminosa y bella que la palabra no es capaz de describirla. La cuidaron y criaron, teniéndola muy bien amada. Sin embargo, no la dejaban salir. Y nadie la conoció ni vio.
   Y ya hacía mucho tiempo que la princesa vivía con los padres del joven. Llegó a estar encinta y dio a luz. Mas la criatura murió, sin saberse por qué, misteriosamente.
   La ropa luminosa de la joven la guardaban encerrada. A ella la vestían de ropas comunes; y así la criaban.
   Cierto día, el joven fue a trabajar lejos de la casa; y mientras estaba fuera, la niña pudo salir, haciendo como que sólo iba por ahí cerca. Y se volvió a los cielos.
   El mozo llega a su casa. Pregunta por su mujer. No la encuentra. Y como ve que ella ha desaparecido, suelta el llanto.
   Cuentan que vagó por los montes, llorando con locura, sonámbulo, enajenado, caminando por todas partes. Y en una de las cimas solitarias adonde llegó se encontró con un Cóndor divino. Entonces el Cóndor le dijo:
   – Joven, ¿por qué causa lloras de esta suerte? Y el mozo le contó su vida.
   – He aquí, señor, que era mía la mujer más hermosa. Ahora no sé por qué caminos ha partido. Estoy extraviado. Temo que haya huido a los cielos de donde vino. Y cuando dijo esto, el Cóndor le respondió:
– No llores, joven. Es cierto; ella ha vuelto al alto cielo. Pero, si quisieras y es tanta tu desventura, yo te cargaré hasta ese mundo. Sólo te pido que me traigas dos llamas. Una para devorada aquí, la otra para el camino.
– Muy bien, señor – contestó el mozo –. Yo te traeré las dos llamas que me pides. Te ruego esperarme en este mismo sitio.
   E inmediatamente, se dirigió a su casa en busca de las llamas. Luego que llegó, dijo a sus padres:
   – Padre mío, madre mia: Voy en busca de mi esposa. He encontrado a quien puede llevarme hasta el lugar donde ella se encuentra: Sólo pide dos llamas, en pago de tan gran favor; y vaya llevárselas ahora mismo.
   Y cargó las dos llamas para el Cóndor. El Cóndor devoró inmediatamente una, hasta el hueso de los huesos, arrancándole las carnes con su propio pico. A la otra la, hizo, degollar con el joven, para comerIa en el camino. E hizo que el joven se echara la res degollada a las espaldas; luego le ordenó que subiera sobré una roca; cargó al joven,_y le hizo esta advertencia:
   – Has de cerrar y apretar los párpados; por ninguna causa abrirás los ojos. Y cada vez que yo te diga: "Carne", me pondrás en el pico un trozo de la llama.
Luego el Cóndor levantó el vuelo.
   El hombre obedeció y no abrió los ojos en ningún instante; tenía los párpados cerrados y duros: "¡Carne!", pedía el Mallku, y luego el mozo cortaba grandes trozos de llama y le metía en el pico. Pero en lo más rudo del viaje, se acabó el fiambre. Antes de alzar el vuelo, el Cóndor había advertido al joven: "Si cuando diga ¡Carne! no me pones carne en el pico, donde quiera que estemos, te soltaré". Ante ese temor el mozo empezó a cortarse trozos de su pantorrilla. Cada vez que el Cóndor pedía carne, le servía pequeñas raciones de su propia carne. Así, a costa de su sangre, consiguió que el Cóndor le hiciera llegar hasta el cielo. Y se cuenta que tardaron un año en elevarse a tan gran altura.
   Cuando llegaron, el Cóndor descansó un rato; luego volvió a cargar al joven y voló hasta la orilla de un mar lejano. Allí le dijo al mozo: – Ahora, mi querido, báñate en este mar.
El joven se bañó en seguida. Y también el Cóndor se bañó.
   Ambos habían llegado al cielo sucios, negros de barba; viejos. Pero cuando salieron del baño estaban hermosamente rejuvenecidos. Entonces le dijo el Cóndor:
   – En la otra orilla de este lago, frente a nosotros, hay un gran santuario. Allí se ha de celebrar una ceremonia. Anda, y espera en la puerta de ese hermoso templo. A la ceremonia han de asistir las jóvenes del cielo; son una multitud, y todas tienen el mismo rostro que tu esposa. Cuando ellas estén desfilando junto a ti, no has de dirigirle la palabra a ninguna. Porque la que es tuya vendrá la última, y te dará un empujón. Entonces la asirás y por ningún motivo la soltarás.
   El joven obedeció al Cóndor. Llegó a la puerta del gran recinto, y esperó de pie. Y llegaron una infinidad de jóvenes de idéntico rostro. Entraban, entraban; una tras de otra. Todas miraban impasibles al hombre. El no podía reconocer entre tantas a la que era su mujer. Y cuando estaban ingresando las últimas, de pronto, una de ellas, le dio un empujón con el brazo; y también entró al gran templo.
   Era el resplandeciente templo del Sol y de la Luna. El Sol y la Luna, padre y madre de todas las estrellas y de todos los luceros. Allí, en ese templo, se reunían los seres celestiales; allí venían los luceros para adorar al Sol, día a día. Cantaban melodiosamente para el Sol; cual jóvenes blancas, las estrellas; como innumerables princesas, los luceros.
   Cuando terminó la ceremonia, las jóvenes empezaron a salir. El mozo seguía esperando en la puerta. Ellas volvieron a mirarle con igual indiferencia que antes. Y nuevamente le
era imposible distinguir entre todas a la que era su esposa. Y como en la primera vez, de pronto, una de las princesas le dio un empujón con el brazo, y luego pretendió huir; pero él entonces la pudo aprisionar. Y no la soltó.
Ella lo guió a su casa, diciéndole:
   – ¿A qué has venido hasta aquí? Yo iba a volver donde ti, de todos modos.
   Cuando llegaron a la casa, el mozo tenía el cuerpo frío a causa del hambre. Viéndolo así, ella le dijo:
– Toma este poco de quinua y cocínalo. Le dio una cuchara escasa de quinua. Entre tanto el joven lo observaba todo, y vio de qué lugar ella sacaba la quinua. Y cuando vio los pocos granos de quinua que tenía en las manos, dijo para sí: "¡La miseria que me ha dado! ¿Cómo es posible que esto aplaque mi hambre de todo un año?" y la joven le dijo:
   – Es necesario que vaya un instante donde mis padres. No debes mostrarte ante ellos. Mientras vuelvo, haz una sopa con la quinua que te he dado.
   Apenas salió ella, el joven se puso de pie, se dirigió al depósito y trajo una buena porción de quinua y la echó en la olla. De pronto, la sopa rebosó, hirviente, y se desbordó a chorros. El comió todo lo que pudo, se hartó hasta donde ya no era posible más, y enterró el resto. Pero aun de debajo de la tierra la quinua empezó a brotar. Y cuando estaba en ese trance, volvió la princesa, y le dijo:
   – ¡No es de esta manera como se debe comer nuestra quinua! ¿Por qué aumentaste la porción que te dejé?
   Y se dedicó a ayudar al mozo a esconder la quinua rebasada para que los padres de ella no lo descubrieran. Entre tanto le advirtió:
   – No deben verte mis padres. Sólo puedo tenerte escondido.
   Y así fue. El vivía escondido; y la hermosa estrella le llevaba alimentos hasta su refugio.
   Durante un año vivió de esta suerte el mozo con su esposa. Y apenas cumplido el año, ella se olvidó de llevarle alimentos. Un día salió, diciéndole: "Ha llegado la hora en que debes irte"; y no volvió a aparecer más en la casa. Lo abandonó.
   Entonces con el rostro lleno de lágrimas, el joven se dirigió nuevamente a la orilla del mar del cielo. Cuando llegó allí, vio que desde la lejanía surgía el Cóndor. El joven corrió para darIe alcance. El Cóndor voló hasta posarse junto a él; y así observó que el Mallku divino había envejecido. El Cóndor a su vez vio que el mozo estaba avejentado y marchito. Cuando se encontraron, ambos gritaron al mismo tiempo:
– ¿Qué ha sido de ti?
   El joven volvió a contarIe su vida, y se quejó:
   – Así, Señor, de este modo triste, mi mujer me ha abandonado. Se ha ido para siempre.
El Cóndor lamentó la suerte del mozo.
   – ¿Cómo es posible que haya procedido de este modo? ¡Pobre amigo! – le dijo. Y acercándose más, le acarició con sus alas, dulcemente.
   Como en el primer encuentro le rogó el joven:
   – Señor, préstame tus alas. Vuélveme a la tierra, a la casa de mis padres.
y el Cóndor le respondió:
   – Bien. Te llevaré. Pero antes nos bañaremos en este mar.
Y ambos se bañaron; y rejuvenecieron.
y en saliendo del agua, el Cóndor le dijo: – Tendrás que volverme a dar 'dos llamas
por mí trabajo de cargarte nuevamente.
   – Señor, cuando esté en mi casa te entregaré las dos llamas.
   El Cóndor aceptó; se echó al joven sobre sus alas y emprendió el vuelo. Durante un año estuvieron volando hacia la tierra. Y cuando llegaron, el mozo cumplió, y entregó al Cóndor dos llamas.
   El mozo entró a su casa y encontró a sus padres muy viejos, muy viejos, cubiertos de lágrimas y de pena. El Cóndor dijo a los ancianos:
   – He aquí que os devuelvo a vuestro hijo, sano y salvo. Ahora debeis criarIo cariñosamente.
El joven dijo a sus padres:
   – Padre mío, madre mía: ahora ya no es posible que pueda amar a ninguna otra mujer. Ya no es posible encontrar una mujer como la que fue mía. Así, solo, viviré, hasta que venga la muerte.
y los ancianos le contestaron:
   – Está bien. Como tú quieras, hijo mío, solo, te criaremos, si no es tu voluntad tomar otra esposa.
   Y de este modo vivió, con una gran agonía en el corazón.
   He aquí este corazón que amó tanto a una mujer. He vagado sufriendo todos los dolores. Y he de entregarme ahora al llanto.


REFERENCIAS
- Texto en quechua recogido por Jorge A. Lira; Traducido por José María Arguedas en
Canciones y Cuentos del pueblo quechua. 1949. 

- Lara Jesús (1973). Mitos, Leyendas y Cuentos de los Quechuas. Cochabamba: Editorial Los Amigos del Libro.

HUGO MURILLO BENICH


Pionero, escritor de Ciencia Ficción y Narrativa Fantástica, nació en Oruro. Él es Ingeniero, artista plástico, poeta y escritor.


ACTIVIDAD DOCENTE:

Catedrático de Matemáticas en la Universidad Mayor de San Andrés. La Paz. Catedrático de Matemáticas en la Universidad Técnica de Oruro.

ACTIVIDAD PICTÓRICA:

Exposiciones individuales y colectivas.

Publicación de historietas en el periódico Le Soir de Bélgica. Publicación de ilustraciones en el periódico L' Aurore de Francia.

Elaboración de historietas para Features Service ofthe Press Association LTD. de Londres. Exposición individual de Pintura Surrealista en el Congreso Nacional del Brasil, Galería del Senado, Brasilia.

OBRAS LITERARIAS PUBLICADAS:

PARAÍSO, OVNI S y EXTRA TERRESTRES EN LOS ANDES, EL IMPERIO DE W ALLALLU, EL SUPRAESPACIO, CÁNTICOS IMPÍOS, y otras.

Coautor de PERFECCIONA TU INGLÉS-PARTÍCULAS EN ACCIÓN (EEUU).

OBRAS PREMIADAS:

PARAÍSO, Primer Premio del XVIII Concurso Municipal de Literatura "Franz Tamayo" en el género de cuentos.

Premio por la caricatura ¿RACISMO? ¡NO! otorgado por Exile Kulturkoordination de Duisburg, Alemania.

EL IMPERIO DE W ALLALLU, Premio Único en el Concurso Nacional de Cuento del periódico Presencia.

CANTO A AMÉRICA, Segundo Premio en los Juegos Florales Nacionales de Sucre.

EL SUPRAESPACIO, Premio Único en la categoría Cuento de Ciencia Ficción del periódico Presencia.

CANTICOS IMPÍOS, Premio Único en Poesía del Premio Municipal de Literatura de Santa Cruz de la Sierra.

¿QUIEN VA A MATARME? Mención de Honor en Novela del Premio Municipal del Literatura de Santa Cruz de la Sierra.
LOT Y SUS HIJAS, Segundo Premio, Medalla de Plata en la I Exposición de Pintores amigos de Brasilia.

CUADROS EN EXHIBICION
http://www.surrealismnow.com/
http://www.artoimagination.org/


Email: murillobenich@yahoo.com

Terra Incognita:Una breve historia de la ciencia ficción Mexicana

Es en inglés pero el artículo vale la pena. Intentaremos conseguirlo en Español. La autora es Silvia Moreno-Garcia y nos hace dar un breve viaje por la literatura de ciencia ficción de México.

At the beginning of the 1980s, Mexican science fiction was facing a death spiral. Then, suddenly, something odd happened: a whole new generation of writers started producing original, unique tales that were not knockoffs of American or British writers. Mexican science fiction was about to hit a stride.
What was the big push behind this science fiction boom? A contest organized by the CONACYT and the State Council of Science and Technology of Puebla, with the winning short stories earning publication in the non-fiction scientific publication Ciencia y Desarrollo. It was not the first time Ciencia y Desarrollo had featured science fiction in its pages. It had included stories by foreign authors, and in 1983 printed its first Mexican science fiction story titled "La tia panchita."
Nevertheless, the National Contest of Short Science Fiction Puebla and its partnership with Ciencia y Desarrollo ensured that much more national fiction made it into each number. The winner of the first contest was Mauricio-José Schwarz in 1984. Schwarz, along with other writers such as Federico Schaffler—who also headed the speculative magazine Umbrales: literatura fantástica de México (1992-2000) epitomized the new Mexican science fiction movement: young, eager, and bold in its languages and structure.
These awards and new wave of writers seemed to indicate Mexican science fiction was coming into its own. However, after riding high for twenty years, this wave of confidence crashed again in the 2000s. But where did Mexican science fiction originate? Who were the precursors that helped launch the '80s boom? And how exactly did we go from bust to boom to another bust in the 2000s?
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